Octavio Colis. Ir o venir 2003-2005

Precio y stock a confirmar
Ed. Cultural Rioja / Ayuntamiento de Logroño, año 2006. Tamaño 28,5 x 24,5 cm. Ejemplar dedicado por el autor. Incluye 177 reproducciones a color y blanco y negro sobre papel ilustración. Estado: Usado excelente. Cantidad de páginas: 138

Octavio Colis Ir o venir400Esperamos que esta sala hiera su sensibilidad, por Miguel Del Valle-Inclán

Cuando se va a ver la obra de un artista contemporáneo es mejor, creo, ir con las precauciones del que acude al envite del trilero: hay casi siempre gato encerrado y si no lo hay, mala cosa; es que ni siquiera hay bolita bajo la nuez.

Por mi escasa experiencia en esto de tratar con artistas sé que se les pueden coger cariñosamente las manos, mirarles fijamente a los ojos, hablarles confiadamente, escucharles con largueza y no tener temor alguno a encontrar en ellos no digo ya un átomo, un fugacísimo quark de verdad. Son los mamíferos con mejores dotes para el camuflaje y el disimulo, por encima de la liebre y la jineta. Pero es más peligroso, mucho más, asomarse a lo que hacen: los artistas nunca dicen verdades, sea eso lo que sea. Son los que las hacen. O las inventan. O las fabrican. O lo que es peor, los que anuncian las verdades de pasado mañana. No es cosa fiarse; “pasado” y “mañana” no tienen sentido juntos. Ni lo tiene hacer verdades, inventarlas o fabricarlas. Desconfíe. Tienen gato.

¿No me cree? Eso es que no está casado/a con un/una artista, o no es hijo/a de alguno/alguna o no trata desde hace años a un espécimen. Con el roce constante se adivina su verdadera piel, bueno, al menos la más profunda, la de debajo de sus escamosas habilidades.

Octavio Colis Ir o venir401Sigue sin creerme, claro. Pues esta es una buena oportunidad para el roce; pase y vea.

Dicen que esta exposición se titula “Ir o venir”. De acuerdo, vale. ¿Pero Vd. ve a alguien en estas telas que vaya o venga? Yo no. Veo paisajes desérticos, rocas, viento, cuevas, o*las, nubes, mar… Sí, es cierto que aparecen a veces unos seres minúsculos, identificables como humanos, pero no parece que se muevan mucho. Más bien da la impresión de que los zarandean los elementos, o que son hormigas atravesando un erial infinitamente mayor que ellos. Y además, en algunas telas aparece una red que los atrapa. No parece el relato de un viaje. Nadie llega. Ni sale. Se limitan a vibrar un poquito como pegados a una cuerda tensa y tan larga que se sale de la urdimbre del cuadro, tan larga que su período sería mayor que la vida de uno de esos seres pequeñitos y les parecería, pegados a ella, que se trasladan enormes distancias sin haber hecho otra cosa que oscilar en su frecuencia. Fijos a otro marco mucho más grande. O a una gigantesca tela de araña movida por el viento. Pero sin tener siquiera el consuelo de la araña, al fin.

Sé positivamente que los primeros dibujos y las primeras ideas de lo que se ve aquí aparecieron con las fugaces visiones de inmigrantes huidizos que se escondían donde podían tras llegar sobre unos maderos mal ensamblados a las playas de Canarias. Para ser exactos a una isla desértica y casi desierta que se llama, para más INRI, Graciosa. Y sí que es verdad que en algunos momentos puedes imaginar que esos hombrecillos vapuleados por los elementos, atrapados en la red o rodeados de vacío, son inmigrantes pero no hay manera de confirmarlo. Son demasiado invisibles, demasiado pequeños o son sólo trozos o manchas en el reflejo del agua.

Octavio Colis Ir o venir402Hay unas inquietantes cabezas que podrían ayudarnos porque las vemos en primer plano. Pero carecen de rasgos que las identifiquen o que nos permitan adjudicarles un origen. Sin señales de individualidad alguna, como si de lo más individual de cada uno se hubiesen arrancado los rasgos distintivos para que pudiera ser cualquiera. Y están metidas hasta la nariz en lo que les rodea sea agua, viento, roca, o lo que sea. Hundidas, hieráticas como los atrapados en arenas movedizas queriendo no moverse.

Como los que nos prestan sus ojos para ver desde dentro de las cuevas. Es uno de los pocos sitios en los que nos dejan a salvo de la amenaza de estar hundidos, ahogados, a pique o quemados y rotos por las rocas y el sol. A costa de no saber quién es el que está dentro, qué le rodea o de quién es esa mirada con la que vemos en primera persona. Mirando fijamente la entrada, la espalda contra la pared, atentos sólo afuera. ¿De dónde podría venir el peligro si no es de ahí? Me intranquilizan más esas cuevas que las cabezas. Debo ser el que está dentro o, como mínimo, lo veo igual que el que está dentro. No es un refugio estable, no hay fuego, ni luz, ni calor, ni compañía; es sólo un escondite, un lugar oscuro que me protege de la vista ajena, durante un tiempo corto, supongo. Tan escaso como lo poco que me deja ver su boca y tan fugaz como el tiempo que tardaré en darme cuenta de que su protección no es más que mi miedo rodeándome por todas partes, protector como siempre.

Acepto que si estas pinturas fuesen fotogramas de un celuloide pasando veloces o lentos ante nosotros podrían dar la impresión de recopilar las etapas, fases o jornadas de algo parecido a un viaje. Pero no sabría decir cuándo empieza y cuando acaba ese movimiento. No se sabe de dónde ni a dónde. Parecen los gajos de una esfera que invitan a injerirlos una y otra vez apareciendo de nuevo, iguales, a cada vuelta. Y lo de ir o venir sólo depende del giro que le imponga. Es sólo una cuestión de palabras, nada que ver con los hechos.

Octavio Colis Ir o venir404Si fueran o vinieran habría algo de alegría o de entusiasmo en alguna de las jornadas. Y no hay ninguna. Ni van ni vienen, al menos queriendo. Como no hay ni alegría ni entusiasmo en la ruta del barco negrero. No saben de dónde salen, ni saben adónde ni cuándo llegan. El viaje del esclavo no termina nunca. Están a merced de lo que haya en el giro que toque. Como la hojarasca o las algas en la playa.

Porque tampoco merecen en estas estampas solidaridad alguna. Y esto ya me escama. Si fueran otros, esclavos que no podemos ser nosotros, esclavistas porque nos lo pedimos primero, habría alguna solidaridad en la esquina de alguna pincelada. Ni una. Nada. ¿Puede ser así de crudo? Sé que eso del arte comprometido (la equitación protestante, que decía Borges, el Infame) pasó hace años y no cabe esperar verlo en un artista contemporáneo. Pero es raro en este artista que en su cartilla de ING (Individuo No Gubernamental, no se confundan) tiene la mención “Solidaridad: Probada”. Debe ser que si habla de otros se ha amputado, queriendo, ese registro. Igual que ha quitado lo bonito, que tampoco es del arte contemporáneo, cosa que no deja de molestar a los que ven arte desde el siglo pasado. Y es que en las raíces de este arte hay una desmesurada ambición de realismo, de ser más realistas que los realistas, porque el realismo ya no lo es y sólo podemos verlo como engaño, si es que alguna vez fue visto de otra forma.

Es moderno eso de amputarse cosas antes de empezar a hacer algo: escribir sólo con palabras que tengan la letra i, por ejemplo, pintar cuadros de un solo color, ver todas las visiones de un sólo y mínimo acontecimiento. Ejercicios de estilo, parecen. O fotos de un satélite mecánico, anónimo, frío, que sólo capta una longitud de onda y un pedazo de lo que ocurre cada vez que pasa. Para ser exacto, nítido, sin que el realismo lo emborrone.

No hay de qué quejarse. El artista es contemporáneo, como Vd. o yo, y es normal que su trabajo sea el resultado de muchas amputaciones sucesivas, precisas, pragmáticas, como lo somos Vd. o yo, ¿no? A lo mejor busca un lenguaje en el que nos entendamos todos los tullidos. Quizá sea que sólo comunican algo las miradas y sobran las palabras, los guiños incluso, los gestos: no tenemos ya con qué. Quizá ni para qué.

Octavio Colis Ir o venir403Tampoco hay rastro de héroes o de epopeya. Y eso no me llama la atención. Sólo hay héroes cuando hay individuos identificables que podamos poner en pedestales, peanas si son menores, y sólo hay epopeya cuando los héroes hacen algo por su propia voluntad. No cuando los llevan y los traen, anónimos, como en manadas, fuerzas superiores que ni siquiera sienten indiferencia por ellos. Tan lejos del sentimiento como las rocas. Tan lejos de la humanidad como ese ahogado, reflejo temblón del sol en el agua, cerca de lo que parece el dintel de una cueva que sirve, al final, de refugio y de sarcasmo.

Sí, claro, pudieran ser inmigrantes. Pero desconfíe: estos perversos trileros son capaces de meter a cualquiera que les mire bajo el ir o venir de su nuez.

INDICE
Esperamos que esta sala hiera su sensibilidad, por Miguel Del Valle-Inclán
IR O VENIR
Obras
OCTAVIO COLIS (Logroño, 1948), por Rafael Lassaletta
1- Notas sobre la vida y la obra de Octavio Colis
-Las tres escenas fundacionales de Ir o venir
-Los caminos de Octavio
2- Comentarios de Octavio Colis sobre su obra gráfica
3- Comentarios de Octavio Colis sobre Naturaleza muerta
4- Comentarios de Octavio Colis sobre el Libro de la vida de Emiliano de Bergegio. Sueños, Tentaciones y Milagros
5- Comentarios de Octavio Colis sobre Madridedía Madridenoche
6- Comentarios de Octavio Colis sobre la monografía Vida de Emiliano de Bergegio
7- Comentarios de Octavio Colis sobre El vino y los 5 sentidos
8- Lo que han escrito otros sobre Octavio Colis

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