Los nogales del Altenburg, de André Malraux

Ed. Salamandra, año 1975. Tamaño 17,7 x 12,5 cm. Traducción de Víctor Goldstein. Usado muy bueno, 180 págs. Precio y stock a confirmar.

Combatiente en las guerras civiles de España y China, jefe del maquís en la Resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial, Malraux encarnó como escritor la aspiración humana de ser también un hombre de acción.

Malraux inició su actividad literaria en 1926 al mismo tiempo que mostraba su apasionado interés por las grandes transformaciones políticas de su época, sumándose a la revolución china de 1926. Llegó a España en mayo de 1936 como delegado de la Asociación Internacional de Defensa de la Cultura, en medio de un clima de gran efervescencia política y social. Su destino quedó atado al de la República hasta casi la finalización de la guerra, cuando unos días antes de la caída de Barcelona en manos de los nacionalistas, se vio obligado a abandonar España para no regresar jamás.

Escapado de un campo de prisioneros en 1941, dirige la brigada «Alsace-Lorraine» durante la liberación del suelo francés en la II Guerra Mundial. A partir de 1947, se une al general De Gaulle, quien lo nombrará Ministro del Interior y luego de Cultura entre 1958 a 1969. Como ministro, Malraux mezcla política de prestigio y obra social. No debe olvidarse que fue el pionero de las Maisons de Jeunes et de la Culture que marcaron profundamente la vida de los municipios y de los barrios en Francia durante varias décadas.

Pero la cultura de Malraux en materia de arte y su fraternidad con artistas de primer nivel (Matisse, Braque, Picasso, Giacometti) distinguen particularmente la obra del ministro: nombra en el Odeon a André Masson, en la Ópera de Paris a Marc Chagall, envía a la Gioconda de Leonardo da Vinci a Estados Unidos, restaura el Palacio de Versailles.

En el curso de su vida, marcada por tragedias personales (pierde a su esposa Josette Clotis en condiciones dramáticas, luego a sus dos hijos), trató con grandes personalidades del mundo político (Mao Zedong, John F. Kennedy y Jawaharlal Nehru, por ejemplo) y mantuvo un diálogo constante con grandes artistas como Pablo Picasso, Marc Chagall, Georges Braque, Maurice de Vlaminck, André Derain, Fernand Leger, Jean Cocteau, André Gide y Max Jacob, entre otros.

La presente novela fue escrita durante la Segunda Guerra Mundial y destruida por la Gestapo. Vuelta a escribir, narra la historia que se inicia en la catedral de Chartres el 21 de junio de 1940 donde el protagonista, Vincent Berger, se halla prisionero de los alemanes.

“Sobre mi cabeza, muy arriba, veo las grandes nervaduras góticas que se unen. Desde mi herida hasta las caderas, mis piernas convertidas en una vaina voluptuosa y paralizada se disuelven como en el campo de tréboles, cuando esperábamos los blindados enemigos. A mi lado, un tirador argelino mira, alelado, las moscas que van a posarse en su rostro y sonríe a su paja. Detrás de mi cabeza, voces cada vez más débiles hablan de traición…”.