Ed. Granica, año 1974. Traducción de Eduardo Goligorsky. Usado excelente, 238 págs. Precio y stock a confirmar.

Los directivos de los medios de comunicación crean, procesan, refinan y gobiernan la circulación de las imágenes y la información que determinan nuestras convicciones y actitudes y, en última instancia, nuestra conducta. Cuando los directivos de los medios producen deliberadamente mensajes que no concuerdan con los elementos reales de la existencia social, se convierten en manipuladores de cerebros.

Los mensajes que generan intencionalmente una imagen falsa de la realidad y que producen una conciencia que no puede captar –o que rechaza voluntariamente- las condiciones reales de vida, personales o sociales, son mensajes de manipulación. La manipulación de las mentes humanas es un instrumento de conquista. Es uno de los recursos mediante los cuales las élites dominantes tratan de hacer que las masas se amolden a sus objetivos.

Valiéndose de mitos que explican, justifican y a veces incluso embellecen las condiciones existentes de vida, los manipuladores vuelcan el apoyo popular a favor de un orden social que no sirve a los intereses reales y futuros de la mayoría. La manipulación no es el método que las élites dominantes utilizan inicialmente para conservar el control social.

Cuando la gente empieza a emerger del proceso social (aunque sea ingenuamente), los gobernantes recurren al manipuleo. Antes de que el pueblo emerja no hay manipulación (en términos estrictos), sino en verdad una subyugación -o sea, la represión y sujeción del individuo- total. Cuando en la vida real los oprimidos están casi totalmente sumergidos, es innecesario manipularlos. Siguen trabajando en el papel de simples conformistas y postergados, continúan participando en las rutinas, y el sistema les concede una recompensa suficiente para adquirir algunos símbolos de status económico que a la larga volverá a quitarles.

Los medios de manipulación son muchos, pero evidentemente el control del aparato de información y de ideas en todos los niveles es una cosa esencial. Esto se asegura mediante el funcionamiento de una regla simple de la economía de mercado. La propiedad y el control de los medios de comunicación de masas, como todas las otras formas de propiedad, está al alcance de los dueños del capital.

Es inevitable que las estaciones de radio y televisión, los diarios y las revistas, la filmación de películas y la edición de libros estén en manos, sobre todo, de cadenas empresarias y de conglomerados de medios. Así, el aparato está listo para asumir un papel activo y hegemónico en el proceso de manipulación.

Indice:
Introducción.

I. La manipulación y la conciencia empaquetada (Cinco mitos que estructuran el contenido. Dos técnicas que plasman la conciencia. La pasividad: el objetivo final de los manipuladores de mentes).

II. La industria del conocimiento: el componente oficial (El gobierno como productor y recolector de información).

III. La industria del conocimiento: el componente militar-empresario.

IV. Recreación y entretenimiento: refuerzos para el status quo (TV Guide, información “neutral”. The National Geographic, la geografía no ideológica. El entretenimiento “puro”: Walt Disney Productions. Conclusión).

V. La industria de las encuestas: la medición y fabricación de opiniones (Los orígenes de la encuesta en los Estados Unidos. La industria norteamericana de las encuestas desde 1945: la experiencia internacional. La industria norteamericana de la encuesta a partir de 1945: la experiencia interna. Encuestas y política. Algunas observaciones de tipo general).

VI. La manipulación de cerebros se traslada a ultramar: exportando técnicas de persuasión (La agencia de publicidad norteamericana como fabricante de mensajes en el orden internacional. Las relaciones públicas como fuente de información internacional. Los encuestadores de opinión y los investigadores de mercado. Los consultores de empresas y corredores de Bolsa norteamericanos en el exterior).

VII. La manipulación de cerebros en una nueva dimensión: de la ley del mercado al control político directo.

VIII. ¿La tecnología de la información como fuerza democratizadora? (¿Las perspectivas?).