Muerte en fuga y otros poemas, de Paul Celan

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Ed. Ultimo Reino, año 1989. Tamaño 21,5 x 11 cm. Selección y traducción de Rogelio Bazán. Estado: Usado muy bueno. Cantidad de páginas: 90

“La poesía está siempre en camino”, dice Celan; otro tanto podríamos decir del poeta…Este, como cualquier hombre, está estrechamente unido a un de de dónde, que es el lugar de su procedencia. El país natal de este poeta fue Czernowitz, en la Bukowina, un país donde estaba viva la tradición jasídica y su historia, a la cual Martin Buber le había influido un aliento renovado. A asta herencia paterna, Celan habría de añadir otra, extraña, pero no menos importante para su futuro literario: las enseñanzas del simbolismo, en particular las de Mallarmé, y una corriente de esa escuela que al transfomarse aparece con el nombre de surrealismo. Gravitó en él además, y no tememos equivocarnos, una tradición particular de la lírica alemana que comienza con Hölderlin, pasa por Rilke y por Trakl, para desembocar finalmente en Celan.

No pretendemos insinuar que hay aquí un pleno y fructífero comienzo, cuyo punto de partida sería Hölderlin, para decaer luego hasta agotarse en Celan. Simplemente nos parece divisar en este último un proceso de inversión, “un cambio de respiración”, que desplaza el poema a un plano donde, si bien corre el peligro de un fatal estrechamiento, también puede salir de allí con una nueva perspectiva y recuperadas fuerzas. Veamos en qué sentido (la palabra sentido toma aquí la significación que le da Celan: “sentido direccional”, “dirección”) puede darse lo anteriomiente dicho.

Conocidas son las dificultades que presenta la poesía actual. El poeta no las desconoce, por el contrario, en dos discursos, uno pronunciado en ocasión de conferírsele el premio literario de la ciudad de Bremen, y el otro con motivo de haber recibido el premio Georg Büchner alude a las mismas. Con relación al “oscurecimiento” propio de la lírica actual, recuerda la frase de Pascal: “Ne nous reprochez pas le manque de clarté car nous en faisons profession”. A ésta, se suman las dudas del artista en la elección de las palabras, a la vertiginosa caída de la sintaxis y al uso que deberá hacer de la elipsis. Hay otra particularidad de esta poesía, hasta ahora desconocida: su tendencia al enmudecimiento.

Todas estas exigencias de una poética que procura ir hacia algo desconocido, se observan en la obra temprana del poeta, y se acentúan en su poesía posterior. En sus dos primeros libros: Amapola y memoria y De umbral a umbral, encontramos una irrupción de deslumbrantes imágenes, en las que descubrimos -como Beda Allemann lo ha señalado- la influencia del surrealismo, con su tendencia a la acumulación de sorprendentes metáforas. En los libros tardíos y los póstumos, estas coruscantes imágenes van menguando en aras de un despojamiento donde se destacan los nombres aislados y los verbos preferentemente copulativos. Allemann recuerda un poema del libro “Presión de la luz” (Lichtzwang) que dice: “Lívido de voces, desde / la profundidad desollado: / ninguna palabra, ninguna cosa, / y único nombre de las dos”. En estos versos hay una flagrante paradoja, pues de ceñirse literalmente a lo dicho, se desemboca en una contradicción: “ninguna palabra, ninguna cosa,/ y único nombre de las dos”. El crítico alemán discierne que al recurrir a esta doble negación “se gana una posición que abarca a las dos: ‘el nombre'”. Incluso rememora unas palabras dichas por Celan en el transcurso de una conversación mantenida por ambos en la primavera de 1968: “palabras devienen nombres”.

De este modo se elimina la predicación, no hay propiamente un “poetizar”, sino que el decir aspira a un puro nombrar, del cual tanto han hablado los poetas y críticos de nuestra época. El nombre se ilumina, se destaca en media de ese ensombrecimiento que le permite brillar con una luz más intensa. En el poema “Habla tu también” del libro De umbral a umbral, leemos: “Da a tu palabra también el sentido / dale las sombras”. Estos versos pueden ilustrar el discurso de Bremen, cuando después de advertir que el lenguaje permanece “no perdido…a pesar de todo”, agrega que el poeta a falta de una respuesta inmediata “debe ir a través de las innúmeras tinieblas del discurso portador de muerte”. Las sombras de la palabra, lejos de amenguarla o aniquilarla, le permiten resplandecer en torno de ellas, es más: para que haya un decir, un nombrar, es menester ese juego de luz y sombra, que en manera alguna se presenta como una contradicción dialéctica susceptible de ser remontada, sino como una tensión de opuestos, un fluctuar entre el Sí y el No, que constituye el “todavía no” del poema. No insistiremos sobre esto pues es abordado con encomiable precisión por Beda Allemann en el “epílogo” de este libro.

El poema es una manera de presentarse, de aparecer el lenguaje, que tiene la particularidad de manifestarse en forma dialógica. Le es necesario un tú, un volverse hacia algo que está enfrente. Pero, ¿este diálogo puede establecerse de manera inmediata, con un tú fácilmente discernible? En el discurso de Bremen, para evidenciar las dificultades de un diálogo semejante, recurre a la conocida figura de la “botella al mar” o correo de botella, en el cual las esperanzas de entablar un diálogo son escasas, pues la botella se arroja ignorándose su posterior destino y su posible destinatario. Ante la incertidumbre que se genera, Celan responde de una manera cauta, eludiendo una respuesta categórica. La botella, el diálogo buscado, se dirige: “A algo que está abierto, ocupable, asentado quizás sobre un tú, a quien se dirige la palabra, a una realidad apelable”. Cuando recibe el premio Büchner, insiste sobre esa característica dialogal del poema: a menudo entre el apelante y el compareciente (o apelado) se produce una inversión y el diálogo se torna desesperado. El diálogo abre un espacio, en el cual se constituye en primer término un algo, al cual se ha dirigido la palabra y que se reúne allí con el yo que la ha dirigido; el apelado, a su vez, trae consigo su ser otro, el cual no está desprovisto de extrañeza frente al yo. Sólo bajo condiciones de incomunicabilidad y cercanía con ese otro tiene lugar el diálogo. La poesía entraña siempre la pregunta por un a-dónde y un de-dónde; debido a ese sentido direccional, al cual antes nos referíamos, la poesía es un “permanecer abierto” y “un no llegar a un fin”. Si bien Celan descarta la posibilidad de una poesía absoluta, piensa que aún la más modesta poesía conlleva la exigencia de esa pregunta.

El modo de acercarse del poema a ese preguntar -el cual abre a su vez nuevas interrogaciones- tiene lugar por medio de sus imágenes. “La poesía -anota Celan- es el lugar donde todos los tropos y metáforas quieren ser llevados ad absurdum“. Esto conduce a una investigación de los tropos, la que sólo puede realizarse bajo la luz de un explorar en la Utopía (u-topía), y sólo bajo esa luz podrá intentarse una exploración del hombre y de la criatura. La posibilidad de llevar lo poético cerca de “algo abierto y libre” es también la posibilidad de ganar la proximidad de la utopía.

La poesía siempre está en camino y muchos son los caminos que se abren ante ella. El poeta pregunta si acaso esos caminos no son sólo rodeos, “caminos en los cuales el lenguaje se torna sonoro”, verdaderos encuentros con un yo percibido. “Esbozos del existir (Dasein) quizás, propias anticipaciones de sí mismo, en la búsqueda de sí mismo…Una manera del regreso”.

Estas últimas palabras nos llevan a lo dicho en el comienzo. Toda poesía, todo verdadero poeta, termina regresando a su origen. De allí que Celan escriba: “También busco, pues en realidad estoy otra vez allí, donde comencé, el lugar de mi propio origen”.

“Busco todo esto con impreciso, impaciente dedo sobre el mapa -sobre un mapa infantil…”

Es posible que en ese lugar no haya nada, ni siquiera exista el lugar, pero la tarea poética es buscar siempre, buscar ese camino de lo imposible, buscar el paso que lleva a ese camino y sólo la poesía va conduciendo al poeta cuando va a su encuentro. En el discurso pronunciado en oportunidad de recibir el premio Büchner, Celan termina diciendo: “Busco algo -como el habla- inmaterial, peso mundano, terráqueo, algo de forma circular, sobre los dos polos de lo que a sí mismo regresa…busco un Meridiano”

La imagen del Meridiano nos acerca al sentido de su decir poético. “En él se encuentra lo que se halla por separado”, dice Allemann, pero además el meridiano es el círculo máximo que pasando por ambos polos, divide la tierra en dos hemisferios, los que quedan alternativamente iluminados o ensombrecidos según el sol alumbre uno u otro hemisferio. El meridiano es portador de luz,
pero también de sombra. Luz y sombra contenidos en el poema, los que necesariamente se oponen y se complementan.

Da a tu palabra también el sentido:
dale las sombras

INDICE
Nota preliminar, por Rogelio Bazán
Nota biográfica
POEMAS
Una canción en el desierto
Candela
La mano plena de horas
Chopo
La arena de las urnas
El banquete
Ojo oscuro en septiembre
Chanson de una dama en la sombra
Elogio de la lejanía
Tarde y profundo
Corona
Fuga de muerte
En Egipto
Cristal
Estoy solo
Los cántaros
Por la noche
La más blanca de las palomas
Sueño y sustento
Yo oí decir
De dos en dos
El huésped
Epitafio para François
Asís
Ojo del tiempo
Te vemos
Los vendimiadores
Tenebrae
Lecho de nieve
Matière de Bretagne
Estar a la sombra
En los ríos
Soles filiformes
Salmo
Estrechamiento
POEMAS PÓSTUMOS
Todas las formas
Precipitado
La nada
El lugar del trombón
Cambio de lugar
Lo extraño
Tú estás afuera
Pequeña noche
Como yo
Los polos
Sobre la poesía de Paul Celan, por Beda Allemann
NOTAS