Hölderlin. El rayo envuelto en canción, de Antonio Pau

Ed. Trotta, año 2008. Tapa dura. Tamaño 24 x 15 cm. Incluye más de ochenta reproducciones a color y blanco y negro sobre papel ilustración. Estado: Nuevo. Cantidad de páginas: 424

A nosotros, poetas, corresponde
resistir la tormenta de Dios, desnuda la cabeza,
y tomar con las manos el rayo
del Padre, y transmitir al pueblo
envuelto en canción el don del cielo

Por Antonio Pau

Rilke leyó a Hölderlin en vísperas de la Gran Guerra. El joven Norbert von Hellingrath -que al poco tiempo moriría en las trincheras de la batalla de Verdún-, le regaló el cuarto tomo de las Obras Completas, que acababa de aparecer: más de un millar de versos desconocidos de Hölderlin, que había descubierto Hellingrath, se publicaban en ese tomo. Rilke se quedó deslumbrado. Cuando, unos meses después, escribió sus Cinco Cantos -una arenga a los soldados de la Gran Guerra, que acabó en elegía-, el eco de los Cantos de Hölderlin resultó claramente perceptible. En septiembre de 1914, cuando Rilke se refugió de las atrocidades de la guerra en el minúsculo pueblo alpino de Irschenhausen -y allí el destino le puso, de nuevo, una mujer enamnorada al lado: Lou Albert-Lazard-, escribió un poema a Hölderlin. En el dice:

¡Oh espíritu cambiante, el más cambiante! Mientras todos
viven en un poema cálido y doméstico (…)
tú vas a lo sublime, y lo devuelves al mundo
más sagrado y sin ansia

“Más sagrado y sin ansia” (heiler, unbedürftiger), dice Rilke. Es inevitable recordar a Hölderlin mismo: “Lo que permanece, lo fundan los poetas”. ¿Cabe una caracterización mejor? “Más sagrado y sin ansia”: altura y sosiego, como el vuelo del aguila. Así son los poemas de Hölderlin. Los poemas tienen que tener, le dice Hölderlin a Friedrich Emmerich en una carta de la primavera de 1800, “elemento celestial y elemento terrestre”, “cólera y reflexión”. En uno de los Ensayos, Hölderlin exige al poema “entusiasmo” y, a la vez, “sobriedad”: Begeisterung y Nüchternheit son dos nociones esenciales en su pensamiento poético.

Salgo día tras día a una búsqueda nueva.
Con el tiempo he andado todos los caminos.
he estado en lo alto de las cumbres fría,
entre sombras y fuentes. El espíritu erraba
por alturas y llanos, sólo pidiendo paz.

Altura y sosiego. cada poema es un vuelo, una “búsqueda nueva” sobre “lo alto de las cumbres frías”. Y como Petrarca en la subida al Monte Ventoso, lo que Hölderlin divisa desde lo alto es el abismo de su propio mundo interior.

“Se puede caer también en la altura, igual que se puede caer en el abismo”, escribió Hölderlin en uno de los Fragmentos de Fráncfort. ¿Cuál fue la caída de Hölderlin, la que lo precipitó en las tinieblas? A juicio de sus contemporáneos fue una caída hacia arriba: estuvo demasiado cerca de los dioses. Bettine von Arnim escribió: “una fuerza divina lo ha arrollado como una marea”.

Pero Hölderlin sufrió el silencio de Dios.

Está cerca
y es difícil captar al dios

dicen los sobrios y doloridos versos con que arranca el poema “Patmos”. Y Hölderlin se refugió entonces en la geografía y la mitología de la Grecia clásica. Romano Guardini, tan sutil escrutador de los sentimientos religiosos, llegó a la conclusión de que Hölderlin creía en los dioses griegos, en sus mitos y sus andanzas.

¡Vosotros, fríos hipócritas, no me habléis de los dioses!
A vosotros con la razón os sobra. Vosotros no creéis en Helios,
ni en el dios de los truenos, ni en el dios de los mares

les dice Hölderlin a esos poetas de su tiempo que tanto nombraban a los dioses griegos sin creer en ellos. El título de este poema de reproche no puede ser más expresivo: Die scheinheiligen Dichter, los poetas que aparentan ser devotos.

Hölderlin concibe sus poemas como “cánticos” (Gesänge). Igual que los rapsodas de la Grecia clásica -como Homero, a quien tanto admiraba- Hölderlin escribe poemas sonoros: imitanbdo con sílabas átonas y tónicas las sílabas largas y breves de los pies de la métrica grecolatina, los versos de Hölderlin se acercan a la frontera de la música, si acaso no lo son plenamente. Sus ensayos de teoría poética -escritos para la fracasada recita Iduna en el verano de 1799- están llenos de términos musicales: “tono”, “cambios de tono”, “armonía”, “temperamento armónico”, “cambio armónico”, “afinación”, “disonancias”…

Es posible que Hölderlin percibiera algún tiempo antes los pródromos de la locura, pero el primer anuncio está en la carta que le dirigió a Caimir Böhlendorff en diciembre de 1801. En ella le dice: “Temo que al final me vaya a pasar lo que al antiguo Tántalo, que se acercó a lo dioses más de lo que podía soportar”. En esos mismos días escribió el poema “Mitad de la vida”, que es el segundo anuncio. Entre las dos estrofas hay un denso silencio. Cambia el tono -el color- de manera sorprendente. De la luz radiante del verano se pasa a la penumbra fría del invierno. Y la premonición fue absolutamente certera: la línea divisoria pasa exactamente por la mitad de la vida de Hölderlin. El poema dice así:

Con peras amarillas
y con rosas silvestres
el campo se inclina sobre el lago
Oh cisnes rebosantes de gracia,
que ebrios de besos
sumergís las cabezas
en la sagrada lámina del agua

Ay de mí, ¿dónde podré coger,
cuando el invierno llegue,
flores, y dónde
el rayo de sol y la sombra en la tierra?
Se alzan los muros,
silenciosos, helados, y en el viento
chirrían las veletas

INDICE
Nota preliminar
I- La doble orfandad. De Lauffen a Nürtingenç
II- las casas
III- Un duque al acecho
IV- Las escuelas monacales. Amigos, amor, viajes
V- Yo soy eternamente tu Hölderlin
VI- Los años de Tubinga: primera etapa de plenitud
VII- Los Himnos de Tubinga: el eco de la revolución
VIII- Un dormitorio a saliente y la historia de la filosofía
IX- Un mundo nuevo en el castillo de Waltershausen
X- Jena: despiste, complejo y fuga
XI- Regreso al seno materno, pasando por Heidelberg
XII- Preceptor en Fráncfort: segunda etapa de plenitud
XIII- Un verano en Bad Driburg
XIV- Haga poemas breves
XV- Se hace la noche ante nosotros
XVI- La despedida como asunto poético
XVII- Homburg (I): Pero yo, ¿a dónde iré?
XVIII- Episodios de palacio. La princesa enamorada
XIX- Iduna, una ilusión de verano
XX- La estela literaria de Iduna: los ensayos y Emilia en vísperas de boda
XXI- Hyperion (I): seis años, seis versiones
XXII- Hyperion (II): novela lírica
XXIII- Un tejido multicolor de sensaciones, pensamientos, fantasías y sueños
XXIV- Empédocles no llega a morir
XXV- El cambio de siglo: tercera etapa de plenitud
XXVI- Poeta sobre todas las cosas
XXVII- Una declaración de amor: El archipiélago
XXVIII- Intermedio suizo
XXIX- Penúltimo retorno: la puesta en limpio
XXX- Intermedio francés
XXXI- Ultimo retorno: Apolo me ha vencido
XXXII- El viaje a Ratisbona y los Cantos nocturnos
XXXIII- Los Cantos patrios
XXXIV- Una traducción produce risa en Weimar
XXXV- Una mirada retrospectiva: la muerte de Susette
XXXVI- Homburg (II): Aquí está otra vez, solo y loco
XXXVII- Volar como Píndaro
XXXVIII- Siete meses en una jaula
XXXIX- Un día como todos
XL- La habitación de la torre
XLI- Si puedes reconocerme todavía
XLII- Poemas (1826), una edición desdichada
XLIII- Muerte de la madre: herencia y litigio
XLIV- Ya no es infeliz
XLV- Las cartas de Zimmer
XLVI- Señor mío, yo ya no me llamo Hölderlin
XLVII- Una muerte sin agonía
Cronología, con indicación de domicilios, viajes y obras, y concordancia de literatura alemana y española
Principales obras consultadas
I- Hölderlin
II- Hölderlin en español
III- Sobre Hölderlin
-Obras generales
Monografías y atículos
IV- Sobre Hölderlin en español
Indice onomástico
Indice de obras, poemas y primeros versos
Indice de lugares
Indice de ilustraciones