El Corredor, de Karl Manders

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Ed. El Aleph, año 2007. Tamaño 21.5 x 14 cm. Traducción de Miguel Martínez-Lage. Estado: Excelente. Cantidad de páginas: 318

El Corredor, de Karl MandersEl corredor inicia con la presunción de haber sido escrita en un dialecto del holandés por un autor llamado Konstantin Blok y
traducida por Karl Manders, y cuenta dos historias extraordinarias aunque distintas: la de un padre y la de su hijo. La guerra
los separa y pierden toda esperanza de volver a reencontrarse. Estas historias confluyen y el contraste entre una y otra muestra
un verdadero pathos: el padre, un comerciante de éxito, intrépido, honorable y tal vez algo descarado, entra en Alemania para ver
con sus propios ojos qué está sucediendo en un tiempo en que, sin que él esté al corriente de ello, los rusos se preparan para
«liberarla».

Entretanto, el hijo supone que su padre ha muerto y se convierte en alguien introvertido e inquieto, que sólo encuentra cierta
paz en practicar largas carreras de fondo. Y así comienza un viaje con giros extraordinarios –aunque totalmente creíbles– en el
que lo que parecía imposible, el encuentro entre padre e hijo, acaba por ser inevitable.

Manders describe los distintos caminos que se han visto obligados a seguir el exitoso industrial Cornelius y su hijo apodado
cariñosamente como Dolboy, que al igual que el autor también fue separado de sus padres y criado por sus tías como consecuencia
del conflicto bélico.

“Ambos personajes viven esta separación de manera distinta. En el caso del hijo, él no es consciente de que está separado de su padre,
pero en cambio para saber quién es y poder reconocerse necesita encontrarlo”, apuntó el periodista, quien ha trabajado para prestigiosos medios como The Guardian o Nature.

“En cuanto al padre, éste tiene una posición muy diferente -añadió-, porque la reclusión en uno de los campos de trabajo estalinista
le arrebata un poco la vida y sólo puede aceptar el camino que le ha tocado seguir, penetrado de castigo, sufrimiento y pena”.

A pesar de que Dolboy es un personaje inventado, tiene varios aspectos de la infancia de su creador, entre los que destaca “un carácter impulsivo, su amor por el atletismo o la colección de polillas que aparece en el relato”, manifestó el autor británico.
Precisamente, “el título original de la novela en lengua inglesa es Moths (Polillas) porque lo que quería transmitir -manifestó- es que
la vida de la gente es tan efímera como la de un insecto”.

En la versión castellana, en cambio, se ha optado por titular la primera publicación de Manders por la otra característica que define a su personaje central: su afición por correr a través de los campos y de los bosques oscuros.

Sobre el autor
Karl Manders vivió una infancia complicada causada por la participación de sus padres en la Segunda Guerra Mundial y fue criado por una de sus tías. A los doce años era un experto entomólogo y un corredor dotado. De joven trabajó en una rudimentaria empresa de pinturas en la que manipulaba pigmentos venenosos, hasta que decidió dar un vuelco a su vida y dedicarse al periodismo, oficio que ha ejercido durante más de cuarenta años en publicaciones como The Guardian, The Sunday Times, Nature, New Scientific y Reader’s Digest, entre otras.