La Revolución Teórica de Marx, de Louis Althusser

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Ed. Siglo XXI, año 1967. Tamaño 21,5 x 14 cm. Traducción e introducción de Marta Harnecker. Estado: Usado muy bueno. Cantidad de páginas: 206

Por Louis Althusser
Octubre de 1967

Aprovechando la ocasión de la reedición de este libro quisiera señalar, brevemente, mediante un análisis retrospectivo, el contenido filosófico y la significación ideológica de estos ensayos.

Pour Marx apareció en Francia en 1965 pero solo su prefacio fue escrito en esa fecha, todos los otros textos fueron publicados anteriormente, de 1960 a 1964, bajo la forma de artículos en revistas del Partido Comunista francés. Al reunirlos en este libro no se les hizo ninguna corrección ni rectificación.

Para comprender y juzgar estos ensayos es necesario tener en cuenta que fueron concebidos, redactados y publicados por un filósofo,
militante comunista, en una coyuntura político, ideológica y teórica precisa. Es necesario, por lo tanto, considerar estos textos como lo que teóricamente representan: ellos son los ensayos filosóficos, las primeras etapas de una investigación de largo aliento, por lo tanto, resultados provisionales que pueden ser rectificados. Esta investigación se refiere a la naturaleza específica de los principjos de la ciencia y de la filosofía fundadas por Marx. Sin embargo, estos ensayos filosóficos no surgen solo de una investigación erudita o especulativa. Son, al mismo tiempo, intervenciones de carácter político en una coyuntura definida.

I
Como se puede comprobar en el prefacio, se trata, primero, de la coyuntura teórica, ideológica y política francesa, más particularmente, la que existe en el partido comunista francés y en la filosofía francesa. Pero, más allá de la coyuntura propiamente francesa, lo que está en cuestión es la del movimiento comunista internacional.

Evidentemente, los ensayos que se van a leer no se refieren directamente a los elementos políticos de esta coyuntura (política de los partidos comunistas, escisión del movimiento comunista internacional). Se refieren a ella a través de los problemas ideológicos y teóricos surgidos en ella y producidos por ella.

II
Es en esta coyuntura precisa en la que han sido concebidos y publicados los textos que se van a leer. Es necesario referirlos a ella para apreciar su naturaleza y sus funciones. Son ensayos filosóficos que tienen por objeto intervenir en la coyuntura existente y reaccionar contra sus tendencias peligrosas.

Muy esquemáticamente diría que estos textos contienen una doble “intervención” o, si se prefiere, intervienen en dos “frentes” para
“trazar”, según la expresión de Lenin, “una línea de demarcación” entre la teoría marxista por una parte, y las tendencias ideológicas ajenas al marxismo por otra.

La primera intervención tiene por objeto “trazar una línea de demarcación” entre la teoría marxista y todas las formas de subjetivismo filosófico (y político) con las cuales habia estado comprometida o que la amenazan, antes que nada el empirismo y sus variantes clásicas o modernas: “voluntarismo”, “pragmatismo”, “historicismo”, etc. Los momentos esenciales de esta primera intervención son: reconocimiento de la importancia de la teoría marxista para la lucha de clases revolucionaria; distinción de las diferentes “prácticas”, poniendo en evidencia la especificidad de la “práctica teórica”; primeras
investigaciones acerca de la especificidad revolucionaria de la teoría marxista (distinción radical entre la dialéctica idealista y la dialéctica materialista), etc. Esta primera intervención se sitúa integralmente en el terreno de la confrontación entre Marx y Hegel.

La segunda intervención tiene por objeto “trazar una línea de demarcación” entre los fundamentos teóricos de la ciencia marxista de la historia y la filosofía marxista por una parte, y las ideologías idealistas premarxistas, sobre las cuales reposan las interpretaciones actuales del marxismo como “la filosofía del hombre”, o como el “humanismo”, por otra. Esta segunda intervención se sitúa fundamentalmente en el terreno de la confrontación de las Obras de juventud de Marx y El capital.

Estas dos intervenciones hacen aparecer una gran oposición detrás del detalle de los argumentos, del análisis de textos y de las
discusiones teóricas: la oposición que separa a la ciencia de la ideología, en forma más precisa, aquella que separa a una ciencia nueva, que se está constituyendo, de las ideologías teóricas precientíficas que ocupaban el terreno sobre el cual ella se establece.

Este punto es importante: lo que es tratado en la oposición ciencia/ideología concierne a la relación de ruptura entre la ciencia y la ideología teórica en la cual era “pensado”, antes de la fundación de la ciencia, el objeto del que ella da el conocimiento. Esta “ruptura” deja intacto el dominio objetivo, social, ocupado por las ideologías (religión, moral, ideologías jurídicas, políticas, etc.). En este dominio de las ideologías no-teóricas, hay muchas “rupturas”, pero ellas son políticas (efectos de la práctica política, de los grandes hechos revolucionarios) y no epistemológicas.

Esta oposición entre la ciencia y la ideología, y la noción de “ruptura epistemológica” que sirve para pensar el carácter histórico de esta oposición, suponen una tesis que, a pesar de estar siempre presente detrás de estos análisis, no ha sido, sin embargo, desarrollada explícitamente: la tesis de que el descubrimiento de Marx es un descubrimiento científico sin precedentes en la historia, por su naturaleza y sus efectos.

Efectivamente, conformemente a la tradición constantemente repetida por los clásicos del marxismo, debemos afirmar que Marx ha fundado una nueva ciencia: la ciencia de la historia de las “formaciones sociales”, para precisar diría que Marx abrió un nuevo “continente” al conocimiento científico: aquél de la historia, del mismo modo como Tales abrió el nuevo “continente” de las matemáticas al conocimiento científico, y como Galileo abrió el “continente” de la naturaleza física al conocimiento científico.

Agregaría que, en la misma forma en que la fundación de las matemáticas por Tales “provocó” el nacimiento de la filosofía platónica; de la misma manera en que la fundación de la física por Galileo “provocó” el nacimiento de la filosofía cartesiana, etc…La fundación de la ciencia de la historia por Marx ha “provocado” el nacimiento de una nueva filosofía teórica y prácticamente revolucionaria: la filosofía marxista o “materialismo dialéctico”. El que esta filosofía sin precedente se encuentre, desde el punto de vista de su elaboración teórica, todavía en retardo en relación a la ciencia marxista de la historia (materialismo histórico), se explica por razones histórico-políticas, y también por razones teóricas: las grandes revoluciones filosóficas van siempre precedidas, están siempre provocadas, por las grandes revoluciones científicas que se encuentran “puestas en práctica” en ellas, pero es necesario un largo trabajo teórico, una larga maduración histórica para darles una formulación explícita y adecuada. Si en los textos que se van a leer el acento se ha puesto en la filosofía marxista, es para constatar, a la vez, su realidad y su derecho a la existencia y también su retardo, y para comenzar a darle una forma de existencia teórica un poco más adecuada a su naturaleza.

III
Evidentemente, estos textos están marcados, y a veces lo están profundamente, no solo con ignorancias e inexactitudes, sino también
con silencios o semi-silencios. No es solamente la imposibilidad de decirlo todo a la vez, o las urgencias de la coyuntura lo que explica todos estos silencios y sus efectos. En realidad, yo no estaba preparado para tratar convenientemente ciertas cuestiones, no tenía claros alguhos puntos difíciles: el resultado de esto fue que no tuve en cuenta en mis textos, como debí haberlo hecho, ciertos problemas y ciertas realidades importantes. Coma “autocrítica” señalaré dos puntos especialmente importantes.

1- Aunque puse el acento en la necesidad vital de la teoría para la práctica revolucionaria, y aunque denuncié así todas las formas de empirismo, no traté el problema de la “unión de la teoría y de la práctica” que desempeña un papel tan importante en la tradición marxista-leninista. Ciertamente, hablé de la unión de la teoría y de la práctica en el seno de la “práctica teórica”, peso no abordé la cuestión de la unión de la teoría y de la práctica en el seno de la práctica política. Precisemos. No examiné la forma de existencia histórica general de esta unión: la “fusión” de la teoría marxista y del movimiento obrero. No examiné las formas de existencia concreta de esta “fusión” (organizaciones de la lucha de clase: sindicatos, partidos,
medios y métodos de dirección de la lucha de clase utilizados por estas organizaciones, etc. No precisé la función, el lugar de la teoría marxista en estas formas concretas de existencia: dónde y cómo interviene la teoría marxista en el desarrollo de la práctica política; dónde y cómo interviene la práctica política en el desarrollo de la teoría marxista. La experiencia me ha demostrado que el silencio hecho sobre estas cuestiones no ha dejado de tener influencia en ciertas “lecturas” de mis ensayos.

2- De la misma manera, aunque he insistido sobre el carácter teóricamente revolucionario del descubrimiento de Marx, aunque indiqué
que Marx fundó una ciencia nueva y una filosofía nueva, no precisé, sin embargo, la distinción esencial, entre la ciencia y la ideología. No mostré lo que, a diferencia de las ciencias, constituye lo propio de la filosofía: la relación orgánica de toda filosofía, en cuanto disciplina teórica, y en el seno mismo de sus formas de existencia y de sus exigencias teóricas, con la política; no mostré lo que, en esta relación, distingue la filosofía marxista de las filosofías anteriores.

Algunos aspectos de estos problemas son nuevos; otros se refieren a debates que pertenecen, desde hace mucho tiempo, a la historia
del movimiento obrero.

Si se consideran los elementos recientes de su coyuntura, el movimiento comunista internacional vive, después de la muerte de Stalin, dominado por dos grandes hechos: la crítica del “culto a la personalidad” realizada por el XXº Congreso, y la ruptura que se produce entre el partido comunista chino y el partido comunista soviético.

La denuncia del “culto a la personalidad”, las condiciones abruptas y las formas en que tuvo lugar, han provocado profundas repercusiones no solo en el dominio político sino también en el dominio ideológico. En las líneas que siguen consideraré solamente las reacciones ideológicas de los intelectuales comunistas.

La crítica al “dogmatismo” staliniano ha fido “vivida”, por los intelectuales comunistas antes que nada, coma una “liberación”. Esta “liberación” ha dado nacimiento a una reacción ideológica de tendencia “liberal”, “moral”, que ha encontrado espontáneamente los viejos temas filosóficos de la “libertad”, del “hombre”, de la “persona humana”, y de la “alienación”. Esta tendencia ideológica ha buscado sus garantías teóricas en las Obras de juventud de Marx que contienen, en efecto, todos los argumentos de una filosofía del hombre, de su alienación y de su liberación. Estas condiciones han provocado una inversión asombrosa de la situación en la filosofía marxista. Las Obras de juventud de Marx que desde los años treinta servían de
caballo de batalla a los intelectuales pequeño-burgueses, en su lucha contra el marxismo, se han puerto súbita y masivamente al servicio de la nueva “interpretación” que ha sido desarrollada actualmente por numerosos intelectuales comunistas “liberados” del dogmatismo staliniano por el XXº Congreso. El tema del “humanismo marxista”, la interpretación “humanista” de la obra de Marx, se han impuesto progresiva e irresistiblemente en la filosofía marxista reciente, al interior mismo del partido comunista soviético y de los partidos comunistas occidentales.

Si esta reacción ideológica, que caracteriza primeramente a los intelectuales comunistas, ha podido, a pesar de ciertas resistencias, conocer un tal desarrollo, se debe a que ha recibido el apoyo directo o indirecto de consignas políticas enunciadas por los partidos comunistas de la URSS, y del Occidente. Por su parte el XXII Congreso del PCUS ha declarado que, con la desaparición de la lucha de clases, la dictadura del proletariado habia sido superada en la URSS; que el Estado soviético ya no era más un Estado de clase sino un “Estado del pueblo entero” y que la URSS estaba comprometida en la construcción del comunismo, bajo la consiga “humanista”: “Todo para el hombre”. Por su parte los partidos comunistas occidentales han continuado su política de unidad con los socialistas, los demócratas y los católicos bajo consignas parecidas donde el acento es puesto en el “paso pacífico hacia el socialismo”, en el “humanismo marxista” o “socialista”, en el diálogo, ect.

Las interpretaciones “humanistas” de la teoría marxista que se han desarrollado en estas circunstancias definidas representan, en relación al pasado del período anterior (años 30 a 54), un fenómeno nuevo. Sin embargo, tienen numerosos precedentes en la historia del movimiento obrero. Marx, Engels, Lenin, para no citar sino a ellos, lucharon sin cesar contra las interpretaciones ideológicas de tipo idealista, humanista, que amenazaban a la teoría marxista. Basta recordar aquí la ruptura de Marx con el humanismo de Feuerbach; la lucha de engels contra Dühring; la larga batalla de Lenin contra los populistas rusos, etc. Todo este pasado, toda esta herencia forma parte, evidentemente, de la coyuntura teórica e ideológica presente en el movimiento comunista internacional. Para referirme a los aspectos recientes de esta coyuntura, agregaré la siguiente observación:

En el texto “Marxismo y humanismo”, que data de 1963, ya interpretaba esta inflación actual de los temas del “Humanismo” marxista o socialista como un fenómeno ideológico. No condenaba, de ninguna manera, la ideología como tal: en la ideología es donde los hombres toman conciencia de su combate de clase y lo llevan hasta el fin; la ideología es, bajo su forma religiosa, moral, jurídica y política, etc., una realidad social objetiva; la lucha ideológica forma parte orgánica de la lucha de clases. Pero, por el contrario, criticaba los efectos teóricos de la ideología, que representan siempre una amenaza o un obstáculo para el conocimiento científico; y señalaba que se debía interpretar la inflaci6n de los temas del “humanismo marxista” y su usurpación de la teoría coma el síntoma histórico probable de una doble impotencia y de un doble peligro. Impotencia para reflexionar sobre la especificidad de la teoría marxista, y peligro revisionista correlativo de confundirla con interpretaciones ideológicas pre-marxistas. Impotencia para resolver los problemas reales (políticos y económicos en el fondo) planteados por la coyuntura posterior al XXº Congreso y peligro de ocultar estos problemas bajo la “solución” engañosa de fórmulas puramente ideológicas.

La experiencia me ha mostrado que este semi-silencio hecho sobre estas cuestiones no ha dejado de tener consecuencias en ciertas “lecturas” de mis ensayos.

Pienso volver sobre estas dos importantes cuestiones, que están íntimamente ligadas desde el punto de vista teórico y práctico, en mis trabajos futuros.

INDICE
Prólogo a la segunda edición
Introducción, por Marta Harnecker
Advertencia del traductor
Prefacio: Hoy
Advertencia del autor sobre la terminología adoptada
I- Los “manifiestos filosóficos” de Feuerbach
II- Sobre el joven Marx (cuestiones de teoría)
El problema político
El problema teórico
El problema histórico
III- Contradicción y sobredeterminación (notas para una investigación)
Anexo
IV- El “Piccolo”, Bertolazzi y Breht (notas acerca de un teatro materialista)
V- Los “Manuscritos de 1844” de Marx (economía política y filosofía)
VI- Sobre la dialéctica materialista (de la desigualdad de los orígenes)
Advertencia del autor
1- Solución práctica y problema teórico. ¿Por qué la teoría?
2- Una revolución teórica en acción
La práctica teórica marxista
La práctica política marxista
3- El proceso de la práctica teórica
4- Un todo complejo estructurado “ya dado”
5- Estructura a dominantes: contradicción y sobredeterminación
VII- Marxismo y Humanismo
Nota complementaria sobre el “humanismo real”