Spartakus. Simbología de la revuelta, de Furio Jesi

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Ed. Adriana Hidalgo, año 2014. Tamaño 19 x 13 cm. Prefacio y cuidado de la edición de Andrea Cavalletti. Traducción de María Teresa D’Meza. Estado: Nuevo. Cantidad de páginas: 210

Spartakus, Furio Jesi028La muerte prematura a los treinta y nueve años del ensayista italiano Furio Jesi, en 1980, lo convirtió en un mito. Hacía años que este era el santo y seña de su obra. En la noción de mito convergen sus preocupaciones literarias, políticas y religiosas. El mito plantea, entre otras cosas, un modo diverso de vivir el tiempo, y esta es precisamente la materia de Spartakus.

La obra examina un mito forzado, el de una revuelta, el levantamiento espartaquista en la Alemania de 1919, que les facilitó a los involucrados otra experiencia del tiempo. Esa sublevación obrera terminaría con la desaparición y el bautismo de otro mito, la líder comunista Rosa Luxemburgo, que estaba en desacuerdo con sus correligionarios –con respecto al momento elegido para la insurrección– pero que prefirió ser fiel a la fuerza de las circunstancias.

Si se sigue la distinción del mentor de Jesi, Karl Kérenyi, esta clase de acontecimiento estaría más lejos del mito genuino y más cerca de la “tecnificación del mito”, inducida por intereses ideológicos. Ya en su libro Mito, Jesi advertía: “La máquina mitológica llega a ser un ingenio peligroso en el plano ideológico y político, y no sólo un modelo gnoseológico provisionalmente útil, cuando nos dejamos hipnotizar por ella”.

Desde la historia y la literatura, Spartakus se aproxima a un asunto con un cuadrante reversible: cómo se vive el tiempo, en privado y en público, y cómo puede verse revolucionado por una intensa intervención política. Sostiene Jesi: “La revuelta tiende a ser la intersección entre el eterno retorno y el de una vez y para siempre; y, en tal sentido, la revuelta espartaquista resulta especialmente emblemática. La dialéctica interna entre tiempo individual y tiempo colectivo se exterioriza en el instante de la batalla”. Aparecen, naturalmente, interrogantes afines: cómo se acelera el compás de las horas bajo ciertos sismos históricos y cómo opera la expectativa. Jesi define a la espera como “una de las modalidades más importantes de percepción del tiempo”, y discrimina entre revuelta y revolución, según si los objetivos son a corto o largo plazo. De acuerdo con Jesi, en ese vaivén de instancias un tiempo pasado puede iluminar como un proyector las sendas futuras: “La revuelta espartaquista de enero de 1919 se vuelve no un pretexto de ocasión, sino el fenómeno revelador de constantes y de elementos críticos referibles también a los movimientos insurreccionales actuales, en un sistema dialéctico orgánico”.

Una de esas recurrencias establece que “todo verdadero cambio de experiencia del tiempo es un ritual que requiere víctimas humanas”. ¿Participar o no del tiempo, hacerse presente? La experiencia sólo se da en el interior del tiempo y se trata de “una experiencia que involucra a todo el ser, y esa experiencia no puede darse sin cierto abandono”. Entrar en acción, políticamente, implica renunciar a quien se es: “El yo, en suma, es de veras partícipe del correr de la historia cuando logra identificar con él el curso de su destrucción y, por lo tanto, de su acceso al mito”. Al pasar, Jesi procura una de las definiciones más claras que puedan darse de un acto prestigiado y desolador: la militancia que se inmola. En la introducción a Mito, a propósito de Edipo en Colonos de Sófocles, Jesi delinea aún más este punto: “Todo cambio involuntario de las condiciones del héroe propone un enigma inquietante, puesto que induce a advertir la presencia de fuerzas que lo están batiendo y cuya epifanía se está realizando”.

Como el resto de la obra de Jesi, Spartakus está sembrada de frases a medias cifradas, resonantes. Y los ecos se multiplican. Significativamente, en Literatura y mito, en un texto sobre Entre mujeres solas, de Cesare Pavese, Jesi traza el umbral de un momento de acción decisiva: “la melancólica serenidad de quien sabe que debe moverse entre las propias iluminaciones personales y la verdadera epifanía colectiva del mito, del cual se participa sometiéndose a la ley que exigirá el sacrificio”. En Spartakus circulan conceptos de provechosa lectura y peligrosa aplicación. El análisis del costado operativo de la revuelta espartaquista es por momentos tan preciso que puede leerse como un manual de lucha.

A Jesi lo seduce especular que quizá Rilke haya entrevisto “en la historia la hipótesis de una ontología misteriosa”. Y podría pensarse que la autodefinición de Rilke como un “instrumento de fuerzas que lo trascienden”, al que Jesi retorna, arrima una descripción del accionar político, ciego o no. De una manera análoga podrían conectarse poesía y política cuando Jesi reescribe a Rilke: “El logro de la anonimidad perfecta es gracia”. El de Furio Jesi es un rarísimo caso de alguien con tanta penetración política como poética, aunque tuvo a mano como ejemplos a sus urgidos compatriotas Gramsci y Pasolini. Se vislumbra en Jesi la tentación de considerar el vivir políticamente como un modo de vivir poéticamente. Una idea potente y potencialmente demagógica, que esconde en su reverso fuerzas de difícil asimilación.

En el autor de Spartakus se trasluce por momentos cierta ingenuidad política, no como analista sino acaso como creyente. En el momento de señalar a la ciudad como escenario principal de la política, Jesi encarna sus postulados: sacrifica una visión íntima y le cede prioridad a una especie de arrobamiento colectivo. “Puede amarse una ciudad, pueden reconocerse sus casas y sus calles en los más remotos o entrañables recuerdos; pero sólo a la hora de la revuelta la ciudad se siente verdaderamente como la propia ciudad: propia, por ser el campo de una batalla elegida y que la comunidad ha elegido”, sostiene. Y añade: “Nos apropiamos de una ciudad huyendo o avanzando en la alternancia de los ataques, mucho más que jugando, de niños, en sus calles, o paseando luego por los mismos lugares con una muchacha”.

No es inusual que un ensayista ponga en marcha modos oblicuos de la autobiografía: “la melancolía del solitario puede volverse valerosa sólo si es penetrada por una forma de amor para los inaccesibles ‘otros’”. Lo curioso es que, en el momento de poner en escena una instancia de sesgo autobiográfico, la sacrifique en pos de un plural anónimo, un tanto embriagado como todo plural. (Escribir en primera persona del plural, dicho sea de paso, es elocuente de un período, tal vez por eso por momentos Spartakus se lee como fechado. Pero la verdadera literatura –la obra de Jesi está cerca de serlo– es pariente de la revuelta, permanece fiel a un momento particular y no planea en exceso; los que en literatura planean y proyectan generalmente obtienen resultados adversos). “La relación del sujeto con la zona de sí mismo que desconoce, la estrategia por la cual vive y elabora el propio secreto” –apunta Giorgio Agamben en un ensayo sobre Jesi– “determinan el rango y la sobriedad de su conocimiento.” Tal vez Jesi veía en la revuelta una posibilidad de desconocerse que condujera a otro tipo de conocimiento, que diera acceso a zonas calladas y asombrosas de uno mismo. Pero no tuvo margen, murió a los treinta y nueve años en un desafortunado accidente doméstico. La vida pretende que se interpreten –como ironía, o como lección– hasta los actos más estúpidos que comete. Y a cambio de una quita de tiempo –el destino impuesto carece de recursos creativos– recompensó a Jesi con lo que menos le servía en ese y en cualquier otro momento, volverse un mito. El único registro fílmico de Furio Jesi lo muestra caminando lento, entre árboles, en la nieve, único elemento capaz de admitir en su seno una muerte prematura.

INDICE
Prefacio, por Andrea Cavalletti
SPARTAKUS
Introducción. Subversión y memoria
1- La suspensión del tiempo histórico
2- Los símbolos del poder
3- Tambores en la noche
4- La inactualidad de la revuelta
APENDICE
Nota del editor italiano
Ficha editorial (Paratextos)
La traducción burguesa
-Capítulo 1
La traducción burguesa
-Capítulo 1. La dialéctica luz-tiniebla
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