Yo Perón, de Enrique Pavón Pereyra

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Ed. M.I.L.S.A, año 1993. Tamaño 22 x 14,5 cm. Estado: Usado excelente. Cantidad de páginas: 446

Yo Perón, Pavón Pereyra161De todos mis trabajos, ninguno se me ocurre tan ambicioso, tan estremecedor y, a la vez, tan increíble como “YO PERON”.

Desde hace cuarenta años vengo reuniendo los testimonios de esa odisea. Contra lo que podría suponerse, el protagonista no es un hombre sino un pueblo, que sobrevive luego de la caída de su institutor.

Los sucesos de esta crónica histórica tienen lugar, efectivamente, en el Paraguay, Venezuela, Santo Domingo y España. Pero las consideraciones esenciales, poseen en la República Argentina la respuesta sincrónica a través de la simbiosis ideal que establecen los argentinos y su líder.

Durante esas cuatro décadas me dediqué a la tarea de investigar, interrogar, examinar y evaluar antecedentes y memorias conexas con mi propósito. Tampoco he omitido el examen prolijo del “lugar de los hechos”, munido de los testimonios directos de los colaboradores que escoltaron a Perón en su interminable expatriación. Esta es la epopeya de un hombre librado a las peripecias de la adversidad, enfrentado a un destino que le ha retirado su apoyo. Y al final, contra las previsiones, emprenderá la ascención definitiva como protagonista de la historia.

¿Qué ingredientes novedosos ofrece “YO PERON”? ¿En qué consisten sus aportaciones sustanciales, las que autorizan al protagonista a quedarse con las apuestas adversarias?

En primer término, cuento con casi la totalidad de las anotaciones cotidianas del propio Perón, -la “ayuda memoria imprescindible en los contactos humanos”-, aparte de cuantas comunicaciones, borradores, correspondencia llevada en mano, tal como lo exigía la censura rigurosa. Además del pensamiento édito, me han transmitido su memoria quienes lo entrevistaron en los refugios sucesivos, contactos que a menudo reflejaban exigencias políticas insoslayables o vínculos de profunda amistad. Estos encuentros favorecían su juego dialéctico, su sarcasmo a veces corrosivo, y un humor que le permitió sobrevivir al agravio y no verse salpicado por la difamación o la injuria. Todo ese material de primer orden está enlazado con la propia, subjetiva e hipercrítica visión del protagonista sobre cuantos personajes demandaban su atención o impresionaran sus sentidos.

Al comienzo de los casi once años en que nuestra presencia osciló entre lo continuo y frecuente, ya desarrollaba una actividad intelectiva portentosa: más de medio centenar de gobernantes y ministros del continente americano, sin excluir el Canadá ni el Caribe, requerían a diario su consejo y su asesoría en el rubro de las relaciones internacionales; empero, él había optado Por servir la causa de los Pueblos a despecho de la moral utilitaria o de determinadas ofertas de los países hegemónicos.

Yo Perón, Pavón Pereyra162Es oportuno destacar que ninguno de los prohombres americanos del presente siglo podría parangonarse a Perón, que respondía con su conducta personal en todas sus acciones; de ahí, de esta identificación coherente entre medios y fines dimana el milagro de su rara vigencia, de su innegable actualidad. Se observa ahora que trabajó para el futuro. El pertenecía al porvenir, a una raza antigua, donde vivir o morir, incluso el oficio del hombre, era ejercido con naturalidad. Aunque señor de multitudes, padeció una infinita soledad. A lo largo de medio siglo influyó más que ninguna otra personalidad política americana sobre la conciencia de los sumergidos. Miles de veces multiplicó los panes y los peces para saciar el ancestral hambre y sed de justicia de sus descamisados.

Perón poseía una naturaleza republicana y despreció todas las trampas tendidas por la sensualidad del poder. Pese a ser el gran elector y de haber acrecido con el correr de los años la cuota de confianza pública que se le dispensaba a su voluntad, prefirió ajustar al dictado de las leyes el capítulo de las aspiraciones y no se permitió designar sucesor alguno para reemplazar su persona. En el transcurso del exilio sobrevivió sin holguras económicas, sin quejarse ni lamentar ingratitudes, que hubieran sido justo denunciar. Ni la escasez de medios, ni las dificultades de su hogar modificaron su talante de austeridad y contralor de los gastos; por el contrario, dio más de una muestra de su rechazo por los bienes materiales, quizás temiendo caer en la trampa que la fortuna suele tender a quien favorece. Si nos atenemos a la pasión y aún al fanatismo que despertó a su paso, sus virtudes carismáticas sobrepasaban con holgura el odio de sus impugnadores.

Mi compromiso visceral era no morirme antes de concluir este libro.

He navegado entre la novela y la historia. Ex profeso remarco que a Perón le obsesionaba la visión histórica de su figura y que la intensa búsqueda de esa perspectiva, señaló la meta de cuanto ambicionaba. Relata Perón su existencia ante sí; asimismo, remarca la significación de su trayectoria olímpica que le toca asumir y que coincidía con ese humor acre de quien no se muestra resignado, o con su naturaleza psicosomática en constante ebullición.

Se brindan aquí las claves íntimas de su polifacética personalidad, también trasluce su pudor de hombre público y, más que nada, la aceptación de haberse equivocado, en graduación constante, en esta cruelísima confesión en mitad de la noche.

En “YO PERON” el conductor prodiga autocríticas y persiste en la aceptación de un destino superior en esto a sus méritos propios.

Enrique Pavón Pereyra

INDICE
Prólogo
I- Un chico como cualquier otro (1893-1910)
Para ir aclarando: 7 de octubre de 1893
Una familia de inmigrantes
Años de peregrinación: El calor del hombre de la tierra fría
El ejemplo de un cóndor
“Para aprender siempre hay tiempo”
II- ¿Hace falta destruir al hombre? (1911-1929)
Al toque de diana: La pedagogía de los bárbaros
Los bípedos implumes: “El sindicato más fuerte y mejor organizado”
Ingreso al Regimiento 12 de Infantería
Poderosos, ciegos y torpes
“… Un ejército de muchachos humildes”
III- Los años de la Escuela de Guerra (1926-1930)
Reflexiones sobre la guerra. Estudiar para la paz
La democracia sin poder
Sentando cabeza
La forja de un conductor
IV- El compromiso político del ejército (1930-1943)
Un juguete del destino
En los pueblos de frontera
Más allá de los Andes
Misión en Chile
Misión en Italia
Por sacarme de Buenos Aires…Mendoza
Organizando el “sindicato”: El G.O.U
V- No se puede improvisar una revolución (1943-1945)
La Argentina de 1943
La Revolución Nacional
Un 4 de junio
Un lugar estratégico
El gran oidor
Evita: una mujer imprescindible
Construyendo el poder
Trabajo y destino: hacia octubre
1945: la primavera llegó más tarde
El Partido Laborista: Sólo una herramienta
VI- Por voluntad del Pueblo (1946-1952)
Primer gobierno: El fervor popular y el nacionalismo económico
La labor política de Evita
La conspiración oligárquica
La Tercera Posición Internacional
VII- Un nuevo voto de confianza (1952-1955)
Tiempos difíciles
Segundo Plan Quinquenal
Los enemigos de adentro y de afuera
La formación de la cultura nacional
La cuestión con la Iglesia Católica
De junio a setiembre: La posición política de la Iglesia
VIII- El memorial del exilio (1955-1960)
Al pie de la cañonera
Mi patria guaraní
El destino incierto de un avión
A orillitas del canal
Regalo de Navidad
Siempre necesité una mujer
Cómo y dónde aparecieron los restos de mi Evita
Una mancha más al tigre
Los apresurados ¡f.
De avión en avión
En tierra de Bolívar
Ultimo destino americano
Cada vez más lejos
IX- Exilio y resistencia (1960-1972)
Casi un retorno
Uno contra todos
Conducción y militancia
Instrucciones a Isabel
El retorno tan temido
X- El retorno (1973-1974)
El hombre sabe tanto como recuerda
Plan de un gobierno de emergencia
El modelo argentino y la integración universal