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Ed. Asociación Dante Alighieri, año 2000. Tamaño 22 x 15 cm. Incluye 8 reproducciones a color sobre papel ilustración y 29 en blanco y negro. Estado: Usado excelente. Cantidad de páginas: 224

Por Diana Beatriz Wechsler

Cultura de mezcla, cultura aluvional, son dos de los tantos calificativos que se ensayaron para distinguir a la cultura argentina. Ambos parten del reconocimiento de la alquimia operada en la constitución de nuestra cultura. Conquista, colonización, importación de modelos europeos, contaminaciones culturales, viajes de estudios, migraciones masivas, son algunos de los procesos que fueron dando forma a nuestra identidad.

Esta realidad múltiple abrió entre los intelectuales argentinos el debate sobre la conformación de una cultura nacional, debate que venía dándose desde finales del siglo XIX y con intensidad creciente a partir de las primeras décadas del siglo XX. Es quizá hacia la década del veinte cuando se cristalizan los términos de la polémica.

La internacionalización de la cultura como parte del proceso de la modernidad aporta en esta discusión el despliegue de una batalla simbólica para imponer un modelo. En materia de arte, los centros europeos, especialmente Italia y Francia, derraman sus experiencias sobre las periferias. Entre ellas España, lucha por reencontrar un lugar de privilegio respecto de América Latina. Es dentro de este cuadro de situación cuando en 1927 La Gaceta Literaria de Madrid con su proclama: «Madrid meridiano intelectual de Hispanoamérica» intenta reconquistar la otra orilla. Frente al avance español, la revista porteña de la «joven generación» Martín Fierro responde con irónico tono a su colega. Cada opinión volcada en las páginas del «periódico de arte y crítica libre» aporta una alternativa a esta cuestión del «meridiano cultural». La posición que predomina es la de descartar la posibilidad de cualquier meridiano, proclamando la «independencia cultural» definida por su variedad constitutiva. «Nuestros glóbulos rojos hablan varios idiomas y responden a tradiciones distintas y antagónicas», reflexiona Raúl Scalabrini Ortiz. «Ni en Montevideo ni en Buenos Aires -que yo sepa (afirma Jorge Luis Borges)- hay simpatía hispánica. La hay, en cambio, italianizante: no hay banquetón sin su frecuentada ítala de ravioles; no hay compadrito, por más López que sea, que no italianice más que Boscán». Denuncian las pretensiones de subalternizar a hispanoamérica que están implícitas en el texto de La Gaceta desde el que, a su vez, se denunciaban las «turbias maniobras anexionistas que Francia e Italia vienen realizando».

Así instalado el problema, otros medios se hacen eco de las polémica dándole continuidad y difusión pública. En el año 1928, por ejemplo, la revista Nosotros publica una encuesta entre intelectuales y artistas con el propósito de situar el lugar de Italia dentro de nuestra cultura. Responden, entre otros, Leopoldo Lugones, Ricardo Rojas, Alfonsina Storni, Alfredo Gerchunof, Emilio Ravignani, Evar Méndez y Emilio Pettoruti.

«Negados a todo meridiano -responde uno de los encuestados de Nosotros– es posible, sin embargo, indicar algunas zonas de amistad especial. Ellas pasan por Roma y por Madrid. Otra opinión recogida por la revista concluye: «La Argentina, como los demás países, recibe el aporte intelectual de todos los escritores del mundo. Porque, si mal no estoy informado, ni Italia ni España tienen la exclusividad del talento». Entre tanto, Pettoruti responde a la encuesta diciendo:

«Me preguntas ¿qué influencia han ejercido en nuestro ambiente las artes plásticas italianas? Y ¿cuál es la causa del desconocimiento de los actuales valores de dichas artes?
Te diré: 1º) La pintura y la escultura argentina fueron, en sus comienzos, casi netamente italianos (se sobreentiende, después de la Revolución de Mayo)
2º) Más tarde, nuestros artistas volvieron sus miradas hacia España, Alemania y Francia, primando esta última, merced a la excelente organización de la propaganda
Esto en lo que se refiere al aspecto espiritual (…)
La colonia italiana, que es numerosa y rica, y las autoridades de la península deben cargar con la responsabilidad de este estado de cosas, pues existe actualmente en Italia una falange de artistas interesantísimos y de un valor indiscutible, de los que ya se empieza a conocer a algunos por artículos que he publicado (…)»

Pettoruti reconoce la amplia influencia de las artes plásticas italianas entre nuestros artistas iniciada en el siglo XIX. A partir de allí esboza un recorrido con escalas en España, Alemania, Francia. El punto de llegada de su propuesta es volver a las raíces italianas pero a través de la «falange de artistas» jóvenes entre los que él se formó y por los que está dispuesto a desarrollar una campaña publicitaria para ir «educando el gusto». Lo italiano se presenta como una alternativa no sólo por su pasado y su tradición artística sino también y tal vez con más vigor, por el arte contemporáneo.

Más allá del debate de época, las influencias y contaminaciones culturales en nuestro país han sido múltiples. Nuestra propuesta es seguir los rastros de una de estas vertientes: la italiana. El conjunto de ensayos que reúne este libro apunta a desentrañar algunos aspectos de las intensas y variadas relaciones sostenidas entre los artistas argentinos y el arte italiano así como entre los artistas italianos y el escenario artístico de Buenos Aires. Italia en en el horizonte de las artes plásticas en la Argentina propone un recorrido a través de varios de los aspectos que con la cita de Pettoruti ya se introdujeron.

Arte y propaganda, arte y representación son las claves de los dos primeros capítulos. El capítulo a cargo de Lía Munilla Lacasa está centrado en las acciones del Arquitecto Carlo Zucchi contratado por el gobierno de Rosas. La erección de monumentos en la ciudad de Buenos Aires, promovida por la colectividad italiana, es el objeto del capítulo a cargo de Marina Aguerre.

En un espacio como Buenos Aires en la primera parte del siglo XIX donde las artes plásticas tenían un escaso lugar, los aparatos efímeros de Zucchi construidos para las celebraciones patrias se convierten en los grandes dispositivos para promover la conformación de las primeras representaciones simbólicas de un Estado en formación. Avanzando en el tiempo, el proceso de construcción de monumentos en la ciudad de Buenos Aires, se ve acompañado por el impulso de la creciente colectividad italiana. Los monumentos a Mazzini, Colón y Garibaldi son el punto de partida para un análisis de las estrategias desplegadas por la comunidad italiana en la Argentina para afirmar su lugar incorporando a la vez sus propios héroes.

El debate en torno a una idea de arte es lo que se pone en foco en el tercer capítulo y recorre de algún modo los siguientes. En las postrimerías del siglo XIX comienza a constituirse un campo para las artes plásticas en Buenos Aires. En este contexto es donde se plantea la preguntan generadora del ensayo: ¿Qué es el arte? Las respuestas que por esos años van planteando Schiaffino, Carlos Gutiérrez y otros críticos y que ponen a prueba artistas como Juan Manuel Blanes, Reinaldo Giudice o Graciano Mendilharzu organzan el recorrido propuesto por Laura Malosetti Costa que va develando el lugar del arte italiano en la formación de nuestros artistas así como en la constitución de las primeras colecciones.

El análisis del viaje estético, objeto del capítulo a mi cargo, retoma la pregunta acerca de qué idea de arte está funcionando entre nuestros artistas. El viaje a Europa y la elección de Italia como una escala necesaria guía la respuesta y es otro de los lugares donde observar la presencia del arte italiano en el imaginario de los artistas argentinos. El iniciático viaje de estudios a Europa está analizado a través de tres casos paradigmáticos de lo que fuera el viaje en las décadas de 1910 y 1920. Ellos son Emilio Pettoruti, Lino Enea Spilimbergo y Antonio Berni.

Finalmente, María Teresa Constantín, a partir de la problemática de la inmigración italiana en la Argentina recrea las redes de solidaridad, la formación y los canales de circulación así como la inserción en el barrio de los artistas radicados en La Boca. El análisis de los derroteros de Víctor Cúnsolo, Fortunato Lacámera, Benito Quinquela Martín y Carlos Victorica organiza el relato. En cada caso se analiza además la relación entre el barrio y el centro, enriqueciendo el estudio.

La tradición artística italiana se encuentra con la argentina de manera diversa en cada uno de los ensayos que componen este libro ofreciendo una mirada que apunta a revisar e identificar los elementos constitutivos de nuestra tradición plástica.

INDICE
Introducción: Italia, un horizonte cultural, por Diana Beatriz Wechsler
I- De espectáculos y políticas: la actuación de Carlo Zucchi en las fiestas del rosismo, por María Lía Munilla Lacasa
Carlo Zucchi: incógnitas de una ausencia
Primeros proyectos de Zucchi: las Fiestas Mayas de 1829
La politica y el espectáculo: los funerales de Manuel Dorrego
La segunda gobernación de Rosas: fiestas para su apoteosis
II- Espacios simbólicos, espacios de poder: los monumentos conmemorativos de la colectividad italiana en Buenos Aires, por Marina Aguerre
Hablando de monumentos…
Un homenaje a Giuseppe Mazzini
El monumento de Plaza Lavalle
Plaza Italia: Giuseppe Garibaldi
Junto a las márgenes del Río de la Plata, Cristóbal Colón
Algunas reflexiones
III- ¿Cuna o cárcel del arte? Italia en el proyecto de los artistas de la generación del ochenta en Buenos Aires, por Laura Malosetti Costa
Italia, cuna del arte
¿Italia o Francia?
¿Giudici o Mendilaharzu?
IV- Pettoruti, Spilimbergo, Berni: Italia en el iniciático viaje a Europa, por Diana Beatriz Wechsler
El regreso: Pettoruti y la difusión del arte italiano contemporáneo
Lino Enea Spilimbergo: entre el novecento, la recuperación de una tradición clásica y nel «retorno al orden» 1925-1928
Antonio Berni: de la pintura metafísica y el surrealismo al encuentro de un «Nuevo Realismo» 1925-1934
Entre dos aguas
V- Italia en la nebbia. La Boca como residencia, por María Teresa Constantín
Primero, ser de La Boca
Práctica solidaria e instituciones culturales
De La Boca al Centro
La obra y nuevamente el paese