Ed. La Máscara, año 1992. Tapa dura con sobrecubierta. Tamaño 29 x 23 cm. Incluye 120 ilustraciones a color. Usado excelente, 126 págs. Precio y stock a confirmar.

El estudio de la religión celta se ve obstaculizado, quizás en mayor grado que ningún otro aspecto de la cultura celta, por la falta de documentación escrita y las dificultades a la hora de interpretar las pruebas arqueológicas. A estos problemas se suma el carácter secreto de muchos de los cultos celtas, debido en parte al gran respeto político que imponían los sacerdotes celtas y al elitismo que practicaban.

Por lo tanto sólo podemos remitirnos a las escasas observaciones de los autores no celtas de la antigüedad, que consideraban a los celtas como bárbaros primitivos, y esto se deja notar en sus escritos. El autor griego Diodoro de Sicilia, en su «Historia Mítica» escrita en el siglo I a. J.C., hace referencia (Libro V,31) a la elevada posición social y alto nivel de cultura de los druidas celtas: «Estos hombres que nosotros llamamos filósofos o teólogos gozan del reconocimiento de su gente que les llama «druidas»… y un sacrificio no se puede realizar si no hay un druida presente… porque sólo ellos hablan el lenguaje de los dioses».

Este control de los druidas sobre todos los asuntos religiosos explica su posible influencia en decisiones políticas ya que, en mitología y con un funcionamiento parecido al del oráculo griego, recibían las consultas de reyes o jefes de clanes. Julio César nos dice en » La Guerra de las Galias» (libro VI, 15-18) que el sistema druidico instaurado en Gran Bretaña fue exportado a la Galia. También hace referencia a la gran autoridad que tenían en la sociedad celta, no sólo en materia religiosa sino también en asuntos legales y educativos.

Los aprendices de druida tenían que «memorizar infinidad de oraciones, a veces tardaban hasta veinte años, y no podían poner sus enseñanzas por escrito, pues esto se consideraba sacrilegio». Así pues la religión celta era intencionadamente misteriosa y exclusiva. Diodoro también recuerda la importancia de los profetas en la religión celta: «Estos hombres predicen el futuro observando el vuelo de las aves y ofreciendo animales sagrados en sacrificio. Todos los estratos sociales están en su poder….Para ocasiones especialmente importantes preparaban sacrificios humanos, clavaban un puñal en el pecho de la víctima y observaban las convulsiones de sus miembros cuando caía y la sangre derramada para poder predecir el futuro».

Las observaciones que hicieron los escritores griegos y romanos sobre la práctica celta de sacrificios humanos han sido confirmadas por recientes descubrimientos arqueológicos. En las excavaciones que se llevaron a cabo en la década de los 80 se descubrieron fosas llenas de huesos humanos con fémures dispuestos intencionadamente formando ángulo recto. Julio César mandó derribar este santuario durante la conquista de la Galia. Además el cuerpo del «hombre de Lindow» encontrado en la turbera de Cheshire (ahora se encuentra en el Museo Británico de Londres) pudo haber sido la víctima de un sacrificio druídico. Conocemos el nombre de las divinidades celtas gracias a las referencias en mitos posteriores y a las inscripciones del período romano en la Galia y Gran Bretaña.

Sin embargo la naturaleza y «biografía» mítica de estas deidades resulta enigmática, sobre todo si la comparamos con la información que ha llegado hasta nosotros de historias divinas de otras culturas antiguas. Esto se debe a varias razones. Por una parte los artistas raramente realizaban imágenes antropomórficas (humanas), por lo menos antes de que cayeran bajo la influencia griega durante el período de «La Tene» (entre los siglos III a.J.C. y I d.J.C.), por lo tanto las escasas representaciones que existen de las divinidades celtas están hechas por artistas formados en la escuela grecorromana y no nos ayudan a conocer la percepción que originalmente tenían los celtas de sus dioses.

Por otra parte, los escritores cristianos omitían o adaptaban cualquier elemento manifiestamente pagano y por lo tanto resulta difícil extraer información de la literatura celta sobre el ritual religioso pagano. De cualquier manera, algunos estudiosos han apuntado que la estructura subyacente a muchos de los mitos refleja su significado original en los rituales religiosos druídicos, y los textos contienen numerosos e importantes detalles paganos.

Los dioses y diosas celtas representaban las fuerzas de la Naturaleza y, según los escritores clásicos, sus altares se situaban en bosques apartados. Muchos de estos lugares sagrados han desaparecido y nuestro conocimiento sobre las actividades rituales se limita, casi enteramente, a los santuarios monumentales del período romano. Aunque carecemos de toda prueba, se cree que los rituales religiosos tuvieron lugar probablemente en monumentos pre-célticos como círculos de rocas. El año religioso celta se basaba en el paso de las estaciones y los cambios en la Naturaleza provocados por la luna y el sol; de acuerdo con esta idea se establecieron determinados «focos» de culto. Los druidas irlandeses se reunían en Visnech, el «ombligo» de Irlanda, mientras que otro de los centros importantes de reunión para los druidas del sur de Inglaterra fue seguramente Stonehenge.

Indice:
Introducción.
I. La saga de CuChulainn. Arte celta.
II. La historia de Deirdre de los Pesares.
III. El destino de los hijos de Llyr.
IV. La tradición oral celta.
V. Pwyll, Príncipe de Dyfed. Restos arqueológicos celtas.
VI. La historia de Branwen, hija de Llyr. Las leyendas artúricas.
VII. Culhwch y Olwen. La religión celta.
VIII. Tristán e Iseo.
IX. Canciones y cuentos populares del mundo celta.