Metafísica (edición trilingüe griego-latín-español en 2 tomos), de Aristóteles

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Ed. Gredos, año 1970. Tapa dura. Tamaño 25 x 16,5 cm. EDICION TRILINGÜE GRIEGO/LATIN/ESPAÑOL. Traducción y notas de Valentín García Yebra. Estado: Usado excelente. Cantidad de páginas: 1020

La Metafísica de Aristóteles, al ocuparse de las primeras y verdaderas causas, puede ser considerada, de cierto modo ciencia de lo divino, ciencia teológica. La indicación expuesta al indicar la estructura dada al “Corpus aristotélicus” por Andrónico de Rodas, al colocar algunos escritos de Aristóteles “después” de aquellos en que se refiere a la Naturaleza – Physis; adquiere cierta trascendencia al analizar si, después de todo, la concepción aristotélica comprendía realmente una clara distinción de lo que actualmente se designa como “metafísica”, como una disciplina filosófica con identidad propia.

Existen quienes objetan ese concepto, señalando que la propia denominación de la Metafísica es posterior a Aristóteles; pero, sobre todo, que al igual que ocurre con otros rubros del pensamiento aristotélico que posteriormente se constituyeron en cuestiones filosóficas propias, el pensamiento del Estagirita no separó tan tajantemente, en sus reflexiones, lo actualmente designado como Física y Metafísica.

De todos modos, Aristóteles afirmó en algunos de sus escritos, una distinción entre “anterior” en el sentido de lo que es anterior por naturaleza, respecto de lo que es anterior para nosotros; y del mismo modo separó lo que es más conocido por naturaleza, de lo que es más conocido para nosotros.

En su Metafísica sostiene que hay una ciencia que estudia el Ser en tanto que ser y lo que le es propio; que no se confunde con las ciencias que estudian aquellas partes particulares del Ser. Esta ciencia investiga y busca alcanzar el conocimiento de los “primeros principios y las causas más elevadas”, estudia lo que es en cuanto es, y no una especie particular del Ser.

Aristóteles a la vez que hace un análisis crítico de la concepción de Platón acerca de que las ideas existen en forma separada de los entes físicos, sustenta que los entes individuales existen y no son meros reflejos de las ideas, sino que son captados por la inteligencia y es entonces que adquieren universalidad. Existe el Ser que es lo opuesto al no-Ser, a la vez uno y múltiple.

La cuestión del contenido de la metafísica en el pensamiento aristotélico queda planteada, en definitiva, sobre todo en función del pensamiento filosófico medieval, de los llamados “escolásticos” y principalmente de Santo Tomás de Aquino; que sin duda constituye el referente medieval de Aristóteles.

De lo que se trata, en definitiva, es de establecer una conclusión en cuanto a si los conceptos expuestos por Aristóteles, especialmente los referidos a la esencia y al primer motor, tienen un sentido ontológico y por lo tanto se mantienen en el ámbito de la realidad material a través de la búsqueda de un fundamento racionalmente inteligible del origen de todas las cosas; o si esa búsqueda termina por conducirlo al terreno de lo sobrenatural, y en consecuencia la metafísica necesariamente culmina en la teología y el intento de desarrollar el saber racional acerca de los primeros principios no da resultado, no se obtiene una conclusión racionalmente satisfactoria por lo que, o se renuncia a ello, o se desemboca necesariamente en la religión.

De tal manera, puede considerarse que el objeto de la metafísica sea la sustancia en cuanto se la piense abstrayéndola de lo material tanto como de lo inmaterial; o que lo sea el ente en su mayor grado de abstracción, ya sea que se incluyan en ello los “entes racionales” o que se los excluya por considerar que carecen de “entidad” real. Y asimismo, ya en una vertiente próxima a la teología, que el único objeto de la metafísica es “Dios”, ya sea que se lo conciba como ser real o como un ente inmaterial.

Tanto Aristóteles como Santo Tomás, definieron la metafísica como el estudio del ente en cuanto ente real, la ciencia del Ser en cuanto ser, sin considerarlo como el género supremo, sino como aquel ser que, por sobrepasar todo género, trasciende del mundo de lo físico.

La concepción de la metafísica oscila entre la que se ocuparía del estudio del Ser en toda su generalidad, dando lugar a lo que algunos denominan “metafísica general” ; o aquella cuyo objeto es el estudio del Ente principal, del cual dependen y están subordinados todos los demás entes, que para las concepciones cristiana es Dios, dando lugar a lo que también se denomina “metafísica especial” cuyo objeto es el estudio de temas tales como Dios o el alma…

Por Valentín García Yebra

Mi primera idea fue publicar una edición bilingüe de la Metafísica de Aristóteles, con el texto griego y la traducción española. Pero, al comprobar la dificultad de la versión española, siempre amenazada por los riesgos de una excesiva literalidad, que la haría casi ininteligible, o de una libertad sobrada, por la que fácilmente degeneraría en glosa o comentario, pensé que podría ser útil convertir la proyectada edición en trilingüe, incluyendo una traducción latina. La lengua de Cicerón suele ser para los estudiosos de la filosofía, al menos en España, más familiar que la de Aristóteles y, dada la proximidad sintáctica entre ambas, el texto latino podría facilitar la comprensión ceñida del griego. Por otra parte, las doctrinas aristotélicas hallar0n su eco principal y su desarrollo en el Tomismo y en la Escolástica, que en su época clásica fueron de expresión latina y llegaron al conocimiento del Estagirita no por el texto griego, sino a través de traducciones. También esta razón histórica abogaba por el trilingüismo de la edición proyectada.

Para proceder a la realización del proyecto había que establecer o seleccionar el texto griego, elegir la traducción latina y, a falta de una traducción española satisfactoria, intentar otra nueva.

Las ediciones del texto griego de la Metafísica anteriores al siglo XIX apenas conservan más valor que el histórico. Han quedado definitivamente superadas por las ediciones críticas modernas. El texto de la presente edición se basa fundamentalmente en el de W. D. Ross, quien no sólo se benefició de los trabajos de sus antecesores, sino que hizo muchas y muy valiosas aportaciones personales, fruto de su minucioso y penetrante estudio de varios códices, especialmente del Vindobonensis phil. gr. C., simbolizado por Ross con la sigla J. así como del comentario de Alejandro y dela traducción latina de Guillermo de Moerbeke. En algunos pasajes, sin embargo, me aparto del texto de Ross, ora modificando la puntuación, ora sustituyendo grafías, ora, finalmente, eligiendo variantes que o bien eran tradicionales y han sido postergadas sin una razón irrefutable, o que parecen dar un sentido más claro o más de acuerdo con el contexto. Estos cambios se justifican a veces, pero no sistemáticamente, en nota a la traducción española del pasaje correspondiente.

El más célebre de los traductores medievales de Aristóteles fue sin duda Guillermo de Moerbeke. No se conoce con certeza el lugar ni la fecha de su nacimiento, que debió de ocurrir hacia 1215, tal vez en Lovaina. Ingresó en la Orden de Predicadores, y residió algún tiempo en Grecia, de donde fue llamado a Roma para desempeñar en la Curia Pontificia, durante los reinados de Urbano IV, Clemente IV y Gregorio X, las funciones de Penitenciario y Capellán papal. En Roma conoció y trabó amistad con su hermano en religión Tomás de Aquino, quien le rogó que tradujera al latín obras de Aristóteles y de otros autores griegos. En cuanto a la Metafísica, ya en 1923 demostró F. Pelster, basándose en su descubrimiento de la Metaphysica Medie Translationis, que Moerbeke sólo tradujo por completo un libro de esta obra, el XI, limitándose a corregir la traducción ya existente de los otros. De las traducciones latinas del Renacimiento, las más conocida es la del Cardenal Besarión (1450).

La presente edición reproduce la traducción de Guillermo de Moerbeke para los libros I-XII, y la de Besarión para los libros XIII-XIV. La elección de la traducción de Moerbeke se apoya en razones de carácter histórico: fue la primera traducción latina completa de la Metafísica, y sirvió de base a los comentarios de Santo Tomás y otros grandes escolásticos. Si se confronta la traducción de Moerbeke con el original griego, se tropieza enseguida con numerosísimos pasajes en que el texto latino se aparta del aristotélico. El deseo de hallar la causa de tales desviaciones me movió a realizar un estudio minucioso de la traducción de Moerbeke, comparándola palabra por palabra con el original griego. Los resultados de tal estudio se recogen parcialmente en las Notas a la traducción latina, que siguen al texto trilingüe de la Metafísica.

El texto de Besarión está, como era de esperar, mucho más limpio de errores; pero tampoco en él faltan por completo, como puede verse en las Notas correspondientes.

Las Notas a la traducción latina van detrás del conjunto de los libros de la Metafísica contenidos en cada volumen; la del volumen segundo van seguidas del Vocabulario grecolatino de los libros I-XII según la traducción de Moerbeke. Al hacerlo, pensé que podía ser útil tanto a filósofos como a filólogos.

Una buena traducción de la Metafísica a una lengua moderna es sumamente difícil; constituye una empresa casi desesperada. La regla de oro para toda traducción es, a mi juicio, decir todo lo que dice el original, no decir nada que el original no diga, y decirlo todo con la corrección y naturalidad que permita la lengua a la que e traduce. Pero la aplicación simultánea de estas tres normas es, en la traducción de la Metafísica, casi imposible.

¿Qué decir, por último, de la belleza literaria de una traducción como ésta? Que sería absurdo pretenderla. El original carece de ella por completo. El traductor no debe intentar enmendarle la plana a Aristóteles; los méritos de la Metafísica son suficientes para que pueda presentarse en público sin ningún adorno y ganar la admiración de cuantos la miren atentamente.

INDICE
VOLUMEN I
Prólogo
Selección Bibliográfica
1- Metaphysicorum liber I (Libro I)
2- Metaphysicorum liber II (Libro II)
3- Metaphysicorum liber III (Libro III)
4- Metaphysicorum liber IV (Libro IV)
5- Metaphysicorum liber V (Libro V)
6- Metaphysicorum liber VI (Libro VI)
7- Metaphysicorum liber VII (Libro VII)
Notas a la traducción latina
VOLUMEN II
8- Metaphysicorum liber VIII (Libro VIII)
9- Metaphysicorum liber IX (Libro IX)
10- Metaphysicorum liber X (Libro X)
11- Metaphysicorum liber XI (Libro XI)
12- Metaphysicorum liber XII (Libro XII)
13- Metaphysicorum liber XIII (Libro XIII)
14- Metaphysicorum liber XIV (Libro XIV)
Nota a la traducción latina
Vocabulario greco-latino (Libros I-XII)