Mala onda, de Alberto Fuguet

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Ed. Planeta, año 1991. Estado: Bueno. Cantidad de páginas: 298

Mala onda, de Alberto FuguetMatías Vicuña abandona a su pesar el edénico sol de Río de Janeiro y su impetuoso romance con Cassia para volver, con el resto de sus compañeros del viaje de promoción, al territorio “apestoso” y ajeno de su ciudad natal, Santiago de Chile.

Allí comienza un furibundo y solitario viaje hacia sí mismo, en una metrópoli distorsionada por el toque de queda militar y los excesos noctámbulos estimulados por el falso bienestar económico de 1980, donde la hipocresía es regla general y la “mala onda” impregna y reina con sus tentáculos invisibles. En los frívolos gestos de rebeldía y diferenciación de sus amigos, en el habla descarnada que los identifica en la noche, por encima del estruendo de la música disco y los rebotes dialécticos de un plebiscito inútil, Matías se hunde en busca de fondo: algo verdadero, alquímico, arrollador.

Fuguet escribe en el lenguaje de la tribu, sin concesiones al lector pudibundo o al devoto del diccionario. Mala onda es una inmersión en los signos febriles que activaron los ochenta y una panorámica de los espasmos que los mantuvieron eléctricamente vivos.

Sobre el autor

Alberto Fuguet (Santiago; 07 de marzo de 1964) es un periodista, escritor y cineasta chileno.

Su familia se fue a Estados Unidos poco después del nacimiento de Alberto, que vivió en Los Ángeles (California) hasta cumplir los 11 años de edad. Llegó en 1975 a un Chile sitiado por la dictadura de Augusto Pinochet. El quiebre que eso significó -ni siquiera hablaba español- lo hizo volcarse al mundo de los libros como una forma de conocer su nuevo idioma e incorporarse a un núcleo social radicalmente distinto al que conocía. En varias entrevistas ha comentado que el primer libro que leyó en español fue Papelucho, de Marcela Paz, que más tarde sería una tangencial pero importante influencia para la construcción del protagonista de su primera novela.

Tras estudiar un año de sociología, se titula en periodismo por la Universidad de Chile. Columnista, crítico de música y cine, novelista y guionista, Fuguet ha influido en muchos escritores contemporáneos gracias a su oposición al realismo mágico latinoamericano y por su apuesta por una literatura más real y urbana. Latinoamérica, para él, no se trata de “tucanes parlantes y abuelitas volando” (imagen caricaturezca que tienen los extranjeros acerca de la literatura del cono sur del continente), sino de una realidad más fuerte que ha tratado de plasmar en sus textos.

Muestra de ello es la recopilación de cuentos de varios autores McOndo, que editó él mismo y que dio origen al grupo literario del mismo nombre. Esto, además de sus constantes referencias a la cultura pop norteamericana (cine, rock y televisión), han hecho que sus detractores lo llamen “extranjerizante”, cosa que no ha disminuido su influencia. Su prosa ágil, llena de referencias, ha sido creada gracias a su aguda observación del habla urbana, además de su dominio del inglés como lengua que habló durante su infancia.

Su primer libro de cuentos, Sobredosis (1990) fue todo un éxito en su país natal, pero su consagración llegó con su novela Mala onda, que trata de un joven santiaguino y sus vivencias bajo un Chile dominado por el régimen de Pinochet. A esta le siguieron Tinta roja y Por favor, rebobinar, una novela sorprendente por su estructura y sus personajes. Todos sus personajes pertenecen al mundo metropolitano de Santiago. En 2003 lanzó su libro semiautobiográfico Las películas de mi vida, en la que un sismólogo analiza su vida mediante los filmes que lo han marcado. La novela gráfica Road Story, basada en un cuento de Cortos y ilustrada por Gonzalo Martínez, se publicó por Alfaguara en 2007 y es tal vez la primera novela gráfica chilena emitida por una casa editorial importante. Ha destacado, desde principios de la década de 1990, como punta de lanza de la llamada Nueva Narrativa Chilena.

En 1999, Fuguet fue elegido por la revista Time y la CNN como uno de los 50 líderes latinoamericanos del nuevo milenio.
Su novela Tinta roja fue llevada al cine en 2000 por el peruano Francisco Lombardi. Uno de los sueños del escritor siempre fue dirigir su propia película, cosa que logró en el 2005, con Se arrienda (ya había escrito el guion original de Dos hermanos, dirigida por Martín Rodríguez). La película, con Luciano Cruz-Coke y Francisca Lewin en los papeles principales, relata la historia de un joven semiadulto que enfrenta los conflictos propios del abandono del hogar paterno en la edad intermedia, las primeras decisiones profundas y una que otra desilusión. Fue parte de una ola de nuevo cine chileno que incluyó a Play de Alicia Scherson, En la cama de Matías Bize y Fuga de Pablo Larraín. La banda sonora de Se arrienda fue compuesta por Andrés Valdivia y Cristián Heyne.

En 2011 ganó el premio al mejor largometraje nacional en el Festival Internacional de Cine de Valdivia con Música campesina. Comentando su éxito, declaró: “Nunca quise ser escritor, siempre quise ser cineasta. Y creo que ahora lo logré”.
En una entrevista dada en noviembre del mismo año, Fuguet adelantó que su cuarto largometraje se llamará Sudor, lo rodará en Iquitos y su coguionista y protagonista será Pablo Cerda.

Fuguet había pensado escribir una secuela de Mala onda, cuya primera parte debía entregar a mediados de 2011 de acuerdo a las condiciones de la Beca de Creación Literaria del Consejo del Libro que había ganado para esos fines, pero renunció finalmente a la nueva novela, que incluso tenía ya título: Matías Vicuña, como el personaje de la obra que le dio fama. Él explica así su decisión de abandonar el proyecto: “No me veo escribiendo ni terminando esa novela. Matías Vicuña ya cambió la voz. Me interesaba hablar del hoy y no siento que el personaje pueda llegar a hablar del hoy”. Antes Fuguet había pensado llevar la novela al cine, e incluso alcanzó a rodar algún episodio.
Ha estado a cargo del Diplomado en Cultura Audiovisual Contemporánea de la Universidad Alberto Hurtado, dirigido a guionistas y gente que trabaja en cine.