Saber de la Gradiva en Freud, de Germán Leopoldo García / Gradiva, de Wilhelm Jensen

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Ed. Noé, año 1974. Tamaño 18 x 13,5 cm. Estado: Usado muy bueno. Cantidad de páginas: 110

El delirio y los sueños en la Gradiva de Jensen, publicado por Freud en 1907, es el producto de una táctica: afrmar, mediante un análisis específico, la determinación inconsciente de cualquier efecto de sentido. “Me gustaría hablarle también de la falta de interés y comprensión demostrada por mis amigos más íntimos -escribe ese año a Jung-, de mis períodos de ansiedad, durante los cuales llegué a creer que me había equivocado, preguntándome cómo podría enderezar aún, pensando en mi familia, una vida frustrada; de la certidumbre cada vez mayor que se aferraba a la interpretación de los sueños, como si ésta fuese una roca en medio de un mar tormentoso…”

También le cuenta que Jensen le ha escrito refiriéndole que el tema de la novela se le ocurrió súbitamente, que sólo conoce una reproducción del bajorrelieve al que llamó Gradiva y que se siente elogiado por la capacidad poética que Freud le adjudica: “Todo esto sugiere que un análisis continuado conduciría, remontando el curso de su infancia, a sus propias experiencias eróticas más íntimas. Así, y una vez más, toda esta cuestión no es sino una fantasía egocéntrica”.

En 1914 la “fantasía egocéntrica” tendrá nombre propio: se trata del narcisismo. En el análisis de La Gradiva, Freud pareciera estar de acuerdo con la “cura por amor” que el autor propone, pero en la introducción al narcisismo se descubre el obstáculo: “En la neurosis, el Yo, incapaz de realizar su ideal, quiere encontrar una posición narcisista eligiendo un objeto dotado de la excelencia que no ha podido alcanzar. Es ésta la curación por amor (…) su incapacidad de amar, resultado de sus represiones, es naturalmente un obstáculo para una curación de este tipo”. La exaltación del amor es, entonces, imposibilidad de amar y deseo de ser amado. Norberto, el personaje de Gradiva, cumple el deseo de ser curado por amor, mientras que para Freud -en el trabajo que le dedica- se trata de cumplir otro deseo: transformar al psicoanálisis en interlocutor de toda la cultura. Los poetas, las tradiciones populares, los antiguos…¡y el psicoanálisis! -nos dice- han sabido encontrar un sentido en los sueños e incluso “cierta relación de los sueños con el futuro, pues al término de una penosa labor interpretativa se mostró al sueño como un deseo del sujeto, que el fenómeno onírico le presenta cumplido, y nadie puede negar que los deseos humanos se orientan predominantemente hacia el futuro”. El destino es un deseo que se cumple, la marca de adversidad que lo caracteriza, delata al superyó como heredado de Edipo, fundando su poder en la culpabilidad…

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Saber de la Gradiva en Freud, de Germán Leopoldo García
Gradiva, de Wilhelm Jensen