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Ed. Eudeba, año 1968. Tamaño 19 x 12 cm. Traducción de Ana María Torres de González. Estado: Usado muy bueno. Cantidad de páginas: 120

historia de florenciaEl Imperio Romano, durante su apogeo, era una confederación de ciudades que se administraban por sí mismas bajo la supervisión de un funcionario imperial más o menos lejano, y que rivalizaban por imitar a la más perfecta y más importante de ellas: Roma. Este concepto de la importancia esencial del agrupamiento urbano no desapareció jamás en Italia, ni siquiera cuando, bajo las influencias orientales y después, a fin de resistir a las invasiones germánicas, el poder imperial se convirtió en tiranía, y debido a ello dejaron de existir las funciones municipales: a partir del siglo V, en cada una de las ciudades de cierta importancia en que el cristianismo, modelando su organización sobre la del mundo romano, había creado una iglesia, surgió un nuevo jefe, el obispo, también él nacido de elecciones populares, quien tuvo por cometido preservar los elementos morales y materiales de la vida urbana durante aquella época tormentosa. La vida urbana, pues, salvo en Roma, Rávena, Pavía, es decir en las capitales sucesivamente administrativas, no volvió a empezar de verdad sino después de la última invasión, la de los húngaros a fines del siglo X.

Pero un nuevo Imperio, creado por Carlomagno, había extendido entretanto, sobre el norte y el centro de Italia, una autoridad centralizada cuyos agentes locales, condes, vizcondes, gastalds, eran a la vez funcionarios y vasallos del ,emperador. Al margen de numerosos francos, alemanes y bávaros que la constituyeron en su origen, parte de los grandes terratenientes de Italia entró en aquella nobleza –jerarquizada en capas superpuestas definidas por vínculos de vasallaje- que se convirtió en la clase dirigente del país.

De este modo, el despertar de las ciudades creó, de fines del siglo X en adelante, el problema de las relaciones entre ellas y los representantes locales del poder imperial, cuyo titular residía generalmente fuera de la península, y entre ellas y los grandes señores feudales a quienes el representante imperial había concedido inmensos bienes raíces. Más aún que en todo el resto de Occidente donde fue menos viva la tradición antigua, los habitantes de las ciudades de Italia trataban de administrase por sí mismos, de sacudir la estrecha tutela de los administradores más o menos delegados por el emperador, de dominar, a fin de asegurarse el obligado abastecimiento, el chato país que los rodeaba y que determinaba la diócesis dependiente de su obispo, y de obtener la seguridad de sus comunicaciones con el exterior, constantemente amenazadas por los señores violentos y saqueadores establecidos en sus castillos de la llanura y la montaña.

Todas las ciudades capitales de las diócesis iniciaron casi simultáneamente aquella marcha hacia la independencia a fines del siglo X y principios del XI, cada cual basando su orgullo esencial en su respectivo pasado histórico y en sus tradiciones propias, en el poderío de su santo patrono, en las dimensiones y originalidad de sus monumentos, en la riqueza procedente de su actividad económica particular y en la abundancia de su población. Las condiciones generales favorecieron a las ciudades del centro y norte de Italia, ya que el emperador, lejano y a menudo débil, no podía impedirles que usurparan sus derechos de regalía; la contraprueba se manifiesta en la evolución de las ciudades del sur de Italia, especialmente Nápoles, Amalfi, Gaeta, Salerno, que, teóricamente sometidas al emperador bizantino, fueron las primeras en dirigirse con paso firme hacia la autonomía, pero la conquista normanda, seguida del establecimiento de un fuerte poder ducal y luego real, quebró para siempre las esperanzas de una administración independiente a fines del siglo XI. A mediados del siglo XII, todas las ciudades capitales de las diócedsis de la parte central y septentrional de Italia habían llegado a un grado mayor o menor de autonomía, manifestado por su organización en comunas reconocidas por el emperador y por la dominación más o menos completa de su diócesis o campaña.

Enseguida resulta que las fuerzas no son iguales: algunas ciudades poco pobladas, de una campaña exigua o pobre, sin gran actividad industrial o comercial, se retiran desde el siglo XII del primer plano de la escena; las más fuertes continúan la lucha, a la vez de competencia económica y de empresas bélicas, agrupándose en alianzas hostiles; y poco a poco, a lo largo de los tres siglos que siguen, en cada región, las menos vigorosas o las menos felices pasan al rtango de las utilidades: las cabezas de las alianzas opuestas son las únicas que conservan ambiciones rivales hasta que una de ellas vence por fin y domina a toda una provincia, a la cual se esfuerza por organizar como un Estado sometido.

En Toscana, que se dividía en diez diócesis, diez ciudades episcopales habían tomado la delantera hacia la grandeza: en el norte Pisa, Luca, Pistoya, Florencia, Fiésole, Arezzo; en el sur Volterra, Siena, Massa Maritima y Grosseto, con tierras malsanas y poco pobladas, estaba condenada a vegetar a la sombra de sus poderosas vecinas, pero que Siena y sobre todo Florencia se elevaban, en cambio, al nivel de Luca y de Pisa, originariamente las más poderosas. Durante el siglo XIII, Arezzo, Volterra y Pistoya quedaron relegadas al segundo plano. Durante el siglo XIV, por distintas razones, lo hicieron Pisa, Siena y Luca. Finalmente en el siglo XV, Florencia, que ya había absorbido a Fiésole, se apoderaba de Pisa y de Volterra: era prácticamente dueña de toda Toscana, donde ninguna de sus antiguas rivales podía ya oponérsele…

Indice
Introducción
I- De la ciudad romana a la comuna medieval
II- La comuna de Florencia se afirma en Toscana (1125-1175)
III- Florencia se convierte en la principal comuna de Toscana y en un centro económico internacional (1175-1293)
IV- Gobierno exclusivo de la burguesía de negocios y comienzo del humanismo (1293-1434)
V- Florencia, centro del humanismo en la época del predominio de los primeros Médicis en la república (1434-1494)
VI- La crisis florentina en el momento de las grandes transformaciones mundiales (1494-1530)
VII- Florencia, capital del gran ducado de Toscana, bajo el principado de los Médicis (1530-1737)
VIII- El despertar bajo el despotismo ilustrado de los grandes duques de la dinastía de Lorena (1737-1859)
IX- Florencia, capital del reino de Italia (1865-1870)
X- Florencia, capital intelectual y artística de la Italia unificada (1871-1963)
Bibliografía sumaria