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Ed. Alfaguara, año 2007. Tamaño 21 x 13 cm. Fotografías en blanco y negro de Carol Dunlop. Dibujos de Stéphane Hébert. Estado: Nuevo. Cantidad de páginas: 380

los autonautas de la cosmopista, cortázar“Cuando se miran dos objetos separados, se empieza a observar el espacio entre los dos objetos, y se concentra la atención en ese espacio, entonces, en ese vacío entre los dos objetos, en un momento dado se percibe la realidad” (cita de un filosofo indio)

“Esta autopista paralela que buscamos solo existe acaso en la imaginación de quienes sueñan con ella; pero si existe (…), no solo comporta un espacio físico diferente sino también otro tiempo. Cosmonautas de la autopista, a la manera de los viajeros interplanetarios que observan de lejos el rápido envejecimiento de aquellos que siguen sometidos a las leyes del tiempo terrestre,
¿que vamos a descubrir al entrar en un ritmo de camellos después de tantos viajes en avión, metro, tren? (…) Autonautas de la cosmopista, dice Julio. El otro camino, que sin embargo es el mismo.”

El Lobo y la Osita jugaron a un viaje París-Marsella, justificándolo como una investigación; pero el viaje fue algo más, fue su Graal en la tierra, fue la atemporalidad en 33 días, fue descubrir una nueva tierra –Parkinglandia, tierra de libertad-, fue recorrer esa autopista paralela -la cosmopista, esa realidad entre dos puntos-, fue una espiral como las vidas de ellos que se entrelazaban cada mañana en las luces del amanecer, en el corazón del dragón Fafner.

Y no les creían cuando decían la verdad, y no les creían que llegarían, y siempre habría una razón más que la que decían. Pero estos dos cronopios no entienden de complejidades. Ellos se lanzaron a la aventura de descubrir una autopista paralela y terminaron descubriendo algo más que una simple autopista que no avanza, descubrieron la vida y la magia de cada ciudad ambulante,
los misterios de cada paradero, la forma de vivirlos intensamente sin el ajetreo de la ciudad que te impulsa a tragar los kilómetros obligatoriamente, con el apuro de llegar a algún lugar determinado.

Lo importante para ellos ya no era el fin, sino el hecho mismo de viajar, de estar constantemente pasando de un paradero a otro esquivando la idea misma de la autopista real: la velocidad, el vértigo, la rutina del camino recto.

¿El final (Marsella) realmente existe? ¿O es la velocidad lo que te transporta a otro plano en otro tiempo y otra realidad? Ellos quieren que nos preguntemos estas cosas, si existe de verdad un fin del camino, y si al llegar se es realmente feliz.

“Frente a preguntas turbadoras, nos dijimos muchas veces que si hubiéramos tenido presentes esas posibilidades la expedición hubiera sido otra cosa, acaso mejor o peor, pero nunca ese avance en la felicidad y en el amor del que salimos tan colmados que nada, después, incluso viajes admirables y horas de perfecta armonía, pudo superar ese mes fuera del tiempo, ese mes interior donde supimos por primera y ultima vez lo que era la felicidad absoluta”.

Ambos cronopios, la Osita primero y luego el Lobo, dejaron esta autopista poco tiempo después, pero yo guardo la gigantesca esperanza de que siguen viajando, porque hace unos días sostuve esto mismo, que todo fin comienza en otro punto. Y quizás ellos estén viajando junto a sus tantos amigos en alguna autopista invisible sobre las nubes.

Y si les cuesta imaginar eso, créanme que ellos mismos crearon otros caminos mediante sus letras y sus fotografías, caminos que ahora otros recorremos hambrientos y ansiosos por descubrir mas y mas paraderos, mas y mas misterios escondidos en las palabras del mas grande de los cronopios.

Indice
Prolegómenos
De cómo escribimos una carta que no por insólita dejaba de merecer respuesta, cosa que no aconteció, y de cómo en vista de ello los expedicionarios decidieron ignorar tan incalificable conducta y llevar a buen término lo que en ella se explicaba de la manera más galana y detallada

Una cita que los exploradores interpretan como un buen consejo a la hora de iniciar su diario de viaje

Donde el paciente lector asistirá a la presentación sucesiva de los protagonistas de la expedición, y conocerá sus características y rasgos más notables

De los orígenes de la expedición: su génesis, su lenta elaboración, y su sinuosa madurez, y de cómo el pálido lector no sólo verá
que la reflexión científica tiende a transformar la visión del mundo en quien la practica, sino que se percatará asimismo de los obstáculos que se alzan en el camino del investigador, y tendrá al mismo tiempo amplia oportunidad de admirar la astucia y el coraje de los arrojados expedicionarios

De cómo los expedicionarios equiparon a Fafner con los bastimentos esenciales para una empresa de tal envergadura y su enumeración detallada que transmiten a otros autonautas que pudieron tentar
cruceros de parecida índole

I- La Expedición

Diario de ruta (23/5/1982)
Aplastamiento inicial
Autobautismo
Diario de ruta (24/5)
Donde los exploradores echan el Tarot, y lo que de ello resulta
Donde el Lobo juega con fuego
Donde la Osita también juega a su manera
Diario de ruta (25/5)
Donde se verá que los demonios no duermen
Cartas de una madre (I)
Diario de ruta (26/5)
Donde los viajeros se preguntan si la soledad absoluta es posible
Ejemplos en contra
Visitantes Presumibles e inevitables
Visitantes inesperados
Conversaciones y regalos
De migraciones y de éxodos
Diario de ruta (27/5)
Jardineros
Mutación
Diario de ruta (28/5)
Cartas de una madre (II)
Diario de ruta (29/5)
Ingreso progresivo en lo otro
Consideraciones sobre las latas de basura
Sioux y comanches en la autopista
Donde escuchamos los boletines informativos y no nos gustan ni medio
De la fauna entomológica en los paraderos y otras consideraciones ecológicas, así como de las
posibilidades (escasas) de establecer una cartografía de su flora arborescente
Diario de ruta (30/5)
Donde entre otras cosas se sospecha la intromisión de fuerzas hostiles, cuyos signos son debidamente despistados, a lo que se suma un espionaje entre amistoso imaginario del que habrá otras noticias más adelante
Diario de ruta (31/5)
Una visión de Parkinglandia
Diario de ruta (1/6)
Costumbres indígenas
Diálogos en la ruta
Diario de ruta (2/6)
¿Usted sabe cómo se hace pipi, señora?
Diario de ruta (3/6)
Donde se procura explicar, como si ello fuera posible, la felicidad
De cómo somos ya un espacio sin límites donde cristaliza la realidad
Osita sola en el bosque (suite)
Diario de ruta (4/6)
De la lucha titánica que libraron los exploradores contra un enemigo cuyas armas son el silencio y las tenazas
Un paradero cerrado
Otro donde al mismo tiempo se venden Budas, y Eros propone sus ceremonias
Diario de ruta (5/6)
Donde los exploradores se sumergen en el pasado
Y se encuentran -nuevos Dantes- con julio César, Eugenio Sue y Vercingétorix
Principio y fin del mundo desde un cuarteto de Schubert
Donde el lector convendrá en que a rose is a rose is a rose
Diario de ruta (6/6)
Donde se verá que nuestros protagonistas no pierden el ánimo ante las persecuciones más innobles,
y se comprobará una vez más su inquebrantable determinación de llevar la expedición a buen término
Diario de ruta (7/6)
Donde las cosas empeoran
Diario de ruta (8/6)
Donde se asiste al final de la pesadilla
Cartas de una madre (III)
Perros y niños en los paraderos
Diario de ruta (9/6)
Cartas de una madre (IV)
Donde por fin, y ya era tiempo, se habla de camiones que no han dejado depasar desde el principio, y se indaga acerca de su no siempre clara razón de ser y de estar
De un camión entre tantos
Diario de ruta (10/6)
La noche del paradero
Cartas de una madre (V)
Diario de ruta (11/6)
Donde la Osito habla de la noche
Diario de ruta (12/6)
Comportamiento en los paraderos
Diario de ruta (13/6)
De cómo el segundo apoyo logístico, se cumplió con una perfección insuperable, que presagiaba inequívocamente el triunfo de nuestra esforzado expedición
Complemento informativo que no dejará de interesar al pálido lector
Donde el pálido lector conocerá la ultima ratio de esta ardorosa expedición, así como otros detalles igualmente importantes y antenos
Diario de ruta (14/6)
Otra vez los tártaros, por si fuera poco
Diario de ruta (15/6)
Donde la Osita le habla al Lobo y todo queda dicho para siempre
Diario de ruta (16/6)
El paradero de las alondras
De las metamorfosis oníricas en la autopista
Diario de ruta (17/6)
De aperturas paralelas
De cómo los cronopios se entienden entre ellos sin necesidad de conocerse mayormente
Diario de ruta (18/6)
Veladas culturales de los expedicionarios
La almirante Pantuflas
Pasa un ángel
Diario de ruta (19/6)
No hay que creer en las brujas, pero que las hay, las hay
Diario de ruta (20/6)
Osita durmiendo
Extractos del Manual de los Lobos
Diario de ruta (21/6)
Rememoración de un amigo
De cómo gracias a ese amigo entró Fafner en nuestra vida, y otras cosas que también tienen que
ver con la poesía
Diario de ruta (22/6)
Donde los exploradores tienen el placer de presentar la reproducción facsimilar de los dos tickets de peaje que, por las razones que ya conoce el lector, se les habían «perdido» en el momento de pagar
Exploradores como nos gustan
Los dragones nunca viven en paz, pero se puede ayudarlos
Diario de ruta (23/6)
¡Qué poco duró el viaje!
Donde para terminar se insinúan otras razones posibles de nuestra expedición y acaso de todas las expediciones
Post-scriptum, diciembre de 1982