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Ed. Punto de Encuentro, año 2008. Tamaño 22 x 15 cm. Incluye 26 fotografías en blanco y negro. Estado: Usado excelente. Cantidad de páginas: 296

la-noble-ernestina-de-pablo-llonto296Por Pablo Llonto

En los libros de investigación periodística, y éste lo es, nunca faltan los agradecimientos. Aquí no los habrá.

Es más importante ocupar este espacio para denunciar cuánto miedo sembró Clarín durante su existencia, capaz de generar en casi todos los entrevistados una respuesta calcada: «no me nombres, ya sabés cómo es Clarín; cuando puede te mata».

El terror a las represalias de los, por ahora, anónimos informantes, la mayoría de ellos ya sin relación con Clarín, merece respeto. Y sería injusto mencionar a los que sí autorizaron su publicación ya que dejarían a los demás como cobardes.

Esa tal vez haya sido la razón de que jamás se haya publicado un libro sobre la Noble, la mujer más rica y poderosa del país. Le temen las editoriales de libros, le temen los periodistas y le temen los gobiernos. Hace unos años, un ex periodista de Clarín, lo intentó. Entre versiones sobre «apretadas» del menemismo y dramas personales, Mario Krasnob se suicidó en Brasil.

La aparición de una editorial cooperativa y de trabajadores como Astralib, y una imprenta como Chilavert, recuperada por sus obreros explican de algún modo, por qué ahora sí.

Este libro pertenece a la «no ficción creativa». Las técnicas de la ficción han sido utilizadas sin alterar la verdad. Se sabe que, en los libros de investigación, recomiendan que los sentimientos del periodista no ingresen en el relato. La no ficción creativa, en cambio, se apoya en la subjetividad. Y la subjetividad es una de las’banderas que defiende «Metaprensa», el grupo de periodistas del que formo parte con el que buscamos romper todos los moldes del periodismo complaciente y resignado.

La primera vez que pisé la redacción de Clarín, con ilusiones, buscaba trabajo. A los 17 años, pensé que ingresaba a un diario. La última vez, sin ilusiones, me sacaron del edificio por ser el delegado gremial de mis compañeros. A los 31 años, estaba convencido de que era una carnicería.

¿Pero justo ahora lo escribe?, preguntará con razón algún desprevenido.

En realidad me animé hace mucho, y lo hice, al igual que otros compañeros, desde las entrañas del monstruo.

Eramos un enorme grupo de trabajadores de que mientras escribían, se autocensuraban, sacaban fotos, cargaban paquetes de diarios o se intoxicaban con la tinta en los talleres, denunciaban las ilegalidades que la Noble y Clarín cometían. Desde 1984, cuando a los 23 años me eligieron secretario general de la comisión interna, centenares de demandas contra el diario y la Viuda llegaron a los juzgados. Lo hicimos mientras estábamos adentro, no cuando nos despidieron. Fue esa una de las causas por las que Clarín no me dejó entrar más bajo la acusación de que no podía tolerar «a un delegado que además es abogado y le dice a la gente lo que tiene derecho a reclamar y además los patrocina».

Durante ocho años le pedí a los jueces mi reincorporación. Tuve suerte. Los fallos de primera y segunda instancia decían que Clarín me debía tomar de nuevo y para ello fue clave la actitud de mis compañeros que, desde 1991 y hasta 1999 me eligieron su delegado, aún cuando estaba en la calle. La Corte dio vuelta todo y falló a favor de Clarín.

Luego llegaría la breve reorganización gremial del 2000, los despidos masivos, incluida toda la comisión interna cuya secretaria general era mi esposa Ana Ale, y nuevamente el silencio.

Tanta barbarie, a la que se suma la causa por apropiación de menores, no debía quedar guardada sólo en nuestros archivos. «Las cosas se cuentan solas, sólo hay que saber mirarlas» cantaba el comprometido Piero de los 70 y algunos niños repetíamos sin comprender.

Aquí están algunas de las cosas que hizo la Viuda.

INDICE
Gracias, de nada
Prólogo
Al cierre de esta edición
1- Policiales
2- Avisos fúnebres
3- Espectáculos
4- Sociales
5- Deportes
6- Sociedad
7- Telones y pantallas
8- Política
9- Historietas
10- Horóscopo
Indice de fuentes
Bibliografía

Barracas, Febrero 2003