Historia del Movimiento Obrero Argentino. Inmigrantes asalariados y lucha de clases 1880-1910, de Julio Godio

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Ed. Tiempo Contemporáneo, año 1973. Tamaño 20,5 x 13,5 cm. Estado: Usado muy bueno. Cantidad de páginas: 286

Historia del Movimiento Obrero Argentino 1880 1910366El campo que define el tema de este trabajo es el que abarca el proceso específico de inserción de una masa de inmigrantes como asalariados urbanos en la formación económico-social argentina en su fase de expansión agro-exportadora. Por eso el período estudiado es el que transcurre durante 1880-1910.

Él objeto de este ensayo consiste en la determinación de los nexos existentes entre las diferentes prácticas sociales de esos inmigrantes y las ideologías que las sistematizaron. Esas ideologías fueron el socialismo reformista, el anarquismo sindicalista y el sindicalismo, éste último primeramente revolucionario, luego reformista. Estas ideologías, facilitada su penetración debido a la composición por nacionalidades de los trabajadores urbanos, articulan respuestas a expectativas y requerimientos de esta fracción de explotados, que por su ubicación en la estructura de las relaciones de producción capitalistas, constituyen, desde el inicio, el único sector consecuentemente revolucionario en un proceso de conflictos y cambios sociales.

Eran ideologías propias de una época del movimiento obrero en escala internacional; habían adquirido rango de doctrinas tanto por sus fundamentos como por la adhesión a sus programas y tácticas por distintas fracciones del proletariado europeo. Todas coinciden en la idea común del socialismo, aunque esa sociedad futura tiene distintos significados para cada una de las corrientes. Sus diferencias doctrinales condicionan sus concepciones sobre la actividad práctica: varían así los métodos de lucha, formas de organización, etc. Hay también a veces puntos de coincidencia entre ellas.

El anarcosindicalismo hegemonizó al movimiento sindical desde mediados de la última década del siglo XIX hasta fines de la primera década del siglo XX; a partir de esta fecha crece rápidamente la influencia sindicalista, que para 1920 ha reducido al anarquismo a un sector no decisivo en el movimiento sindical. Junto al accionar de anarquistas y sindicalistas, está presente el socialismo. Fue a comienzos de la última década del siglo XIX una esperanza cierta para una política proletaria revolucionaria, pero al consolidarse una línea revisionista-reformista, su papel se transformó en esfuerzo para establecer un “orden” puramente pequeño burgués
-liberal de izquierda- en las filas proletarias.

Así, si bien el socialismo conquistó cierta influencia porque respondía a una necesidad proletaria (la acción política), sus límites estuvieron condicionados por el campo que conscientemente le dejaban sus adversarios, los anarquistas y sindicalistas. Su capacidad de decidir en los grandes combates obreros fue por eso inversamente proporcional a sus ilusiones reformistas.

La dialéctica entre estas corrientes y los inmigrantes asalariados permitió introducir en Argentina la “moderna lucha de clases” y facilitó importantes cambios políticos. Ya en 1895 el Jefe de Policía de la Capital Federal, General Campos, auguraba grandes dificultades para los gobiernos argentinos por esta rápida vinculación entre vanguardias y masas, especialmente por la presencia del anarquismo. Y así ocurrió. El país al cual el General Roca aseguraba en 1880 medio siglo de prosperidad y orden para entrar luego en una era paradisíaca, mostraba a principios del 900 un cuadro desalentador para la “élite” conservadora: por un lado las huelgas se habían transformado en actos colectivos y masivos y por otro era creciente e irresistible la influencia del populismo radical. Ante esta nueva situación, el ala conservadora “modernista” maniobró para dar base de sustentación más amplia al estado, llegando a un acuerdo con los radicales en 1912.

La resistencia obrera a la explotación en el nivel económico fue la forma principal como se expresaron los intereses de esa clase. Por eso no pudo convertirse en la principal alternativa política al conservadorismo, lugar ocupado por el radicalismo. Pero conquistó reformas y aportó al descalabro conservador. El marxismo logró carta de ciudadanía en la sociedad nacional. La profecía del General Campos se cumplió y se crearon premisas para un ulterior desarrollo del movimiento obrero argentino.

El proceso en su conjunto requiere un estudio de los complejos mecanismos de inserción de esa masa de inmigrantes en la formación económico social. Estos mecanismos de inserción constituyen la dinámica objetiva de los tempranos conflictos de clase y el rápido arraigo de las corrientes obreras.

Esto implica estudiar qué tipo de proposiciones dieron esas corrientes para el accionar de la clase obrera y qué funciones cumplieron en el proceso de inserción de los inmigrantes en la formación económico-social.

Para entender este fenómeno debe adelantarse que en este país y durante este período, la mayoría de la clase obrera debía resolver una contradicción entre su calidad de asalariado y su calidad de extranjero. A su vez resolver esa contradicción desde la lucha de clases para transformarse en clase nacional.

Detengámonos un poco en la noción de clase nacional. Es una noción clave en la teoría marxista-leninista. La idea de que el proletariado internacional no puede revolucionar el orden existente y construir el socialismo sin articular dialécticamente su calidad de clase internacional con sus diversas calidades como destacamentos nacionales, había sido ya adelantada en el Manifiesto Comunista. Lenin desarrolla esta idea y la enriquece al elaborar la línea y la táctica para el proletariado ruso. En Gramsci la categoría explicativa es la de nacional-hegemónica. Su calidad de destacamento nacional, dada su conformación histórica, adquiere la dimensión de nacional hegemónica cuando se convierte en vanguardia, en dirigente de un bloque histórico nacional compuesto por el conjunto de clases y capas explotadas. Gramsci la resuelve en la fórmula clase obrera + cuestión meridional, de acuerdo a la realidad italiana . El internacionalismo no se disuelve en la noción de clase nacional -como lo quieren los ideólogos nacionalistas burgueses— sino que se jerarquiza como categoría concreta a través de los destacamentos nacionales.

Como se observa, la noción de clase da por supuesto en Gramsci que esa fracción lo es por su origen nacional. El obrero italiano produce una ruptura con las clases y capas sociales explotadas al incorporarse a la industria y otras ocupaciones urbanas norteñas. Pero esa ruptura debe conducir -bajo la dirección del partido obrero— a un fortalecimiento de sus vínculos con las clases y capas sociales de las que proviene. Es un fortalecimiento, desde su papel hegemónico, que se apoya en sus ancestrales relaciones con el artesano o el campesino. El obrero se separa de la masa no proletaria para volver a unirse en el marco de la nación, de la cual comparte los elementos de una cultura nacional y una lengua común. Es fácil comprender que, en el caso de la mayoría de la clase obrera argentina, por sus orígenes no nacionales, se presenta una anomalía que requiere un complejo proceso de inserción en la formación económico-social para su superación. La tesis gramsciana exige una aplicación no mecánica a nuestra realidad nacional para demostrar su validez esencial.

La explicación de por qué el proletariado como clase no puede ser dirigente si en su seno persisten elementos culturales ajenos a la nueva sociedad nacional, tiene una explicación en la distinción gramsciana entre la sociedad civil y política. Una clase pasa de dirigente a dominante (conservando su cualidad anterior como hegemónica en un bloque popular y agregando su calidad de dictatorial sobre la clase reemplazada políticamente en la dirección del estado), sólo si previamente ha conquistado la hegemonía al nivel de la sociedad civil.

En la sociedad civil encuentran su base los vínculos políticos entre el obrero y el artesano, entre el obrero y capas campesinas oprimidas. A su vez una clase dominante conquista el poder del estado pero este estado no existe sino como nacional. El estado es “todo complejo de actividades prácticas y teóricas con las cuales la clase dirigente no sólo justifica su dominio, sino también logra obtener consenso activo de los gobernados”. Esta frase de Gramsci define al estado como factor de cohesión de la totalidad de la formación económico-social. Lo que implica que toda lucha por el poder del estado supone influencia, dirección política y cultural de la clase más revolucionaria sobre el resto de los explotados, porque el estado no es sólo coerción sino también consenso. Para derribar a la clase dominante del poder de estado, es necesario que ese estado aparezca como algo ajeno, opuesto a los intereses civiles de los explotados hasta el grado de hacer necesario su supresión para desarticular la antigua formación económico-social.

Por eso Gramsci habla de la necesidad de que la clase obrera, debe elaborar una nueva “concepción del mundo”. Esta concepción -cuyo núcleo es la política y su centro articulador el partido político como “intelectual colectivo”— se sintetiza en un programa nacional y en acción política fusionadora de las distintas prácticas sociales propias a los explotados. La clase obrera -como vanguardia- anuda las distintas contradicciones de clases de una formación económico-social, sin olvidar la dialéctica entre esa formación social y la relación de fuerzas en escala mundial. Expresa la tendencia principal de desarrollo de esas contradicciones internas a la sociedad nacional y sus vínculos con una correlación de clases concreta en escala internacional. Esta tesis requiere su particularización para ser aplicada a los inmigrantes asalariados en Argentina.

Como se observará en este trabajo, el estado liberal-terrateniente argentino no aparece inicialmente al inmigrante como algo opuesto a su clase, sino como algo opuesto a sus expectativas como inmigrante. Esta es una limitación objetiva que dificulta el acceso a la comprensión de que este estado, por su contenido de clase, es opuesto a sus expectativas originarias en tanto que pretende regular en favor de los intereses de la clase dominante nativa la ubicación de los contingentes inmigratorios como productores de plusvalía o renta agraria en una formación económico-social concreta. El estado liberal-terrateniente cumple una función de clase y su papel con referencia a los inmigrantes es sólo una parte de su papel general como factor de cohesión de la formación económico-social capitalista dependiente. Por eso la oposición obrero extranjero-estado requiere en aquél una ruptura con sus expectativas originarias. Esta tiene una base objetiva: su inserción en la formación social como asalariado urbano. Es a partir de su ser social que comienza su camino hacia su constitución como clase nacional, porque desde esta situación de clase comienza a internalizar y reelaborar los distintos componentes (económicos, políticos, culturales, etc.) propios a la sociedad nacional. De esto se desprende, como se verá, la importancia y peculiaridades de las luchas del nuevo proletariado.

Hemos planteado la contradicción interna al inmigrante. Aquí se encuentra la base de sus limitaciones objetivas para constituirse en clase nacional. Pero es una contradicción que se desenvuelve subordinada a otra contradicción ubicada al nivel de las relaciones de producción: la que se origina, como hemos dicho, en su calidad de asalariado. Esta contradicción, en su desenvolvimiento a través de la lucha de clases, constituye el primer nivel de afirmación de clase, el primer nivel mediante el cual esa clase puede establecer vínculos con el resto de los explotados. Serán dificultosos, aunque una parte decisiva del resto de los explotados sean también extranjeros ocupados como agricultores o peones rurales. Pero constituye el primer paso, porque implica la forma específica de tránsito hacia su afirmación como clase autónoma, que sintetiza en un único proceso las leyes generales de tránsito a la conciencia de clase con las peculiaridades propias de la masa de extranjeros asalariados.

Como este tránsito no es espontáneo, y supone en cambio una articulación dialéctica entre espontaneidad y conciencia, las distintas corrientes ideológicas se apoyarán en este proceso para lograr su inserción en la clase. La reafirmación de clase a nivel puramente económico que harán el anarquismo y el sindicalismo, tendrá mucho que ver con las limitaciones propias del inmigrante para superar el nivel de la lucha puramente económica. Será -diálecticamente- el lado coyunturalmente fuerte de ambas corrientes y paradójicamente su lado débil a largo plazo. Será dialécticamente el lado débil del socialismo, preocupado en instrumentar a la clase obrera para un proyecto de nación agroexportadora social y políticamente democratizada, sin atender consecuentemente a sus reclamos como clase explotada y a las formas de lucha violentas que la clase obrera debe llevar a cabo para enfrentar al sistema de dominación imperante.

Como hemos dicho, el hecho de que el capitalismo avance en Argentina estimulado por la economía mundial -en su fase imperialista- y que pase a predominar ese modo de producción sobre una matriz agraria prusiana, determinaron una ecología y una estructura de clases peculiar dentro del marco capitalista. Este trabajo debe atender por eso al estudio de esa formación económico-social concreta.

No se trata de una investigación minuciosa sobre este último tema, dado que se entiende que el objeto principal de este trabajo está limitado a una aproximación al problema del comportamiento social de los inmigrantes asalariados. Pero es imposible atender las peculiaridades de las prácticas de clase, lo mismo que las peculiaridades de las ideologías que la sistematizaron, si no se establece un nexo entre comportamiento de clase y formación económico-social. En efecto, la relación entre asalariados urbanos de origen extranjero y formación económico-social, tiene niveles específicos que van desde un estudio de la estructura misma de la industria para explicar el papel del proletariado en las luchas sociales, desde los vínculos entre fracciones de la clase obrera y las ideologías, etc.; hasta el nivel superior que debe fijarse en la relación política que se articula entre los obreros y las distintas fracciones de clase que controlan o disputan el poder del estado y entre los obreros y los sectores intermedios. Así, por ejemplo, el conflicto entre conservadores y radicales, iniciado en el 90 y que culmina con el desplazamiento de los primeros por los segundos en 1916, responde a modificaciones en la correlación de fuerzas en el seno de la clase explotadora durante el proceso de expansión de la economía agroexportadora y la participación en la acción política de la clase media.

Este conflicto político fue agudizado indirectamente por la actividad sindical y política de los obreros, y a su vez influyó sobre éstos y facilitó de una u otra manera la predominancia -en distintos momentos- de una u otra línea en el movimiento obrero. Hay otro problema que se presenta también en la formulación específica al problema de los caminos de los asalariados urbanos de origen extranjero hacia su constitución como clase nacional y que sólo puede explicarse estudiando el carácter de la formación económico-social: es el país mismo como problema nacional.

Hay una cuestión nacional porque la Argentina es un país dependiente. Se trata por eso de aproximarse también al problema de cómo una masa de inmigrantes que va produciendo su inserción en la formación social desde la lucha de clases; puede procesar hacia una distinción en el plano político-ideológico entre su enfrentamiento cotidiano contra los patrones en “general” (explotadores) y la fracción de los “patrones dominantes” en la formación económico-social.

Para ello debe tenerse en cuenta que la Argentina presenta rasgos diferenciados (por su desarrollo capitalista) con los países asiáticos o africanos (o incluso muchos latinoamericanos) lo que supone un estudio de la misma cuestión nacional en su especificidad. Hay un punto de partida general, la distinción entre pueblos oprimidos y pueblos opresores. Pero no puede haber extensión mecánica de las propuestas marxistas-leninistas para la cuestión nacional en países coloniales o semi-coloniales a países como Argentina.

Para finalizar una introducción que sólo pretende presentar los temas a desarrollar, debo decir que soy consciente de las limitaciones de este ensayo: aquí se aspira no tanto a dar resueltos los problemas como a planteárselos a la teoría. También debo aclarar que, dado que el objeto de esta historia del movimiento obrero es centralmente analizar el contenido ideológico-político de las distintas tendencias, se han sintetizado acontecimientos que exigirían un desarrollo mayor para cumplir con las exigencias de un trabajo histórico. Pero la bibliografía citada completa estas insuficiencias y a ella remito al lector.

Aún con insuficiencias, estoy convencido de que servirá para una reelaboración realmente marxista del pasado de nuestra clase obrera.

Ese pasado que hábilmente fue ocupado por la ideología nacionalista burguesa con ayuda de revisionistas y reformistas, pero que los obreros de hoy comienzan a redescubrir a partir del “cordobazo”.

INDICE
Introducción
Primera parte, Formación económico-social, lucha de clases y cuestión nacional
1- Capitalismo agrario dependiente
2- Tres vías de desarrollo capitalista
3- Desarrollo desigual de regiones
4- Contradicciones de clase, poder político y cuestión nacional
Segunda parte, Inmigrantes asalariados y conformación de corrientes orgánicas. Del socialismo utópico al anarquismo y el socialismo 1880-1896
1- Artesanos y socialistas
2- Inmigrantes asalariados y prácticas de clase
3- Extensión del movimiento obrero
4- Práctica de clase y organización de clase
5- El internacionalismo como factor de desarrollo del movimiento obrero
6- La revolución del 90 explícita las limitaciones. La respuesta marxista
7- Avance del movimiento huelguístico en una fase de inicio de cambios en la correlación de fuerzas en la sociedad nacional
8- Organización de clase e ideologías. Los anarquistas y los sindicatos
9- Socialismo: ideología revisionista y política reformista
Tercer parte, Lucha sindical y lucha política. La clase obrera comienza a incidir políticamente 1896-1910
10- Anarquistas y socialistas durante el movimiento de desocupación de 1897
11- Dos Congresos Obreros
12- Noviembre de 1902: “A la huelga general”
13- Represión y asimilación
14- Ruptura en el socialismo: el sindicalismo
15- Reagrupamiento dominante, resquebrajamiento dominante
16- Para un balance de veinte años: la polémica Ferri-Justo