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DVD Original
Estado: Nuevo
Origen: España
Color
Idioma: Castellano
Subtítulos: No tiene
Duración: 111 minutos
Director: Juan de Orduña
Actores: Sara Montiel, Armando Calvo, Enrique Vera, Julia Martínez, Alfredo Mayo, Matilde Muñoz Sampedro, Laly del Amo y José Moreno.

María Luján, una famosa cantante años atrás, cuenta su vida a Juan Contreras, el primer empresario que la contrató. Ahora todo el mundo la ha olvidado, pero en sus tiempos fue una cupletista muy famosa, aunque con una triste vida sentimental. Antes de comenzar a cantar, mantenía relaciones con un chico al que su tía no quería porque era pobre. Éste, por ayudarla, robó en el lugar donde trabajaba y ella, para librarlo de la cárcel, acudió a Juan el empresario, quien acepto ayudarle, con la condición de que ella cantase como cupletista. Triunfó en toda España, llegando su fama hasta Francia y América y tras pasar una temporada en París, donde la cortejó un príncipe ruso, regresó de nuevo a Madrid. Allí conoció a un joven torero, del que se enamoró, pero que, poco después, murió en la plaza cogido por un toro. Los años han pasado y ahora Juan intenta convencerla para que vuelva a cantar en Madrid.

El último cuplé fue la reaparición de Sara Montiel en el cine español, tras una prolongada etapa en México y Estados Unidos que había culminado con tres películas en Hollywood: Veracruz, Serenade y Yuma. El último cuplé fue también importante para la actriz manchega porque la introdujo en el cine musical y dio a conocer su peculiar voz; Sara no fue doblada por una cantante profesional. Lo habitual en las canciones de películas era doblar a las estrellas con voces de coristas anónimas, y así se hizo con Audrey Hepburn en My Fair Lady y con Natalie Wood en West Side Story. La peculiar voz de Sara, con una tesitura inusualmente grave, rompió con la tradición de voces atipladas (tipo soprano) que se estilaban desde la época de Raquel Meller y Concha Piquer.

Como era habitual en el cine musical, Sara rodó las escenas cantadas en play-back, con los temas grabados previamente. Durante los ensayos, Sara no llegaba a las notas y pidió al pianista que bajase de escala; como lo hizo varias veces, el pianista dijo: «Si seguimos bajando, nos sentamos debajo del piano». De la necesidad se hizo virtud, y la voz de Sara impuso un nuevo estilo.