Precio y stock a confirmar
Ed. Espasa Calpe, año 1943. Tamaño 18,5 x 11,5 cm. Estado: Usado muy bueno. Cantidad de páginas: 240

santa-teresa-de-jesus-su-vida-por-ella-misma310INDICE
Carta de Fray Luis de León a las madres priora Ana de Jesús y Religiosas carmelitas descalzas del Monasterio de Madrid
LA VIDA DE LA SANTA MADRE TERESA DE JESÚS, ESCRITA POR ELLA MISMA
Dedicatoria a su confesor
I— En que trata cómo comenzó el Señor a despertar esta alma en su niñez a cosas virtuosas, y la ayuda que es para esto serlo los padres
II— Trata cómo fue perdiendo estas virtudes, y lo que importa en la niñez tratar con personas virtuosas
III— En que trata cómo fue parte la buena compañía para tornar a despertar sus deseos y por qué manera comenzó el Señor a darle alguna luz del engaño que había traído
IV— Dice cómo la ayudó el Señor para forzarse a sí mesma para tomar hábito, y las muchas enfermedades que su Majestad la comenzó a dar
V— Prosigue en las grandes enfermedades que tuvo, y la paciencia que el Señor le dió en ellas, y cómo saca de los males bienes, según se verá en una cosa, que le acaeció en este lugar que se fue a curar
VI— Trata de lo mucho que debió al Señor en darle conformidad con tan grandes trabajos; y cómo tomó por medianero y abogado al glorioso san Josef, y lo mucho que le aprovechó
VII— Trata por los términos que fue perdiendo las mercedes, que el Señor le había hecho, y cuán perdida vida comenzó a tener: dice los daños que hay en no ser muy encerrados los monasterios de monjas
VIII— Trata del gran bien que le hizo, no se apartar del todo de la oración, para no perder el alma; y cuán ecelente remedio es para ganar lo perdido. Persuade a que todos la tengan. Dice cómo es tan gran ganancia, y que aunque la tornen a dejar, es gran bien usar algún tiempo de tan gran bien
IX— Trata por qué término comenzó el Señor a despertar su alma y darle luz en tan grandes tinieblas, y a fortalecer sus virtudes para no ofenderle
X— Comienza a declarar las mercedes que el Señor la hacía en la oración y en lo que nos podemos nosotros ayudar, y lo mucho que importa que entendamos las mercedes que el Señor nos hace. Pide a quien esto envía, que de aqui adelante sea secreto lo que escribiere, pues la mandan diga tan particularmente las mercedes que la hace el Señor
XI— Dice en qué está la falta de no amar a Dios con perfeción en breve tiempo; comienza a declarar, por una comparación que pone, cuatro grados de oración: va tratando aquí del primero: es muy provechoso para los que comienzan, y para los que no tienen gustos en la oración
XII— Prosigue en este primer estado; dice hasta dónde podemos llegar con el favor de Dios por nosotros mesmos, y el daño que es querer, hasta que el Señor haga subir el espíritu a cosas sobrenaturales y extraordinarias
XIII— Prosigue en este primer estado y pone avisos para algunas tentaciones que el demonio suele poner algunas veces, y da avisos para ellas; es muy provechoso
XIV— Comienza a declarar el sigundo grado de oración, que es ya dar el Señor a el alma a sentir gustos más particulares: decláralo para dar a entender cómo son ya sobrenaturales. Es harto de notar
XV— Prosigue en la mesma materia, y da algunos avisos de cómo se han de haber en esta oración de quietud. Trata de cómo hay muchas almas que llegan a tener esta oración, y pocas que pasen adelante. Son muy necesarias y provechosas las cosas que aquí se tocan
XVI— Trata del tercer grado de oración, y va declarando cosas muy sabidas, y lo que puede el alma que llega aquí, y los efetos que hacen esas mercedes tan grandes del Señor. Es muy para levantar el espíritu en alabanzas de Dios, y para gran consuelo de quien llegare aquí
XVII— Prosigue en la mesma materia de declarar este tercer grado de oración; acaba de declarar los efetos que hace; dice el impedimento que aquí hace la imaginación y memoria
XVIII— En que trata del cuarto grado de oración; comienza a declarar por ecelente manera la gran dinidad que el Señor pone a el alma que está en este estado, es para animar mucho a los que tratan oración, para que se esfuercen de llegar a tan alto estado, pues se puede alcanzar en la tierra; aunque no por merecerlo, sino por la bondad del Señor. Léase con advertencia; porque se declara por muy delicado modo, y tiene cosas mucho de notar
XIX— Prosigue en la mesma materia, comienza a declarar los efetos que hace en el alma este grado de oración. Persuade mucho a que no tornen atrás, aunque después de esta merced tornen a caer, ni dejen la oración. Dice los daños que vernán de no hacer esto; es mucho de notar, y de gran consolación para los flacos y pecadores
XX— En que trata la diferencia que hay de unión a arrobamiento; declara qué cosa es arrobamiento, y dice algo del bien que tiene el alma, que el Señor por su bondad llega a él: dice los efetos que hace
XXI— Prosigue y acaba este postrer grado de oración; dice lo que siente el alma que está en él de tornar a vivir en el mundo, y de la luz que da el Señor de loa engaños de él: tiene buena dotrina
XXII— En que trata cuán siguro camino es para los contemplativos no levantar el espíritu a cosas altas, si el Señor no le levanta; y cómo ha de ser el medio para la más subida contemplación la humanidad de Cristo. Dice de un engaño en que ella estuvo un tiempo. Es, muy provechoso este capítulo
XXIII— En que torna a tratar del discurso de su vida, y cómo comenzó a tratar de más perfeción, y por qué medios; es provechoso para las personas, que tratan de gobernar almas que tienen oración, saber cómo se han de haber en los principios, y el provecho que le hizo saberla llevar
XXIV— Prosigue lo comenzado, y dice cómo fué aprovechándose su alma, después que comenzó a obedecer, y lo poco que le aprovechaba el resistir las mercedes de Dios, y cómo su Majestad se las iba dando más cumplidas
XXV— En que trata del modo y manera cómo se entienden estas hablas, que hace Dios al alma sin oírse, y de algunos engaños, que puede haber en ello; y en qué se conocerá cuando lo es. Es de mucho provecho para quien se viere en este grado de oración, porque se declara muy bien, y de harta doctrina
XXVI— Prosigue en la mesma materia, va declarando y diciendo cosas que le han acaecido, que le hacían perder el temor, y afirmar que era buen espíritu el que la hablaba
XXVII— En que trata otro modo, con que enseña el Señor al alma y sin hablarla, la da a entender su voluntad por una manera admirable. Trata también de declarar una visión y gran merced, que le hizo el Señor, no imaginaria. Es mucho de notar este capítulo
XXVIII— En que trata las grandes mercedes que la hizo el Señor, y cómo le apareció la primera vez: declara que es visión imaginaria: dice los grandes efetos y seña’es que deja cuando es de Dios. Es muy provechoso capítulo, y mucho de notar
XXIX— Prosigue en lo comenzado, y dice algunas mercedes grandes que la hizo el Señor, y las cosas que su Majestad la decía para asigurarla, y para que respondiese a los que la contradecían
XXX— Torna a contar el de su vida, y cómo remedió el Señor muchos de sus trabajos con traer a el lugar donde estaba el santo varón fray Pedro de Alcántara, de la orden del glorioso San Francisco. Trata de grandes tentaciones y trabajos interiores, que pasaba algunas veces
XXXI— Trata de algunas tentaciones esteriores, y representaciones que la hacía el demonio, y tormentos que la daba. Trata también algunas cosas harto buenas, para aviso de personas, que van camino de perfeción
XXXII— En que trata cómo quiso el Señor ponerla en espíritu en un lugar del infierno, que tenía por su» pe-
cados merecido. Cuenta una cifra de lo que allí se le presentó, para lo que fué. Comienza á tratar la manera y modo cómo se fundó el monesterio, adonde ahora está, de San José
XXXIII— Procede en la misma materia de la fundación del glorioso san Josef. Dice cómo le mandaron que no entendiese en ella, y el tiempo que lo dejó, y algunos trabajos que tuyo, y cómo la consolaba en ellos el Señor
XXXIV— Trata cómo en este tiempo convino que se ausentase de este lugar: dice la causa, y cómo la mandó ir su perlado para consuelo de una señora muy principal, que estaba muy afligida. Comienza a tratar lo que allá le sucedió, y la gran merced que el Señor la hizo de ser medio, para que su Majestad despertase a una persona muy principal para servirle muy de veras, y que ella tuviese favor y amparo después en Él. Es mucho de notar
XXXV— Prosigue en la mesma materia de la fundación de esta casa de nuestro glorioso padre san Josef. Dice por los términos que ordenó el Señor viniese a guardarse en ella la santa pobreza; y la causa por qué se vino de con aquella señora que estaba, y otras algunas cosas que le sucedieron
XXXVI— Prosigue en la materia comenzada, y dice cómo se acabó de concluir, y se fundó este monasterio del glorioso san Josef, y las grandes contradiciones y persecuciones, que, después de tomar hábito las religiosas, hubo, y los grandes trabajos y tentaciones que ella pasó, y cómo de todo la sacó el Señor con Vitoria, y en gloria y alabanza suya
XXXVII— Trata de los efetos que le quedaban cuando el señor le había hecho alguna merced: junta con esto harto buena doctrina. Dice cómo se ha de procurar, y tener en mucho ganar algún grado más de gloria, y que por ningún trabajo dejemos bienes que son perpetuos
XXXVIII— En que trata de algunas grandes mer¬cedes que el Señor la hizo, ansí en mostrarle algunos secre¬tos del cielo, como otras grandes visiones y revelaciones, que su Majestad’ tuvo por bien viese: dice los efetos con que la dejaban, y el gran aprovechamiento que quedaba en su alma
XXXIX— Prosigue en la mesma materia de decir las grandes mercedes, que le ha hecho el Señor: trata de cómo le prometió de hacer por las personas que ella le pidiese. Dice algunas cosas señaladas, en que la ha hecho su Majestad este favor
XL— Prosigue en la mesma materia de decir las grandes mercedes, que el Señor le ha hecho. De algunas se puede tomar harto buena doctrina, que este ha sido, según ha dicho, su principal intento después de obedecer, poner las que son para provecho de las almas. Con este, capítulo se acaba el discurso de su vida, que escribió. Sea para gloria de el Señor: amén