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Ed. Espasa Calpe, año 1951. Tamaño 22,5 x 15 cm. Traducción de León Mirlas. Estado: Usado muy bueno. Cantidad de páginas: 272

El enigma MacArthur, GuntherLos recientes y compulsivos acontecimientos ocurridos en el Asia, sobre todo la guerra de Corea y la intervención china en la contienda, destacan espectacularmente en primer plano a Mac Arthur. Suceda lo que suceda en el futuro con el comandante supremo, le ha impreso éste su sello a gran parte de la política norteamericana en el Lejano Oriente. Para decenas de millones de asiáticos Mac Arthur es los Estados Unidos, pero la mayoría de los norteamericanos no lo comprende perfectamente, y Mac Arthur tampoco comprende del todo a los Estados Unidos de hoy. Valuar a MacArthur de acuerdo con su obra en el Japón, eso para no hablar de Corea, no resulta fácil: su carrera exige el más cuidadoso estudio, de proa a popa, teniendo en cuenta todo el Lejano Oriente.

La brutal incursión de los norcoreanos al franquear el paralelo 38 en el amanecer del 25 de junio; la lucha subsiguiente con sus rotundos reveses, victorias y decepciones; detrás de esto, la propagación de la guerra fría entre Washington y Moscú; la sorprendente intervención en la guerra de la China comunista y las catástrofes militares y políticas subsiguientes; las fuerzas y contrafuerzas desorganizadoras en inexorable juego en la Indochina, las Filipinas, Malaca, Birmania, Indonesia, Siam y otros países; la posición de la gigantesca mole de la India bajo la dirección de su liberal y pacifista dirigente Nehru: todo esto, es el telón de fondo.

A Mac Arthur, que tiene setenta y un años, debió tomarle de sorpresa el conflicto de Corea. Siempre se había mantenido algo al margen de los asuntos coreanos y sólo visitó ese país en una oportunidad, quedándose un solo día, entre 1945 y 1950.

Sólo un mes antes de la guerra le dijo a un corresponsal del New York Times: «No creo inminente el estallido de una guerra en gran escala. . . Es probable que las masas rusas se opongan tanto a una guerra en gran escala como las anglosajonas . . . Gracias a la última contienda, el público comprende demasiado bien que no puede haber un verdadero vencedor en un conflicto bélico futuro . . . Creo que es estúpido presumir que los rusos se proponen iniciar ahora una guerra agresiva. El ruso prospera tanto con la actual guerra fría que es probable y lógico que quiera continuar con el fructífero sistema actual».

El comandante supremo no quería ciertamente una guerra, y el conflicto de Corea hizo peligrar toda su magnífica obra en el Japón. El 26 de enero de 1950, día de su cumpleaños, anunció: «La guerra moderna es tan destructora que debe ser puesta por completo al margen de la ley. La civilización, tal como la conocemos, será destruida totalmente si los dirigentes mundiales fracasan en su responsabilidad de hallar una solución a los problemas y permiten una tercera guerra mundial».

Pero este libro no versa, salvo de paso, sobre la China o Corea. Se refiere al Japón de MacArthur. Además, contiene material sobre los lineamientos generales de la política norteamericana en el Asia. Esencialmente, con todo, debe basarse en lo que sucede en el Japón. Desde luego, a causa de los sucesos de Corea, la China y otros países, el Japón ha cobrado mucho mayor importancia para los Estados Unidos que antes. Es el pivote indispensable de nuestras fuerzas potenciales en el Asia. De la noche a la mañana, de escenario de una evolución pacífica sin precedentes en la reforma social y política y económica, se ha convertido en cabecera de playa del poderío militar norteamericano en el Oriente, así como de su poder político. ¿Qué significará esto para el futuro del Japón? ¿Qué significará para nosotros?

El régimen de MacArthur en el Japón, suceda lo que suceda eventualmente en China o en Corea, es digno de serio estudio en sí mismo. Los Estados Unidos nunca habían tenido la misión de administrar unilateralmente a una potencia mundial vencida. Pero hemos realizado mucho más que una simple obra de experimentación. El experimento es, en realidad, único, no solamente en nuestra historia, sino en la historia de todos los países del mundo. Para condensarlo en pocas palabras, lo que hemos intentado en e Japón ha sido remodelar una nación íntegra, una civilización íntegra, a nuestra propia imagen. Sin más que un puñado de soldados y asesores civiles y sin usar para nada la fuerza ni la amenaza de la fuerza, MacArthur emprendió la tarea de crear un nuevo Japón.

La médula de la experiencia norteamericana en el Japón consiste en probarle al Asia que la democracia es mejor que el comunismo. Asimismo nos brinda un acopio de informaciones útiles sobre el espíritu oriental, así como un adiestramiento sobre la manera de comprender a los orientales y de tratarlos. Ese conocimiento es esencial para los ciudadanos norteamericanos, si queremos estar en condiciones de afrontar a la amenaza comunista y de solucionar inteligentemente los compactos problemas del Lejano Oriente que nos apremian. De modo que una descripción cuidadosa y desprejuiciada de la naturaleza de la ocupación y de sus resultados, es de vital importancia en esferas más amplias. Quizás los Estados Unidos estén en vías de asumir una responsabilidad totalmente nueva en los asuntos internacionales. De ser así, conviene ver cómo se desempeña uno de nuestros primeros Césares.

El punto de vista del propio MacArthur, expresado en la florida prosa que le es familiar, es que sus cinco años de gobierno, “son la reforma más grande de un pueblo que se haya intentado». EI Japón., tal como lo ve MacArthur, se ha convertido en «un baluarte de la concepción democrática» y el experimento, en gener al, es la «mayor revolución espiritual que el mundo haya conocido». Examinemos estos asertos.

Hay muchas preguntas que contestar. ¿Cuál es el saldo de la obra? ¿Se ha democratizado realmente el Japón? ¿Qué peligro existe de que se vuelva al militarismo o a la dictadura? ¿Qué opinan actualmente los nipones de su emperador y qué opinan de nosotros? ¿Le abremos abierto la puerta inadvertidamente al comunismo, en el futuro, con el alcance y vigor mismos de nuestras reformas? ¿Podrían coligarse algún día la extrema derecha la extrema izquierda japonesas? ¿Fue legítima nuestra desintegración de los grandes consorcios industriales nipones (zaibat-su ) ? ¿Qué pasará si nos vemos obligados eventualmente a irnos?

¿Cuántas de las reformas del SCAP (Supreme Commander Allied Powers, Comandante Supremo para las Potencias Aliadas) subsistirán? ¿Hasta qué punto son hipócritas los japoneses en su amistad con los Estados Unidos? ¿Se alegrarán o entristecerán cuando vean que nos marchamos? ¿Cuáles serán las consecuencias de la aparente catástrofe de Corea?
Cuando llegué al Japón, yo sabía muy poco sobre todos estos asuntos: no había pasado aún una semana en Tokio cuando me convencí de que el caso de MacArthur era uno de los más erróneamente presentados que se conocían. En general, la gran mayoría de los norteamericanos sabe poquísimo sobre el SCAP, sus realizaciones y sus fracasos, sus ambiciones, objetivos e ideales. Pero antes de internarnos en esto debemos habérnoslas con la futura figura del propio MacArthur. Se han escrito sobre el comandante supremo muchas verdades y muchas tonterías, y son pocos los que advierten cuan complicada es su responsabilidad. Le pregunté a un destacado japonés qué opinaba de él. La respuesta fue una de las más rápidas y aplomadas que yo haya oído en el Japón:
—¡No es un hombre fácil de comprender!


Indice
El enigma de MacArthur2, Gunther
Nota
Prólogo
1- El César del Pacífico
2- Qué es MacArthur, y cómo ha llegado allí
3- La vida y las leyendas
4- Más sobre MacArthur, el hombre
5- Tokio, hoy
6- Breve disquisición sobre el Emperador
7- La obra de la ocupación
8- El reverso Japonés del cuadro
9- Corea
10- MacArthur, Truman y Formosa
11- Los puntos débiles del Asia y la política de los Estados Unidos
12- El tratado y el futuro
A modo de advertencia
Discurso del general Douglas MacArthur