Ed. Rodolfo Alonso, año 1968. Tamaño 18 x 12,5 cm. Traducción de Alcira González Malleville. Introducción de Gilles Deleuze. Usado excelente, 158 págs. Precio y stock a confirmar.

Los principales informes sobre la vida de Sacher-Masoch vienen de su secretario, Schlichtegroll, y de su primera mujer que tomó el nombre de la heroína de la Venus de las pieles, Wanda (Wanda von Sacher-Masoch, Confession de ma vie, traducción francesa de Mercure de France). El libro de Wanda es muy bello. Fue juzgado severamente por los biógrafos ulteriores, que, sin embargo, se contentaban a menudo con plagiarlo. Es que Wanda presenta de ella misma una imagen demasiado inocente. Se la quería sádica, habiendo sido Masoch masoquista. Pero así el problema quizá no está bien planteado.

Leopold von Sacher-Masoch nació en 1835, en Lemberg, en Galitzia. Sus antepasados son eslavos, españoles y bohemios. Sus abuelos, funcionarios del imperio austro-húngaro. Su padre, jefe de policía de Lemberg. Las escenas de motines y de cárcel, de las que es testigo cuando niño, lo marcan profundamente. Toda su obra queda influenciada por el problema de las minorías, de las nacionalidades y de los movimientos revolucionarios en el imperio: cuentos galitzianos, cuentos judíos, cuentos húngaros, cuentos prusianos…El describirá a menudo la organización de la comuna agrícola, y la doble lucha de los campesinos, contra la administración austríaca, pero sobre todo contra los propietarios locales. El paneslavismo lo arrebata. Sus grandes hombres son, con Goethe, Puchkin y Lermontov. Se lo llama a él mismo el Turguenev de la Pequeña-Rusia. Es primero profesor de historia en Gráz, y comienza su carrera literaria con novelas históricas. Su éxito es rápido.

Los gustos amorosos de Masoch son célebres: jugar al oso, o al bandido; hacerse cazar, atacar, hacerse infligir castigos, humillaciones y aún vivos dolores físicos por una mujer opulenta envuelta en pieles y armada de un látigo; disfrazarse de mucamo, acumular los fetiches y los disfraces; hacer aparecer pequeños avisos, firmar «contrato» con la mujer amada, llegado el caso prostituirla. Una primera aventura, con Anna von Kotrowitz, inspira La divorciada: otra aventura, con Fanny von Pistor, La Venus de las pieles. Después una señorita Aurore Rümelin se dirige a él, en condiciones epistolares ambiguas, toma el seudónimo de Wanda, y se casa con Masoch en 1873. Ella será su compañera, a la vez dócil, exigente y aventajada. La suerte de Masoch es ser engañado, como si la potencia del disfraz fuera también la del malentendido: él trata siempre de introducir un tercero en su matrimonio, aquel que llama «el griego». Pero ya, con Anna von Kottowitz, un seudo-conde polaco se reveló como un auxiliar de farmacia buscado por robo, y peligrosamente enfermo. Con Aurore-Wanda se insinúa una curiosa aventura que parece tener por héroe a Luis II de Baviera; ya se leerá la narración más adelante. Allí otra vez, los desdoblamientos de personalidades, las máscaras, los alardes de un campo a otro, componen un ballet extraordinario que vuelve a la decepción. Finalmente la aventura con Armand, del Figaro; que Wanda cuenta muy bien, a reserva de lo que el lector corrige por sí mismo: es ese episodio el que determina el viaje de 1886 a París, pero el que marca también el fin de su unión con Wanda. Se casará en 1887 con la nodriza de sus niños. Una novela de Myriam Harry, Sonia en Berlín, hace de Masoch un retrato interesante, en su retirada final. Muere en 1895, padeciendo el olvido en el cual ya ha caído su obra.

Esa obra sin embargo es importante e insólita. Masoch la concibe como un ciclo, o mejor como una serie de ciclos, El ciclo principal se intitula El Legado de Caín, y debía tratar seis temas: el amor, la propiedad, el dinero, el Estado, la guerra, la muerte (sólo las dos primeras partes fueron concluidas, pero los otros temas ya están presentes en ellas). Los cuentos folklóricos o nacionales forman ciclos secundarios.

La Venus de las pieles (1870), es una de las más célebres novelas de Masoch. Forma parte del primer volumen del Legado de Caín, que concierne al amor. Una traducción, por el economista R. Ledos de Beaufort, apareció simultáneamente en francés y en inglés (1902). Pero muy inexacta. Presentamos entonces una nueva traducción de Aude Willm. Le agregamos tres apéndices: uno donde Masoch expone su concepción general de la novela y un recuerdo de infancia particular; el segundo, que reproduce los «contratos» amorosos personales de Masoch con Fanny von Pistor y con Wanda; el tercero, donde Wanda Sacher-Masoch cuenta la aventura con Luis II.

desde que se lee a Masoch, se siente bien que su universo no tiene nada que ver con el universo de Sade. No se trata solamente de técnicas, sino de problemas y de preocupaciones, de proyectos totalmente diferentes. No hay que objetar que el psicoanálisis, desde hace mucho tiempo, ha mostrado la posibilidad y la realidad de las transformaciones sadismo-masoquismo. Lo que está en cuestión es la unidad misma de eso que se llama sado-masoquismo. La medicina distingue los síndromes y los síntomas: los síntomas son signos específicos de una enfermedad, pero los síndromes son unidades de encuentro y de cruzamiento, que remiten a lineamientos causales muy diferentes, a contextos variables. No estamos seguros de que la entidad sado-masoquista no sea ella misma un síndrome, que debería ser disociado en dos lineamientos irreductibles. Se nos ha dicho demasiado que él mismo era sádico y masoquista; se ha terminado por creerlo. Hay que recomenzarlo todo, y recomenzar por la lectura de Sade y de Masoch. Puesto que el juicio clínico está lleno de prejuicios, es necesario recomenzarlo todo por un punto situado fuera de la clínica, el punto literario, desde el cual las perversiones fueron denominadas. No es por azar que el nombre de dos escritores aquí sirvió para designar; puede ser que la crítica (en el sentido literario) y la clínica (en el sentido médico) estén determinadas a entrar en nuevas relaciones, donde la una aprenda de la otra, y recíprocamente. La sintomatología es siempre asunto de arte. Las especificidades clínicas del sadismo y del masoquismo no son separables de los valores literarios propios de Sade y de Masoch. Y en lugar de una dialéctica que reunió apresuradamente los contrarios, es necesario tender a una crítica y a una clínica capaces de descubrir los mecanismos verdaderamente diferenciales tanto como las originalidades artísticas.

De la Introducción de Gilles Deleuze

Indice:

Introducción

La Venus de las pieles

Apéndices:
1- Recuerdos de infancia y reflexiones sobre la novela
2- Dos contratos de Masoch
3- Aventura con Luis II (relatada por Wanda)