Un fusil y una canción. La historia secreta de Hierque Mapu, la banda que grabó el disco oficial de Montoneros, de Tamara Smerling y Ariel Zak

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Ed. Planeta, año 2014. Tamaño 23 x 15 cm. Estado: Nuevo. Cantidad de páginas: 256

Un fusil y una canción 001Por Roberto Baschetti

Mil novecientos setenta y tres fue seguramente el año que políticamente resultó más importante en mi vida. Sensaciones, intenciones y realizaciones se agolpaban sin solución de continuidad ante mis ojos, trepaban o se deslizaban por mis venas para movilizar mi corazón y luego-en el tiempobuscar refugio en la propia memoria. Primero la campaña electoral del Frente Justicialista de Liberación (comenzada en San Andrés de Giles, la ciudad natal del “Tío” Cámpora, el candidato peronista) en un tórrido día de enero. De la nada, más de 30.000 personas venidas de todas partes trituraron en mil fracciones la siesta provinciana y a voz de cuello proclamaron lo que todo el mundo sabía, que el voto peronista significaba: “¡Cámpora al gobierno, Perón al poder!”. Los tres primeros meses del año se movieron con ese mismo ritmo
frenético, alocado y de algarabía en aumento, a medida que se acercaba la contienda electoral y así fue como todo el país vio movilizaciones y actos multitudinarios donde la gente exteriorizaba su entusiasmo por Perón y sus candidatos. Las columnas compactas, fervorosas y organizadas pertenecían al sector más importante de Juventud Peronista que a partir de la campaña del “Luche y Vuelve” del año anterior estaba, no solo movilizada y en pie de guerra sino que además tenía lazos muy fuertes con las organizaciones armadas peronistas, fundamentalmente con Montoneros.

Las elecciones del 11 de marzo de 1973 demostraron que el Peronismo era por entonces invencible en una contienda electoral y el segmento de tiempo que a partir de aquel hecho fáctico, concreto, nos depositó en el gobierno fue inmediato. Un 25 de mayo la plaza llena vitoreó a sus candidatos electos, cantó el himno y la marchita “a capella”, saludó con fraternidad latinoamericana a Chile y Cuba socialistas, chifló a los yanquis y no les permitió a los integrantes salientes del gobierno de facto, realizar un desfile militar que tenía poco de patrio y mucho de provocación en caso de haberse concretado. Se tuvieron que ir en helicóptero (convengamos que por tierra, su retirada se hubiese convertido en un acto suicida) en tanto un coro de
desangelados –mirando el cielo y con los puños apretados- les gritaba con voz ronca un “¡Se van, se van, y nunca volverán!” que desgraciadamente no fue cierto.

Parecía que la felicidad era para siempre. Que la dictadura estaba derrotada, la
oligarquía cercada, el imperialismo en retirada forzosa y el socialismo nacional pronto a convertirse en una realidad que daría salud, trabajo y educación a la totalidad del pueblo argentino. Craso error. El gobierno de Cámpora duró 45 días y pasó a la historia como “la primavera camporista”. A partir de ahí todo fue marcha atrás. Un gobierno de transición impuesto por la derecha peronista con la anuencia de su Líder, depositó en la primera magistratura a un pelafustán –Lastiri, yerno de López Rega- que gustaba salir en la revista “Gente”, despatarrado sobre una cama “king size” exhibiendo libidinosa y desprejuiciadamente, su colección de corbatas de seda. Después elecciones presidenciales nuevamente: y Juan Domingo Perón haciendo
realidad el sueño de tres generaciones de argentinos: “¡Perón Vuelve!” para
ser presidente. Saca la mayor cantidad de votos que obtuviera un candidato
presidencial en la toda la historia electoral argentina: el 61,86% de los votos.
Nuevamente a creer, a pensar que es posible un cambio sustancial y definitivo
en la política argentina.

Nueve meses más tarde Perón fallece y el proyecto se hunde irremediablemente en manos de una inepta como era su mujer (“Isabel” Martínez), que asume la presidencia acompañada de una burocracia sindical y estatal que hace lo posible e imposible para asemejarse al patito criollo del dicho popular. Dirimen sus diferencias con la izquierda peronista con un grado de violencia que incluye bombazos a las unidades básicas de la tendencia revolucionaria del peronismo, persecución y apresamiento de sus integrantes y nuevamente el Terrorismo de Estado a partir de la creación y vigencia de la Triple A, que hasta el golpe cívico-militar del 24 de marzo del ’76 asesina a 683 personas, generando el miedo y el espanto entre el pueblo en general y
los trabajadores en particular. Hacen el trabajo sucio. Los militares “chochos”,
solamente esperan que se den las condiciones necesarias e inevitables para que
la opinión pública, harta de violencia, y reclamando orden y seguridad, los avale tácitamente para que gobiernen nuevamente. Recuerdo de forma puntual, una pintada que la militancia solía dejar en muros y paredes, y que se volvió, premonitoriamente exacta: “Las 3 Armas son las 3 A”.

Puede decirse sin lugar a equivocaciones que la presentación en el Luna Park el 28 de diciembre de 1973, de la cantata de Huerque Mapu sobre Montoneros y la Resistencia Peronista es el último acto de masas partidario donde la euforia, la alegría y el entusiasmo reinante, registran decibeles récord. Donde la impronta peronista en estado de naturaleza –combativa, contestataria, revolucionaria, esperanzadora, con fe en la victoria definitiva- se muestra en grado superlativo. Pibas y pibes entre 14 y 18 años que hacen la V de la victoria y tararean las canciones recién aprendidas: también nombran y corean consignas que tienen como protagonistas a Evita, a Perón, a Valle, a Fernando y Gustavo. Otros muchachos y jovencitas (ya veinteañeros o más) pero imbuidos de la misma fe revolucionaria alternan el “¡Montoneros, carajo!”, onomatopéyico y determinante con las estrofas agregadas a la Marcha Peronista donde se le jura a Perón y se recuerda “que en tu juventud guerrera no hay ni olvido ni perdón”. No faltan tampoco “los viejos” de la Resistencia y la generación intermedia; están contentos; no es para menos, la lucha que ellos comenzaron en forma desigual y minoritaria, hoy se revierte definitivamente, para desplegarse ante sus miradas, miles de voluntades que se
suman a “la causa”.

Agréguesele a este espectáculo que no deja una grada libre, un asiento vacío, un pasillo transitable, el retumbar de decenas de bombos y el agitar continuo de banderas y pancartas de las agrupaciones que allí están. Y en todas las partes del estadio, presente, bien presente, el pueblo peronista a pleno, aquel que se va organizando en sus lugar de asentamiento, en los barrios, en las villas, en los inquilinatos, gracias al desinteresado aporte de la J.P. y la J.U.P. cuyos miembros, recuérdese, ponen sus conocimientos universitarios en beneficio de los sectores más postergados de nuestra sociedad. Lamento no haber tenido en esos instantes una cámara fotográfica que pudiera reflejar para la posteridad todas esas caras luminosas, plenas, convencidas en el triunfo final.

Bien se dice más adelante, en este libro que prologo, que uno de los grupos
“teloneros” que van actuar con anterioridad a los Huerque, haciéndoles el aguante, son una murga, “Los Descamisados de Liniers”, todos pibes de ese barrio fronterizo con provincia de Buenos Aires, que se suman al proyecto de liberación nacional y social de nuestra Patria desde las filas de la Juventud Peronista. Yo fui con ellos las dos veces a Ezeiza a buscar a Perón, también todos juntos fuimos a llenar la Plaza cuando asumió Cámpora, luego, a pedir la libertad de los presos políticos aquel mismo 25 porque una de las promesas electorales del Peronismo, hecha consigna, era: “¡Primera ley vigente, libertad a los combatientes!” y hacíamos muy bien en recordar la palabra empeñada a algunos políticos nuestros expertos en “agachadas” y traiciones. Así que puedo decir sin exagerar un ápice como eran aquellos muchachitos, cada día, cada hora, en cada instante de su existencia. Daban la vida por Perón si eso hubiera sido necesario (como la dieron tantos otros jóvenes sin pedir nada a cambio), pero también eran solidarios, valerosos, arriesgados, íntegros, comprometidos con su Pueblo y con su Patria. Algunos trabajaban, otros
estudiaban, hay quienes hacían las dos cosas, pero todos le robaban tiempo al
tiempo, para poder militar y enfrentar a las dictaduras entorchadas de turno. Y
leían, y se formaban políticamente, y de madrugada iban a pintar paredes con
aerosoles y los domingos a la cancha donde tenían un acuerdo con la barra brava de Vélez (en donde todos se conocían del barrio) para repartir volantes entre los que estaban en las tribunas para hacer más rápido y efectivo el ya antes mencionado “Luche y Vuelve”.

De las filas de “Los Descamisados de Liniers” salieron compañeros como Rubén Stella, actor y luego secretario de Cultura de la Nación –que era primera voz y “alma mater” de la banda-, la compañera Delia Bisutti que fue diputada nacional y su esposo y querido y leal amigo, Marcelo Aníbal Castello, trabajador telefónico e integrante de Juventud Trabajadora Peronista, después secuestrado y desaparecido por la última dictadura cívico-militar que padecimos los argentinos.

Ellos ese 28 de diciembre, ese día de los Inocentes, hicieron cantar y bailar a los presentes en el Luna Park, preparándolos y motivándolos para lo que luego sería el plato fuerte de la noche. Aún recuerdo entre redoblantes y bombos, cuando interpretaron en ritmo de candombe aquel recitado picaresco de su autoría que llevaba por título “La Murguita” y que relataba el primer regreso de Perón a la Argentina:

“A todo el gorilaje la dolía la cabeza cuando se decía el Macho ya regresa/Algunos muy peludos se hicieron los cancheros, diciendo a todo el mundo que a “Perón no le da el cuero”/Y llego el 17, y llovía y llovía, lloraban a rolete, Lanusse y compañía/A Ezeiza ya llegamos, nos recibieron a balazos, no lo hicieron de machos, sino por el cagazo/Y el charter elegante que al General traía; en vez de un aeroparque encontró una taquería/Pero la bienvenida duró un fin de semana; los canas y los gorilas se la comieron doblada/Con bombos y alboroto se armó la joda loca; si quedó hecho un poroto, el carnaval carioca/Allá en Vicente López, en la casa del Líder; los muchachos gritaban: ¡Arriba Superpibe!/Y hubo un gran movimiento en las
veterinarias, los gorilas padecían alergia peronaria/Y Perón se fue a la China
para abrir un nuevo frente; y allá se canta de repente: ¡Pelón, Pelón o Muelte!/Después el General se fue a dar un paseíto; Lanusse gorilón pudo
tener un descansito/ Pero no lo dejaremos, lo vamos a joder; la cosa no
termina hasta la toma del poder”.

Estas y otras canciones murgueras ya habían sido cantadas con anterioridad, por los “Desca” durante la campaña electoral a comienzos del ´73 en clubes, ateneos, unidades básicas y parroquias; pero esa noche las repitieron ante un público calculado en más de 15.000 personas. Aprobaron con creces y se llevaron el caluroso aplauso de despedida del público presente.

Luego subió al escenario Huerque Mapu y todo lo vivido aquella noche se reproduce con exactitud y espíritu de época en el libro que tengo el gusto de prologar. Se trata de una historia completa del conjunto musical que nos ocupa, desde sus inicios hasta su final, desde la pre-historia de cada uno de sus integrantes hasta la disolución final como tal, como grupo, como entidad musical.

Libro atrapante del principio al fin, donde la tensión no decae en ningún momento. Además, bien explicado y mejor escrito, lo que son cualidades que no abundan; téngase en cuenta y valórese entonces, como un plus, como un valor agregado al mismo.

Tamara Smerling y Ariel Zak logran a través de su “opera prima”, de éste, su primer trabajo de investigación, recuperar del olvido y del anonimato, pero también del mito inconducente, a uno de los intérpretes más importantes de la canción política en Argentina: Huerque Mapu. A éstos, les bastó un solo disco –excelentemente cantado y provisto de arreglos virtuosos en cada una de sus 10 composiciones-, reflejando la lucha y el compromiso de los Montoneros, para quedar en la Historia, definitivamente, para siempre.

No es poco.

INDICE
Esos días luminosos, por Roberto Baschettiç
1- ¡Hijos de puta, los mataron!
2- La música en la sangre
3- Los Mensajeros de la Tierra
4- Una propuesta de Montoneros
5- Llegó la hora, compañeros
6- Las canciones de protesta
7- ¿Ya estamos en la clandestinidad?
8- La cárcel de Carabanchel: los espías del fútbol
9- Un largo viaje en barco
10- Las heridas siguen abiertas
Discografía y formación original de Huerque Mapu