Insurrección Evangélica. Conversaciones con Fray Antonio Puigjané

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Ed. Roblanco, año 1987. Tamaño 19,5 x 14 cm. Incluye 10 fotografías en blanco y negro. Estado: Usado muy bueno. Cantidad de páginas: 170

El problema con este hombre es que dice la verdad. Quien lo hace, suele tornarse incómodo. Molesta a quienes viven de la mentira y medran con la “publicidad”.

No ocurre sólo ahora: hace dos mil años, un hijo de Dios -llamado Jesús, el Cristo- fue crucificado por revelar la verdad a los pobres de Galilea y a los empedernidos sacerdotes y fariseos del Templo. No hace mucho, otro hombre de Dios -Enrique Angelelli, el “Pelado”- fue desnucado en el árido camino que viene desde la base aérea de Chamical, en La Rioja. Decía la verdad sobre los crímenes de la dictadura de los centuriones; defendía a los campesinos y los indios contra los ladrones de tierras; quería el Reino de Dios. Tiempo atrás, otro hombre del pueblo de Dios -Ernesto Guevara, el Che- fue ejecutado en Las Higueras, Bolivia. Con su vida, con su pellejo decía que estábamos siendo explotados hasta la muerte por el gran capital financiero, pero que podíamos ser libres: quería el socialismo.

Sé que a Antonio le disgusta que lo compare de este modo. Que me disculpe, pero no es mi opinión personal, sinola de mi pueblo: advierte en él la misma madera delos hombres que dicen y hacen la verdad; ésa, la que nos “hará libres”.

La gente los llama Profetas. Turban mucho a los poderosos, fastidian a los tibios y quebrados, pero al pueblo le gustan porque le dan fuego, fe y caudaloso amor. La verdad sale de sus bocas, a veces medio a los borbotones, casi a los gritos.

No grita nuestro profeta Antonio. Es un hombre de hablar dulce, de natural pacífico y de carácter firme, de talante bondadoso. Hermano menor del divino “poverello” de Asís, con amor cósmico protege a las vaquitas de San Antonio, los pájaros y hasta las lombrices. Como quiere la Buena Nueva, ama al Prójimo por lo menos como a sí mismo. Aunque yo sospecho que lo ama un poquito más que a sí mismo.

No es él entonces, sino sus verdades las que gritan en medio del horror del silencio de la mayor parte de la jerarquía católica que, ante la matanza de decenas de miles de compatriotas, ha callado “por razones de seguridad”, como dijo hace poco el cardenal Raúl Primatesta.

Esas verdades se publican en este libro, especial por el personaje central y por lo que testimonia; por ejemplo, la incomparable semblanza que trata de monseñor Angelelli.

Pero es singular también este libro porque quienes entrevistan a Fray Antonio son dos militantes populares, provenientes una del peronismo, otro de la izquierda, marxistas ambos, con una honrosa foja de servicios al pueblo. Con ternura y profundidad, Martha y Carlos, al dialogar con Antonio, convierten en real la unidad de cristianos y marxistas, la vuelven concreta y actuante en la propuesta del Movimiento Todos por la Patria.

Ellos comparten, sin duda, aquella histórica afirmación del Frente Sandinista de Liberación Nacional, donde los revolucionarios nicaragüenses forjaron nuevos rumbos al pensamiento transformador, al definir:

“Algunos autores han afirmado que la religión es un mecanismo de alienación de los hombres que sirve para
justificar la explotación de una clase sobre otra. Esta afirmación indudablemente tiene un valor histórico en la
medida en que en distintas épocas históricas la religión sirvió de soporte teórico a la dominación política.
Baste recordar el papel que jugaron los misioneros en el proceso de dominación y colonización de los indígenas
de nuestro país. Sin embargo, los sandinistas afirmamos que nuestra experiencia demuestra que cuando los
cristianos, apoyándose en su fe, son capaces de responder a las necesidades del pueblo y de la historia, sus
mismas creencias los impulsan a la militancia revolucionaria. Nuestra experiencia nos demuestra que se puede ser
creyente y a la vez revolucionario consecuente y que no hay contradicción insalvable entre ambas cosas”

De eso hablan estas páginas; disfrútelas, compañero lector, porque le cuentan una vida, pero sobre todo le muestran la Vida: fray Antonio se empecina en no dejarnos sin fe, en restablecer entre nosotros la esperanza de la Resurrección. De la Revolución.

INDICE
Testimonio en imágenes
Prólogo
Consagrado a servir a los demás
San Francisco, el del hermano lobo
Mar del Plata: los dueños de la Iglesia
La desaparición del padre de Antonio
La Rioja: los dueños de la tierra
Los trabajos y los días
Angelelli, Obispo y compañero del pueblo
Angelelli, el mártir de tierra adentro
Colonización y Evangelización
Redescubrir a Dios desde el pueblo
Nicaragua, una bandera
Cristianos y marxistas
La fe liberadora
Fidel, el profeta
Padecer por Cristo
Una nueva manera de hacer política
APENDICE I
Notas y artículos de Fray Antonio Puigjané publicados en la revista Entre Todos los que Queremos la Liberación
La deuda interna de los cristianos
En Quilmes sale el sol
Tenían cinco panes y dos pescados…y comieron todos
Carta abierta a Hilda Nava de Cuesta
Carta abierta a Jorge Rafael Videla
El hermano Fidel, profeta de nuestro tiempo
La Historia, maestra de la vida
Libertad a todos los presos políticos
¿Otra vez los curas?
Monseñor Pedro Casaldáliga en Rebelde Fidelidad
Fe liberadora
¡Comencemos Hermanos!
La cruz de la América pobre
Liberar a nuestro pueblo es liberarnos a nosotros mismos
La Buena Nueva
En Viedma o en donde sea
La fe – fortaleza de Monseñor Angelelli
No pasarán
Al gobierno y al pueblo heroico de Nicaragua
La fe por los senderos que el pueblo recorre
Cuando los safreros vienen marchando
Dios bendice al que lucha
Recordando caminos
APENDICE II
Algunas cartas de Fray Antonio Puigjané