Vlad, de Carlos Fuentes

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Ed. Alfaguara, año 2015. Tamaño 24 x 15 cm. Estado: Usado excelente. Cantidad de páginas: 112

Hacia 2010, Carlos Fuentes (México, 1928-2012) toma la posta del vampirismo y le pone cuerpo con esta novela breve.

Yves Navarro, joven jurista de cuarenta años de edad, padre de Magdalena, una niña de 10 años, y esposo de Asunción, recibe un comprometido encargo de su jefe el señor licenciado Don Eloy Zurinaga. Este anciano dueño del despacho de abogados en el que trabaja le encomienda una misteriosa misión:

“—Navarro, quiero hacerle un encargo muy especial.
—Un viejo amigo mío, desplazado por las guerras y revoluciones, ha perdido sus propiedades en la frontera húngaro-rumana
Mi amigo y yo somos de la misma edad. Imagínese, estudiamos juntos en la Sorbona cuando el derecho, así como las buenas costumbres, se aprendían en francés.
El caso es que mi viejo amigo ha decidido instalarse en México. Ya ve usted con qué facilidad caen las generalizaciones. La casa señorial de mi amigo data de la Edad Media y sin embargo, aquí lo tiene, buscando techo en la Ciudad de México….”

El misterioso personaje no es otro que Vladimir Radu -Conde Vladimir Radu, quien transforma la finca adquirida con reformas tendientes al aislamiento de la luz. El conde viaja acompañado de un breve séquito, su mayordomo Borgo y una misteriosa niña de nombre Minea.

“Voivod, príncipe, Vlad el Empalador iba a la muerte en vida soñando con los vivos en muerte, los moroni, los nosferatu, los strigoi, los varcolaci, los vampiros: Drácula, el nombre que secretamente le daban todos los habitantes de Transilvania y Moldavia, Frahas y Valaquia, los Cárpatos y el Danubio…”

El mismo Drácula, amigo de su atávico jefe, dispuesto a echar raíces en la ciudad de México con sus más de veinte millones de personas, potenciales víctimas de sus necesidades. Desde el primer contacto con el personaje comprobará el desdichado abogado el resquebrajamiento de su vida tal como la conocía, en una demolición incesante y brutal de su estabilidad y de su entorno afectivo.

Se convierte en una víctima a merced de las apetencias y caprichos del visitante, un inconsolable títere de su poder y de la terrorífica iniquidad de sus acciones.

Una obra breve y sencilla, con apenas un puñado de personajes, en un audaz reciclaje de los paradigmas del género vampírico.