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Ed. Universidad Nacional de Córdoba, año 2008. Tamaño 21 x 14 cm. Traducción de Gardenia Vidal. Estado: Nuevo. Cantidad de páginas: 354

Lynn HuntPor Lynn Hunt

Los libros siempre reflejan el momento de su escritura y este no constituye la excepci6n. Ese tiempo fue especialmente propicio para mí, porque mis intereses me llevaron de manera directa al núcleo de uno de los desarrollos mas excitantes en el campo de la historia.

Comencé la investigación a fines de la década de 1970, con la intención de demostrar que la interpretación marxista de la Revolución Francesa dejaba abiertos varios interrogantes. Primero, me aboqué al estudio de las personas que hicieron la Revolución en las grandes ciudades, ya que sospechaba que muchos mercaderes y manufactureros -la «burguesía capitalista» del marxismo-
emergerían como líderes revolucionarios en este nivel. Encontré a estos actores, pero el patrón era impredecible; en algunos lugares ganaron influencia a través del tiempo, en algunos la perdieron, en otros ni siquiera la tuvieron.

De manera similar, cuando llevé a cabo un análisis cuantitativo de los factores sociales y económicos que podían explicar las preferencias políticas de las diferentes regiones, los resultados me sorprendieron; laizquierda lograba la mayor adhesi6n en los lugares más alejados, relativamente «atrasados» y sin producción manufacturera a gran escala. La identidad social parecía menos significativa de lo que esperaba; importaba más quién había dominado la política local bajo la monarquía (sus opositores ahora triunfaban), a quien se conocía (a través del matrimonio, las logias masónicas o los clubes) o en lo que se creía. En síntesis, las identidades políticas dependían no solo de la posición social, sino que incluían componentes culturales relevantes.

Las preguntas de mi investigación inicial reflejaban las más preponderantes en la disciplina en aquel momento. A comienzos de la década de 1980, la historia cultural desafiaba el predominio de la historia social y, en la historia francesa, el asalto frontal de Francois Furet a la interpretación marxista de la Revolución Francesa terminó imponiéndose. Los investigadores de la historia cultural (a menudo, los mismos investigadores de historia social convertidos) argumentaban que las identidades sociales solo podían ser captadas mediante sus representaciones lingüísticas y culturales; un mercader tenía significados diferentes según el contexto. En una línea de razonamiento paralela, Furet insistía que la Revolución no podía ser explicada como un conflicto entre clases sociales; solo podía entenderse como una lucha política por el control del lenguaje y los símbolos.

Comencé a interesarme coda vez más en los símbolos revolucionarios después de visitar una exhibición de impresos revolucionarios en el Museo Carnavalet, en 1977. Como tantos otros historiadores de la Revolución Francesa, automáticamente había recurrido a los resultados electorales, los periódicos, las memorias, los informes policiales, los discursos parlamentarios, las contribuciones impositivas y las listas de miembros -todos documentos verbales-, coma mis fuentes de trabajo. Una vez vista aquella exposición, ya no podía ignorar los aproximadamente treinta mil grabados revolucionarios, hojas con membretes, calendarios, naipes y láminas con sus representaciones visuales.

En consecuencia, terminé reuniendo una mélange de documentos algo peculiar, que iba desde datos cuantitativos sobre varias regiones de Francia y cientos de dossiers de funcionarios individuales, hasta dibujos propuestos para el sello de la república y los grabados de la vestimenta revolucionaria. ¿Podían combinarse todos estos documentos? Yo creía que sí, pero agonicé para
ordenar su presentación. ¿Qué debía aparecer primero? ¿Qué implicancia tendría mi elección acerca de mi visión de las causas y los significados? Yo no podía respaldar el esquema clásico marxista de la base y la superestructura, con relaciones económicas y sociales en la base como el factor fundamental, y la política y la cultura en la superestructura, como el producto automático de aquel nivel.

Pero tampoco podía aceptar una simple inversión de esta fórmula, con la política como progenitora de divisiones sociales y cambio económico. Por consiguiente, me centré en la «cultura política»; mi relato no ofrecía ni una historia política ni una historia cultural en el sentido usual de esos términos, sino más bien un análisis de los patrones sociales y las afirmaciones culturales
que dieron forma a la política revolucionaria. Para alejarme de la metáfora base-superestructura o de los niveles, me apoyé en la banda de Möbius. Imaginemos a la sociedad como un lado de la faja, la política como el otro, los dos inextricablemente entretejidos, con ningún «arriba» o «abajo» fijos, ningún lugar en el que uno se detiene y los otros comienzan.

La banda de Möbius funciona mejor como metáfora visual que la arquitectura de un libro impreso. Las palabras en los libros deben venir una después de otra en orden lineal; por lo tanto, tenía que elegir si empezar con la política o la sociedad, con las afirmaciones culturales o los patrones sociales. Opté por comenzar con «la poética del poder», en vez de «la sociología de la politica», no porque creyera necesariamente que la poética tenía prioridad causal sobre la sociología, sino con el fin de sacudir a aquellos lectores que todavía pensaban que esta última se desprendía inevitablemente de la anterior.

Muchos creían que la sociología (la sociedad) explicaba la poética (política), no a la inversa. Cuando el libro apareció en 1984, casi todos se interesaron por la primera parte (poética) como la más original y provocativa. Por entonces, los historiadores se inclinaban hacia «el giro lingüístico», y la historia social de la política parecía pasada de moda, en comparación con el estudio de la retórica, los rituales y las imágenes, es decir, los elementos de la nueva historia cultural.

Pero lo que da vueltas, se restablece. Ahora que los académicos han analizado en detalle las dimensiones culturales, lingüísticas, visuales y poéticas de la Revolución Francesa, la segunda parte del libro puede despertar más interés. El énfasis en los patrones geográficos y sociales examinados se correlacionaría mejor con las nuevas tendencias en la historiografía desde la década de 1980. Un gran cambio está teniendo lugar en el estudio de la Revolución Francesa. Su Bicentenario, en 1989, marcó el apogeo de la influencia de Furet y el nadir de la interpretación marxista. Desde entonces, sin embargo, muchos han criticado el reinado de la ortodoxia furetiana (todo es político) y buscado nuevas maneras de analizar los significados sociales de la Revolución.

Hasta cierto punto, la crítica a Furet y la concomitante rehabilitación de Marx ignoran sus similitudes subyacentes; como Marx nunca descuidó la dimensión política de la Revolución Francesa, Furet tampoco negó su significado social. No obstante, de alguna manera, la interrelación entre ambas se perdió en las polémicas acerca del marxismo y el comunismo. Puesto que este último ya no
provoca las mismas respuestas extremas en el mundo occidental, ahora es posible mirar los vínculos entre la sociedad y la política desde una nueva perspective. No hay por qué suscribirse a un marxismo inflexible para apreciar el significado social de la Revolución Francesa. Tampoco se tiene que aceptar la visión de Furet de la Revolución como el origen del totalitarismo para comprender que la cultura política revolucionaria tenía una lógica propia. Simplemente, la manera en que sociedad y política se conectan sigue siendo una pregunta tan interesante como siempre.

La segunda parte del libro refleja más directamente los límites de la tecnología existente a fines de la década de 1970 y comienzos de la del ochenta. Aunque yo trabajé en una de las primeras computadoras personales (una Osborne del tamaño de una máquina de coser que podía almacenar treinta y tres páginas de texto en un diskette de simple densidad), hice el análisis cuantitativo con una simple calculadora o con tarjetas perforadas sobre una computadora mainframe (con la indispensable ayuda de los estudiantes de posgrado). Estos métodos laboriosos carecían de la flexibilidad y rapidez de las computadoras actuales. No obstante, no está claro todavía si la tecnología daría diferentes resultados, porque a pesar de la facilidad para entrar datos y manipularlos, nadie, hasta donde yo sé, ha intentado refutar, revisar o extender el análisis ofrecido aquí. Aunque mucha información nueva ha aparecido -en particular, estudios electorales y mapas de factores sociales y culturales-, nadie ha integrado este material en una interpretación más amplia. Si el interés en el significado social de la Revoluci6n Francesa continúa creciendo, se beneficiará de una renovación de los métodos cuantitativos y de un intento sistemático para hacer uso de esta nueva información.

Yo no realicé esta revisión sistemática, por lo tanto, nada sustancial en el cuerpo de este trabajo ha sido alterado. Desde 1984, innumerables libros y artículos han sido publicados sobre temas relacionados, nueva información ha aparecido, fuentes perdidas han sido recuperadas y, sin duda, inadvertidamente pasé por alto información importante cuando comencé mi investigación hace más de veinte años. Encargarse de incorporar todo esto implicaba escribir un nuevo y seguramente diferente libro.

Aunque no intento sostener que todo lo que está en este libro continúa siendo completamente válido, el abordaje básico, el balance entre política y sociedad, entre la poética del poder y la sociología de la política, todavía representan mi interpretaci6n de la
Revolución Francesa. Los lectores decidirán si ésta los convence o no.

INDICE
Lista de láminas
Lista de mapas y tablas
Prefacio a la edición del vigésimo aniversario
Prefacio a la edición española
Reconocimientos a la edición de 1984
Cronología
Abreviaturas
Introducción: Interpretando la Revolución Francesa
PRIMERA PARTE: LA POETICA DEL PODER
1- La Retórica de la Revolución
2- Las Formas Simbólicas de la Práctica Política
3- Las Imágenes del Radicalismo
SEGUNDA PARTE: LA SOCIOLOGIA DE LA POLITICA
4- La Geografía Política de la Revolución
5- La Nueva Clase Política
6- Outsiders, Intermediarios Culturales y Redes Políticas
CONCLUSION: Revolución en la Cultura Política
APENDICE A: Matriz de Correlación de las variables políticas, económicas y demográficas seleccionadas
APENDICE B: Análisis ocupacional de los consejeros de las Ciudades de Amiens, Burdeos, Nancy y Toulouse