Las amargas lágrimas de Petra von Kant, de Rainer W. Fassbinder

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MK Ediciones, año 1985. Tamaño 18 x 11,5 cm. Traducción de Sebastián Junyent. Estado: Usado muy bueno. Cantidad de páginas: 66

Por Leedor.com

Fassbinder quizás pueda ubicarse más cerca de Bergman que de Welles o Godard, la unidad de su obra está más en lo ético y lo político que en lo estético y formal. Es la voracidad por decir y mostrar todo lo que se tiene y lo que se sabe, es esa fe ciega en exponerse como único camino hacia lo verdadero lo que aparece en todas las obras de Fassbinder. Es su intransigencia con el mundo, con su sociedad, con sus personajes y con él mismo.

Si bien Fassbinder hizo una película, Las amargas lágrimas de Petra von Kant fue originalmente una obra de teatro. Todo transcurre en un único espacio: Petra permanece encerrada espacial y escenográficamente en su habitación/estudio; ese encierro se refuerza por el vestuario que la engrilla a las cadenas de su vestido, o la aprisiona por el cuello. La cámara se mueve permanentemente buscando la fluidez que las actuaciones no aportan, Petra, Karin, Sidonie y Marlene parecen copiar la rigidez de los maniquíes; son por la rigidez corporal con la que actúan solo estereotipos de mujeres.

Seis mujeres y varios maniquíes femeninos habitan la escena de Las amargas lágrimas…, pero toda la obra está bajo la advocación del desnudo masculino y las mujeres hostigadas por la ausente presencia de los hombres.

Se trata de una historia sobre la imposibilidad del amor, sobre el entrelazamiento de los sentimientos con el interés económico, el uso de poder, la necesidad de humillación, las influencias y mil etcéteras que se interponen en la circulación de sentimientos distorsionando su percepción y logrando la insatisfacción y la angustia.

Petra es una y es muchas. Despótica y sumisa al mismo tiempo, despierta con el poder de una reina que gobierna desde su cama; Marlene es todo su séquito; pero al mismo tiempo, desde su trono se inclina telefónicamente ante su madre. Los mandatos y deseos maternos son seguidos disciplinadamente, en acto o en mentiras, pero jamás cuestionados, nuestra reina es una niña.

La visita de Sidonie pone en juego dos discursos sobre el mundo amoroso, o tal vez habría que decir sobre los intercambios del orden afectivo entre los individuos. Sidonie es la mujer plenamente dominante de su personaje: conoce el mundo y las relaciones; no tiene ninguna ilusión; sabe lo que necesita del funcionamiento pragmático del mundo; hace lo que esperan de ella; consigue lo que quiere. Petra en cambio se ha corrido del personaje “femenino”, la crudeza y la claridad de sus palabras son de un tipo de mujer distinto al de Sidonie. Petra parece tener una claridad meridiana a la hora de analizar la recientemente rota relación con su ex marido: el reconocimiento, el dinero, la vulnerabilidad de lo masculino; la dominación. Petra está tan entera afectivamente como si lo que hubiese terminado fuese un experimento científico y no un matrimonio. Racionalidad, frialdad y poder.

Pero la aparición de Karin la descoloca; Karin hace surgir el deseo; el deseo y la sensación de poder hacen desvanecer la lucidez anterior. Petra se lanza a seducir a Karin y su arma principal es su prestigio, su poder, su dinero, las cosas que puede darle a Karin para que viva materialmente mejor y triunfe en su carrera de modelo. Petra no se ofrece, seduce a partir de su valor de uso y Karin acepta el negocio.

Karin ha jugado el papel de la desprotección; la vulnerabilidad; la falta. Petra se ha enamorado y desea ser amada, no ser solo parte de una transacción económico/afectiva como la que ellas han construido. La angustia y el malestar están en la génesis, en la estructura misma de la relación. Cuando Karin ha obtenido lo que Petra prometió que podía darle, sigue su marcha. Es fabulosa la puesta en escena de toda esta secuencia. Es Karin la que ocupa el centro de atención y de poder: la cama, la que es servida y la que tiene una actitud displicente con todo; igual que Petra en la primera escena. Los roles se han invertido. Petra se propuso como el amo, pero su deseo la coloca en la posición de esclavo.

Tras la angustia, Petra comprende casi tan lúcidamente como en el relato a Sidonie sobre la relación con su ex marido que no ha amado a Karin, que solo ha intentado poseerla, que todo ha sido una transacción disfrazada de afecto. El cambio de Petra se extiende más allá de Karin, ha comprendido también algo de su relación de dominación para con Marlene, a la que le propone construir otro tipo de vínculo, pero Marlene no lo desea, quiere seguir siendo esclava, por eso elige irse.

Es interesante la elección de la obra pictórica que contiene visualmente todo el desarrollo del relato: “Midas y Dionisos” de Nicolas Poussin. La pintura represente el momento en el que el Rey Midas le agradece a Dionisos –Dios del vino y el éxtasis en la mitología griega- el haberlo liberado del don que antes le había otorgado, el de convertir en oro todo lo que tocaba. Todas las relaciones humanas de orden “afectivo” que se ven o se relatan frente a ese cuadro del Rey Midas están mediadas por el dinero y el poder. Lo que permanece ausente en la obra es el sexo y la ternura.