La entrada abierta al Palacio Cerrado del Rey, de Ireneo Filaleteo

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Ed. 7 1/2, año 1980. Tamaño 20 x 13,5 cm. Estado: Usado excelente. Cantidad de páginas: 268

La entrada abierta al palacio cerrado del Rey324Por Juli Peradejordi

Las opiniones de los estudiosos no coinciden en decidir cual fue la edición princeps de la Introitus. Junto con la Novum Lumen Chymicum, del Cosmopolita, la Introitus Apertus ad Occlussum Regis Palatium es quizás el tratado alquímico más conocido en el Occidente moderno. Es también uno de los más enigmáticos tanto para los historiadores como para los aficionados a este tipo de literatura. Si se considera generalmente que la edición original fue la inglesa de William Cooper, in-8° London 1669, la primera fue la de un médico de Heidelberg, John Langius, que apareció en Amsterdam en 1667, también in-8°. Langius declara haberla traducido de un manuscrito inglés que Filaleteo le confió en 1666. No se ha podido comprobar la veracidad de tal afirmación, y tanto la edición de Cooper como la de Langius son famosas por sus errores y erratas, utilizándose con más confianza la magnífica edición latina de Lenglet du Fresnoy, de 1742.

Lenglet du Fresnoy afirma que siendo tan imperfecta la edición de Langius y estando Filaleteo vivo, le rogó que publicara su obra en mejor estado que la edición que acababa de aparecer. Si la versión francesa del mismo Lenglet du Fresnoy nos ha parecido incluso infiel y delatadora de una absoluta ignorancia acerca del Gran Arte, su versión latina nos ha resultado mucho más convincente que el resto de las versiones que hemos tenido ocasión de consultar, y hemos optado por usarla como base para esta traducción española. Hemos observado, por otra parte, que eruditos de la talla de Louis Figuier o Eugène Canseliet utilizan normalmente esta edición en sus citas, lo cual nos ha llevado a confiar más aún en ella. De todos modos, por medio de notas, hemos ofrecido al lector las variantes más sobresalientes que hemos observado entre el texto de Lenglet du Fresnoy y otras dos versiones. La primera de ellas, quizás una de las más utilizadas en Francia durante el siglo XVIII, es la de la Bibliothèque des Philosophes Chimiques de Guillaume Salmón (Paris 1754), que hemos abreviado con las siglas “B.Ph.Ch.”.

La otra es una traducción española que apareció en Madrid en 1727, realizada por Teófilo, seudónimo de F.A. de Texeda. Maxime Préaud, en su edición de la Introitus señala las variantes entre la versión de Lenglet du Fresnoy y las ediciones de Langius y de Cooper, y nos ha parecido que era inutil repetir aqui estas variantes, pudiendo el lector dirigirse a “L’Entrée ouverte au Palais Fermé du Roy” trad. M. Préaud. En lo que se refiere a las que nosotros señalamos, las diferencias son bastante abundantes y muchas veces los traductores añaden palabras o incluso líneas de cosecha propia. Notablemente el traductor de la Bibliothèque des Philosophes Chimiques, que es presumiblemente J.M. de Richebourg (utiliza las siglas de J.M.D.R.), traduce al mismo tiempo que explica e interpreta el texto de Filaleteo.

“Cuyo corazón o centro es un cuerpo puro” del original se convierte en “Cuyo corazón o centro es un cuerpo puro, es nuestro Mercurio, Oro solar, azufre y tintura del sol, Oro filosófico y germen del oro vulgar” (I-II).

Otro pasaje considerablemente enriquecido por este traductor tan discreto aparece en el Capítulo XX de la Introitus: “Entonces se hace nuestro Caos, a partir del cual, por mandato de Dios, nacerán todos los milagros del mundo, en el orden que les es propio”, se convierte en: “Propio, pues es el laberinto de las siete puertas, la hidra de las siete cabezas, la fuente de siete metales, el éter de los siete dones de sabiduría y de luz, el Globo de siete espíritus que influyen vida, el hogar de las siete iluminaciones o sublimaciones, la linterna mágica de las siete operaciones naturales, la Caja de los siete auríficos perfumes olorosos y saludables, y el habitáculo de todos los tesoros celestes en nuestro microcosmos”.

Notemos que todo este añadido no está ni en la edición de Teófilo ni en las de Langius y Cooper. Por su parte Teófilo, temeroso quizás de las hogueras inquisitoriales, pasa por alto algunos pasajes o los disfraza a fin de no llamar la atención de los rígidos censores. Cuando Filaleteo habla de Elias o de Israel, nuestro traductor se las arregla para que estas palabras tan sospechosas de judaizante no aparezcan en la traducción. De todos modos, en el capítulo XIII puede darse el gustazo de traducir la palabra Israelitas, ya que en el párrafo XXX se utiliza de un modo despectivo. Tampoco pierde ninguna oportunidad para ofrecernos su propia ciencia cuando en lugar de Sol y Luna traduce Oro y Plata, o cuando en el Capítulo II en lugar del caos, a secas, nos ofrece un “Chaos, o confusión de diversas cosas”.

En el mismo capítulo caduceus se convierte para el lector castellano en “caduceo o la Vara del Embajador de Paz”. Pese a estos alardes de Teófilo, sin embargo humilde y sincero al declararse “no adepto, sino apto escrutador del Arte”, hemos creído que una nueva traducción, más literal, más pobre en aportaciones personales por parte del traductor, pero más conforme a la latina, era necesaria en nuestro idioma. Si en algún momento hemos considerado oportuno poner algo de nuestra parte, alguna aclaración, nota de traducción o paralelismo con otros textos, lo hemos hecho mediante las notas al margen, señalando las variantes en la traducción al final de cada capítulo. Tales notas podrían multiplicarse, pero nos hemos limitado a poner las que hemos considerado necesarias, casi imprescindibles para el lector, muchas veces poco familiarizado con este tipo de textos. En cuanto a nuestra traducción, hemos respetado al máximo la literalidad del texto, algunas veces incluso en detrimento a la fluidez del castellano.

La Introitus ocupa un lugar especial entre las obras atribuidas a Ireneo Filaleteo. Es donde pueden entreverse más datos acerca del autor y es en la única donde se nos desvela el hombre al mismo tiempo que el Adepto. Siendo la mayoría del resto de sus obras apreciaciones y comentarios sobre otros autores, podemos considerar que la Introitus es la obra de Ireneo Filaleteo por excelencia. El medio para fabricar el Gran Secreto de la Filosofía Hermética, el fin último de la Alquimia que es la Piedra Filosofal, susceptible de ser utilizada como Medicina Universal tanto para el hombre como para los animales, vegetales y minerales, es la gran enseñanza de la Introitus. Esta era la medicina que buscaban los famosos “Hermanos de la Rosa-Cruz” del siglo XVII.

No podemos aventurarnos diciendo que Filaleteo perteneció a esta cofradía secreta, pero los paralelismos observables entre las enseñanzas de los verdaderos Rosacruces y la Introitus son muchos. Paracelso, el gran Alquimista alemán del siglo XVI, en su Libri duo. Unus de Mercuriis Metallorum, alter de Quintis E Essentiis, Colonia 1582, escribía en el capítulo VIII:

“Quod utilis Deus putefieri sinet, quod autem majoris momenti est, vulgo adhuc usque ad Eliae Artistae adventum, quando is venit…”

“A propósito de eso Dios permitirá que se haga un descubrimiento beneficioso de la mayor importancia, escondido todavía del vulgo, hasta el advenimiento de Elías Artista, cuando él vendrá…”

La entrada abierta al palacio cerrado del Rey325Algunos autores Rosacruces, Juan Valentín Andreae, por ejemplo, se refieren también a este misterioso Elías Artista, del que Filaleteo desea que su libro sea el precursor, aunque en el mismo capítulo declara que Elías Artista ya ha nacido. Sabemos, por el Sepher ha Zohar, que Elías es el ángel que desciende de cielo del que los kabbalistas reciben las revelaciones. En el Judaísmo rabínico, Elías es el guardián de la traición sagrada. Hasta ahora nadie ha señalado la posibilidad de que Filaleteo conociera el Zohar o los libros kabbalistas, pero el final del párrafo XV del Capítulo XIX de la Introitus, Filaleteo escribe que “Dios no estaba en el fuego ni en el viento, pero su voz llamó a Elías” probablemente tomado del libro de los Reyes, del que existe un curioso comentario en el Zohar. Si nuestro autor conocía la literatura kabbalística como podían conocerla otros alquimistas como, por ejemplo, Eugenio Filaleteo o Blaise de Vigenére, tenemos al menos que admitir que sus conocimientos de la Biblia son notables, refiriéndose a ella con frecuencia.

Filaleteo, que declara.ser un Adepto, podría citar en su libro a “todos los Filósofos”, lo que prueba un conocimiento y profundo y extenso de los demás autores, aunque, como él mismo escribe, no tiene necesidad de testigos. A pesar de ello, ya en este primer capítulo, cita a Geber, y las referencias a otros Filósofos son abundantes a lo largo del libro, donde vemos que nuestro autor conoce a Hermes, a Morien, a Bernardo el Trevisano, al Cosmopolita, que alguna vez cita como Sendivogius, a Artefius, a Kipley, a Flamel, a Augurelle y a Jean d’Espagnet, entre otros.

Si las concepciones y teorías que expone la Introitus, a parte de las citas que acabamos de ver, se encuentran también en otros autores, no podemos hablar de influencias externas propiamente dichas, como podría ocurrir en otro tipo de obras. Esta conformidad de teorías y símbolos servirá para hacernos ver que los verdaderos Filósofos están siempre de acuerdo. Hemos señalado las correspondencias más notables por medio de notas al pie de página, de modo que el lector interesado en profundizarlas pueda dirigirse a otros textos. Algunas de las referencias más claras a la Biblia están también señaladas, y el lector que se tome la molestia de consultar el contexto bíblico de estas citas obtendrá una mayor comprensión de la “Entrada abierta al Palacio Cerrado del Rey”

La vida y la obra de Ireneo Filaleteo constituyen una paradoja poco menos que indescifrable. Este personaje, que aparece en la historia de la Alquimia como el digno sucesor del Cosmopolita, a quien cita a menudo en sus obras, nació en Inglaterra a comienzos del siglo XVII. En el prefacio de La Entrada Abierta al Palacio Cerrado del Rey, nuestro autor se declara Adepto, Inglés de nacimiento, deseando ocultar su identidad bajo el seudónimo de Filaleteo. Afirma también haber escrito este tratado a los 33 años (23 en algunas variantes). Su nacionalidad queda confirmada por el último capítulo de la Introitus: “Firmo con el nombre de Ireneo Filaleteo, inglés de nacimiento, habitante del Universo” (XXXV-V). Para Lenglet du Fresnoy nació en 1612; esta afirmación, corroborada más tarde por Louis Figuier, se basa en el prólogo de la Introitus que, según él, fue compuesta en 1645, trigésimo tercer año de su edad.

Si la Introitus no fue publicada hasta 1667, su reputación así como la de Filaleteo eran ya grandes entre los aficionados al Gran Arte. Ya en 1654 apareció en Londres un tratado en versos en inglés titulado Medulla Alchemiae (La Médula de la Alquimia) cuyo autor pasaba por ser Ireneo Filoponos Filaleteo. Declaraba haber recibido de Filaleteo una provisión de polvo transmutatorio, instrucciones de como debía utilizarlo, así como varios tratados manuscritos entre los que se encontraba la Introitus. Aparecía en esta obra un prefacio firmado por Egregius Christo, que se presenta como el editor de las obras de Filoponos. Se supo pronto que el personaje que se ocultaba bajo el seudónimo de Egregius Christo era un tal Georges Starkey, nacido en las Bermudas hacia 1627 y que había vivido en Boston hacia 1650. Gracias a Starkey sabemos que Filaleteo vivió en América y que acostumbraba a trabajar en su laboratorio, donde produjo grandes cantidades de oro y de plata. Varias veces obsequió a Starkey y a su hijo con el producto de sus transmutaciones.

Starkey fue el autor de un libro titulado Pyrotecnia, editado en Londres en 1658, del que Robert Boyle emitió grandes elogios en sus Consideraciones sobre la utilidad de la Filosofía natural experimental (Oxford 1663). Esta obra fue traducida en 1706 por Jean le Peletier y editada en Rouen con el nombre de La Pyrotechnie de Starkey ou l’Art de volatiliser les Alcalis. El nombre de Starkey pasó a la historia por ser el descubridor del jabón de trementina. Padeció grandes dificultades financieras, lo que hizo que sus acreedores lo llevaran a los tribunales y fuera encarcelado. Murió en septiembre de 1665 en la epidemia de peste que asoló a Londres.

Se sabe que ya desde 1651 circulaban copias manuscritas de la Introitus entre los miembros de un pequeño círculo alquímico que se autotitulaba “El Colegio Invisible”, al que pertenecía Starkey.

También se ha lanzado la hipótesis de que el verdadero nombre de Ireneo Filaleteo era Thomas de Vaughan. Un alquimista de nuestro siglo, Fulcanelli, que cita ampliamente a Filaleteo, nos confirma esta hipótesis en sus “Moradas Filosofales”. Para Lenglet du Fresnoy , por otra parte, no cabría duda de que Vaughan y Filaleteo son una misma persona. Existía en el país de Gales una familia Vaughan, uno de cuyos miembros era Lord y Par hacia 1620, y es muy posible que Ireneo Filaleteo perteneciera a esta noble familia, si hemos de creer a Jacques Sadoul que afirma la existencia de un manuscrito de puño y letra de Thomas de Vaughan, firmado por Filaleteo. De todos modos, hemos averiguado por otras fuentes que el manuscrito al que se refiere Sadoul no es de Ireneo Filaleteo, sino de Eugenio Filaleteo, lo que no hace sino complicar aún más, si cabe, la incógnita sobre la personalidad de nuestro Adepto.

Otro posible personaje que también habría podido ser Filaleteo fue uno de los miembros de la Royal Society, llamado John Winthrop. Se sabe que este gobernador de Connecticut desde 1659 hasta 1662, práctico en las artes químicas, mantuvo correspondencia con los principales sabios de Europa, entre los que se contaban Newton y Jean d’Espagnet. El lector podrá ver a lo largo de su lectura de la Introitus los numerosos paralelismos entre esta obra y la Arcanum Opus de Jean d’Espagnet. Se sabe también que Newton poseía un ejemplar profusamente anotado de la edición inglesa de la Introitus. Con todo ello vemos que no sólo es un misterio la identidad de nuestro autor, sino también sus obras y su vida. Su vida, si hemos de creer a Louis Figuier, no es menos inquietante: Ya desde muy joven Filaleteo es un personaje errante que lleva una vida agitada y llena de aventuras. Se sabe con bastante certeza, ya lo hemos visto, que estuvo en América, donde se hacía llamar Dr. Zheil, y que en 1636 estuvo en Holanda utilizando el nombre de Carnobio. Como él mismo nos dice en su Introitus, se vió obligado a ocultar su verdadera identidad cambiando numerosas veces de nombre, para evitar envidias y persecuciones.

Vivió durante algún tiempo en Francia y, aunque se ignoran las fechas exactas de su permanencia en este país, vemos que la Introitus demuestra un profundo conocimiento de las obras de algunos autores franceses como Nicolás Flamel o Jean d’Espagnet. Vivió en Francia apartado del mundo “de una manera tan escondida que sólo se dejaba ver a los amigos de confianza” y es curioso constatar que la mayoría de obras que se le atribuyen fueron escritas en francés o se encuentran en manuscritos franceses.

Como muchos Adeptos, especialmente el Cosmopolita, si Filaleteo tuvo que esconderse fue debido a la avidez y la codicia de sus contemporáneos. Anduvo errante de nación en nación sin poder instalarse definitivamente en ningún lugar, por razones de seguridad; él mismo nos lo relata con las siguientes palabras:

La entrada abierta al palacio cerrado del Rey326“He encontrado al mundo en un estado tan corrompido que no se encuentra prácticamente nadie entre los que se dan una imagen de hombre honesto o que anuncian su amor al bien común, en quien la finalidad personal última no sea un interés sórdido e indigno. Y ningún mortal puede hacer nada en la soledad ni siquiera obras de misericordia, sin poner en peligro su vida. Lo he experimentado hace poco tiempo en el extranjero…He sufrido los peores disgustos, obligado a disfrazarme, a afeitarme la cabeza y llevar una peluca, a utilizar otro nombre y a huir de noche, pues de otro modo habría caído en manos de los malvados que me acechaban” (XIII-IV) y más adelante:

“Tanta es la maldad de los hombres, que he conocido a ciertas personas que fueron estranguladas o ahorcadas y que, sin embargo, eran ajenas a nuestro arte” (XI1I-VIII).

“Me atrevo incluso a asegurar que poseo más riquezas de las que posee el Universo conocido, pero las acechanzas de los malvados no me permiten utilizarlas” (XIII-XXVIII).

Como el Cosmopolita, firmó sus obras y se dió a conocer con un seudónimo; éste, Iraeneus Philaletha, merece que nos detengamos a observarlo. Iraeneus significa en griego “el pacífico” y Philaletha “amigo de la verdad” o “aquel que ama la verdad”; ambos son buenos adjetivos para un Adepto.

El lector podrá apreciar la enorme confusión que, a nivel histórico, rodea a este personaje y la opinión que se habrá formado coincidirá seguramente con las primeras palabras de esta introducción, donde decíamos que la vida y la obra de Ireneo Filaleteo constituyen una paradoja poco menos que indescifrable. Lo que es sin embargo innegable, la lectura de la Introitus bastará para confirmarlo, es que Filaleteo es un espíritu muy religioso, del que se ha llegado a afirmar que era católico. Manifiesta en la Introitus un gran interés por los Israelitas (XIII-XXX), característica que comparte con Nicolás Flamel. En la opinión de los autores que le siguieron, especialmente Fulcanelli, la Introitus no es solamente la obra más importante de Filaleteo, sino también la más sistemática, completa y sabia de las obras que la Alquimia ha producido, y Filaleteo el ejemplo del verdadero Adepto.

INDICE
La Introitus
Ireneo Filaleteo
Prefacio del autor
I- De la necesidad del Mercurio de los sabios para la obra del elixir
II- De los principios que componen al Mercurio de los sabios
III- Del acero de los sabios
IV- Del imán de los sabios
V- El caos de los sabios
VI- El aire de los sabios
VII- De la primera operación de la preparación del Mercurio de los filósofos por las águilas voladoras
VIII- Del trabajo y del fastidio de la primera operación
IX- De la virtud de nuestro Mercurio sobre todos los metales
X- Del azufre que se encuentra en el Mercurio filosófico
XI- De la invención del magisterio perfecto
XII- De la manera de realizar el perfecto magisterio en general
XIII- Del uso de un azufre maduro en la obra del exilir
XIV- De las circunstancias que se producen y que se requieren para la obra en general
XV- De la purgación accidental del Mercurio y del oro
XVI- Del amalgama del Mercurio y del oro y del peso conveniente de uno y de otro
XVII- De las proporciones del vaso, de su forma, de su materia y del modo de cerrarlo
XVIII- Del horno o atanor filosófico
XIX- Del progreso de la obra durante los cuarenta primeros días
XX- De la llegada de la negrura en la obra del Sol y de la Luna
XXI- De la combustión de las flores y de como evitarla
XXII- Del régimen de Saturno. Que es y por que se le llama así
XXIII- De los diversos regímenes de esta obra
XXIV- Del primer régimen de la obra que es el de Mercurio
XXV- Del segundo régimen de la obra que es el de Saturno
XXVI- Del régimen de Júpiter
XXVII- Del régimen de la Luna
XXVIII- Del régimen de Venus
XXIX- Del régimen de Marte
XXX- Del régimen del Sol
XXXI- De la fermentación de la piedra
XXXII- La imbibición de la piedra
XXXIII- La multiplicación de la piedra
XXXIV- De la manera de realizar la proyección
XXXV- De los múltiples usos de este arte
Diccionario
Bibliografía