Rumbo al sur, deseando el norte, de Ariel Dorfman

Ed. Planeta, año 1998. Tamaño 23 x 15 cm. Traducido del inglés por el autor. Nuevo, 384 págs. Precio y stock a confirmar.

En Narrar o describir, un ensayo que escribió en 1936 a propósito del realismo y el naturalismo, Georg Lukacs sostiene que “solamente la práctica humana puede mostrar correctamente la naturaleza de los individuos. Y solamente por esto resultan los individuos interesantes unos para otros y por esto son merecedores de que se los plasme poéticamente”.

La vida del escritor Ariel Dorfman es una muestra cabal de ello: es una vida que merece ser contada. Y es por eso que Rumbo al sur, deseando el norte se constituye en un relato épico contemporáneo fascinante, pero al mismo tiempo es una revisión sumamente crítica de un período en la historia de un continente y de la generación que lo protagonizó.

Este libro es una autobiografía, pero para su autor también es “un texto de autoayuda escrito para mí, para intentar responderme a mí mismo cómo llegué a lo que soy”. Y es que el camino que siguió en sus 56 años este hombre nacido argentino, chileno por adopción y residente estadounidense, es de una complejidad tan increíble que por momentos uno llega a dudar sobre la veracidad del relato. Pero en el tren de íntimas confesiones que Dorfman hará a lo largo de las casi cuatrocientas páginas de estas memorias, se despeja toda sospecha.

El relato está fuertemente marcado por un punto de inflexión en la historia personal de Dorfman, pero también en la Historia: el derrocamiento del presidente chileno Salvador Allende, el 11 de septiembre de 1973. Y se estructura, a partir del golpe de Pinochet, en diecisiete capítulos que, alternados, se acercan y se alejan de esa mañana de primavera en Santiago de Chile. En cuanto a la narración en sí, es la historia de un hombre –casi signado por un estigma familiar– que se debate entre una búsqueda voluntaria de su lugar (no sólo físico) y una serie de exilios tan involuntarios como dolorosos.

Así, Dorfman recordará sus orígenes como hijo de inmigrantes judíos, las sendas huidas de su madre de Kishiniov (hoy Moldavia) y de su padre de Ucrania, y la reunión de ambos en Buenos Aires, donde él nació. A partir de allí, comenzará su periplo. En ese viaje que parece eterno, Dorfman reseña los últimos cincuenta años de historia del continente americano: guerra fría, the american dream, la caza de brujas contra los comunistas, el hippismo, la revolución socialista planteada por Allende, las dictaduras militares latinoamericanas de la década del 70, los desaparecidos, la globalización.

La novela se inicia con un momento clave que dispara su memoria: el 11 de septiembre de 1973, en el Palacio de la Moneda, el Presidente Salvador Allende es derrocado violentamente; Allende muere y con él muchos de sus colaboradores más cercanos. Ariel Dorfman debería haber estado allí ese día; un cambio de horario con un compañero le salva la vida, el amigo muere. Esta señal de que él tenía que vivir lo marcará para siempre.

Dorfman arma una estructura impecable, y avanza con igual tensión en cada uno de los momentos temporales diferentes -va desde la huída forzada de Chile a su infancia, y desde allí a su exilio, primero a la Argentina, luego a los EEUU-.

En su testimonio de un fin de siglo intenso y angustiante, va de lo general a lo particular para dar cuenta de los signos comunes a nuestro tiempo: el desarraigo, las contradicciones ideológicas, la fragilidad e incertidumbre de la vida.