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Ed. Sudamericana, año 2001. Tamaño 23 x 16 cm. Estado: Usado muy bueno. Cantidad de páginas: 638

El dictadorLa dictadura iniciada en marzo de 1976 levantó una muralla de silencio sobre por qué, cómo y para qué unos argentinos asaltaron el poder y, para consolidarlo y mantenerlo, debieron matar con una crueldad desconocida, excepcional por sus métodos y su magnitud, a otros argentinos.

A ese silencio, le correspondió la ocultación sistemática de la personalidad y de las motivaciones de su principal jefe, Jorge Rafael Videla. Si bien muchos años más tarde, cuando se juzgaron sus actos, los argentinos conocieron su obra, hubo un silencio ferroso, sin hendiduras, que dejó en un cono de sombra su historia privada y la parte más secreta de su historia pública, como si con un mutismo tenaz se buscara, finalmente, ir por el último botín de aquella guerra sucia que primero se cobró la vida de miles de personas y más tarde pretendió cobrarse la cabeza del conjunto de la sociedad, es decir, su posibilidad de tener una conciencia plena de lo ocurrido. La ignorancia tejida sobre quién fue y aún —en los albores del siglo XXI— es Videla tanto para los argentinos como para el resto del mundo significaba para nosotros una prolongación inequívoca de aquella dominación dictatorial.

Nominar el silencio implicaba, a contrapelo, develar muchos de los enigmas que atraviesan hasta el presente a la Argentina. En noviembre de 1996, se inició, por ese motivo, el camino de este libro. El régimen videlista había hecho desaparecer junto a miles de argentinos también las pruebas documentales para eludir la responsabilidad de sus delitos. La copiosa y dispersa documentación judicial existente, aportada sobre todo por las víctimas de la dictadura (algunos de cuyos testimonios, que formaron sólo una parte de la acusación a Videla, se reproducen en esta obra), así como la docena de libros escritos hasta la fecha del comienzo de nuestra investigación, contribuyeron a dar un conocimiento detallado del aspecto más dramático y esencial del régimen videlista: la represión ilegal y sus consecuencias tanto en el terreno humano, como político, social y económico.

Sin embargo, eran pocas las referencias al papel protagónico que le cupo a Videla en cada una de las decisiones que tomó y que fueron guardadas como un secreto de Estado, no sólo en sus aspectos militares sino también en la oscura trama de negocios que marcaron su régimen. Es más, en general las referencias a Videla lo describían como un débil de carácter, un pusilánime pulcro y aplicado, un probo temeroso de Dios, que llegó a ser el más feroz dictador del siglo XX y que más tiempo permaneció en el poder sólo por razones circunstanciales. Las versiones sobre la personalidad y el papel de Videla tenían, inexorablemente, esa dirección.

Esas imágenes no sólo reforzaban el círculo de silencio construido a su alrededor: tendían a exculparlo de haber ordenado crímenes atroces. Videla aparecía corno un «general profesional», «un moderado», «una paloma entre halcones», que había tenido la desgracia de tener que ordenar una matanza sin ley. La primera pregunta que nos hicimos, entonces, fue: ¿Es posible que la mayor tragedia de la historia argentina —tal corno definió la Justicia y como entendió la sociedad— haya sido producto de las circunstancias y liderada por un hombre considerado a todas luces insignificante? A poco de andar, supimos que esta pregunta se tornaba como una de las cuestiones centrales a dilucidar para acercarse a una interpretación más certera de lo ocurrido. Videla supo desde muy temprano que este libro biográfico se estaba realizando.

El avance de la investigación —que nos condujo a sus amigos y enemigos, a causas judiciales, a colegios, a diplomáticos, a religiosos, a funcionarios, a empresarios, a víctimas y beneficiarios de la dictadura— se llevó a cabo inicialmente sobre la base de más de cien testimonios y miles de papeles oficiales y secretos que se consiguieron revolviendo en la memoria robusta de otros Estados —aunque muchas veces reticentes y nunca libres de complicidades con los regímenes represivos del Cono Sur—, en los registros de la diplomacia estadounidense, española, francesa y suiza.

También indagamos en la memoria flaca del Estado argentino que, con su hábito de no cuidar la información pública —o permitir el saqueo privado de los archivos por parte de los funcionarios—, suele contribuir a borrar las pistas de la historia nacional con una desidia sólo igualable a la intención de impunidad. Sería acertado decir que, en lo que respecta a la Argentina, la información secreta es aún superior a la pública. A fines de mayo del 98, y luego de casi dos años de investigación, comenzó a destrabarse la dificultad para entrevistar a Videla.

En una conversación telefónica con su hija Cristina Videla de Adaro, radicada en San Luis, nuestro colaborador Guido Braslavsky le pidió que intercediera ante su padre. Ante la certeza de que este libro era inevitable, Videla aceptó dar su versión sobre su vida y su régimen, cosa que no pudo realizarse inmediatamente porque fue detenido por el juez Roberto Marquevich, acusado por el robo de hijos de desaparecidos.

Finalmente, la primera entrevista con Videla se realizó el 11 de agosto de 1998 a las 17.30 en punto. Recibió como preso domiciliario y en pijamas a Braslavsky. La segunda entrevista ocurrió el 25 de agosto de 1998 y la tercera entrevista, el 22 de marzo de 1999. En total, Videla aceptó hablar durante diez horas aunque su comportamiento fue ambiguo: deseaba hablar y deseaba callar. Tuvo una prevención inicial: no quiero que después aparezca Videla, dos puntos, comillas…En este libro hemos decidido respetar su pedido. Sus palabras textuales estarán, para el lector, en cursivas y sin comillas.

Videla aceptó las entrevistas porque el silencio que se impuso es también insoportable para su profundo y escondido deseo de seguir modelando la Historia. Pero entre todas las mascaras que presentó a lo largo de esta investigación —que duró cuatro años— nos queda la convicción de que hay humanos grises que trascienden sólo si desaparecen otros humanos. El Videla que aquí les contaremos eligió romper su grisura esencial con un acto excepcional: trascender por una matanza. El Videla que aquí les contaremos es una certeza y al mismo tiempo un enigma: las sociedades hablan de sí mismas tanto por sus héroes como por sus villanos. Tanto por lo que se atreven a decir como por lo que niegan.

Indice:
Prólogo.
1. Inquisiciones.
2. El golpe.
3. El nombre de los muertos.
4. Dios, familia y Ejército.
5. General de la noche.
6. Los negocios y las guerras.
7. Crimen y castigo.
8. El reo.
Epílogo: 25 años después.
Anexos: Bibliografía. Testimonios. Archivos y fuentes documentales. Anexo informativo. Anexo documental.