Historia de la Inquisición, de I. Grigulevich

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Ed. Cartago, año 1984. Tamaño 21,5 x 14 cm. Estado: Usado muy bueno. Cantidad de páginas: 414

Historia de la Inquisición 001El aparato de la Inquisición ofrecía a los príncipes laicos y clericales la posibilidad de no sólo perseguir a los herejes auténticos -es decir, a quienes se oponían efectivamente a la Iglesia o incumplían sus prescripciones-, sino también reprimir, con el pretexto especioso de la lucha contra la herejía, a todo el que por una u otra causa les pareciera inconveniente, o bien si querían adueñarse de su fortuna. Las amenazas y torturas permitían a la Inquisición sacar a esos seudoherejes las confesiones denunciadoras, que se consideraban prueba jurídica de su “culpa” y servían de base para castigarlos pertinentemente.

Se les imputaron con frecuencia las relaciones con el diablo y el culto del mismo, la celebración de las execrables ceremonias satánicas, la hechicería y otros crímenes similares inventados, de los que ya en cierto grado se había acusado a los cátaros.

Acusaciones de este género se formularon, en particular, contra los stedinger, campesinos que a fines del siglo XII se negaron a pagar el diezmo y otros tributos al arzobispo de Brema y por esta razón fueron excomulgados. El Papa Gregorio IX proclamó una cruzada contra ellos. En la bula titulada Voz en Roma, del 13 de junio de 1233, el sumo pontífice achacó a los stedinger “acciones inauditas y nunca vistas por su vileza”.

El Papa decía: “Cuando en esa escuela de réprobos ingresa un individuo nuevo, se le presenta un fantasma en la imagen de rana, a la que algunos otros llaman sapo. Hay quienes la besan de la manera más asquerosa en el trasero, otros en la boca y sorben su lengua y saliva, introduciéndolas en su propia boca. El sapo es a veces de tamaño natural, otras veces alcanza las proporciones del ganso o pato o incluso es tan grande como una estufa de cocina. En seguida aparece ante el neófito un hombre extraordinariamente pálido con ojos negros asombrosos, flaco y extenuado; no tiene carne alguna, consta sólo de huesos. El neófito besa a ese monstruo esquelético, y este beso arranca de su pecho todo recuerdo de la religión católica, toda idea de la fe. Luego los presentes se ponen a la mesa para comer, y después de terminada la comilona, de una estatua que hay junto a la mesa sale un gato negro, tan grande como un perro, y anda retrocediendo perezosamente, con la cola baja. Besan al gato los más dignos; aquellos que no tienen derecho a besarlo son eximidos por el maestro más veterano que, sin embargo, pide perdón al gato, mientras que otros se manifiestan dispuestos a obedecer y someterse a todas las órdenes del gato negro. Acto seguido se apagan las luces y comienzan orgías de la índole más abominable, sin contemplación del parentesco ni de nada. Si los varones prevalecen en número sobre las mujeres, ellos tienen comercio carnal entre sí, y las orgías ignominiosas cobran un carácter extremadamente antinatural. Del mismo modo proceden las mujeres cuando son más que los varones. Una vez que han satisfecho por un rato su lujuria encienden de nuevo las luces, y de un rincón oscuro sale un hombre cuya mitad superior resplandece con luz solar, pero la inferior es tan oscura como el gato negro que ya conocemos; el cuarto está iluminado por los rayos que despide la parte superior de ese hombre. El maestro más veterano arranca un trozo del vestido del novato y lo pasa al Lucifer diciendo: “Señor, he recibido esto y ahora te lo entrego”. El Lucifer replica: ‘Me has servido bien y me servirás aún mejor y más lealmente; paso a tu cargo lo que he recibido de ti’. Y en esto desaparece instantáneamente”.

Al atribuir a los stedinger todas esas abominaciones, Gregorio IX exigió castigar severamente a los servidores del diablo, “de ranas y gatos”. En la misma bula expresaba, lleno de indignación “legitima”: “¿Quién podría dejar de enfurecerse en vista de todas esas vilezas? ¿Quién sería capaz de contener su furia contra esos engendros de la ruindad? ¿Dónde está el fervor de Moisés, que exterminó en un día a 20.000 paganos? ¿Dónde está el celo del sacerdote Pinejás, quien atravesó con una sola lanza tanto a judíos como a moabitas? ¿Dónde está el celo de Elías, que aniquiló con la espada a 450 servidores de Baal? ¿Dónde está el ahínco de Mateo, que exterminaba a judíos? Verdad es que si la tierra, las estrellas y todo lo existente se alzaran contra semejantes individuos y los exterminaran enteramente, sin hacer caso a la edad ni al sexo, ni aun entonces sufrirían el castigo digno de ellos. Si no se vuelven a la razón y no se tornan dóciles habrá que tomar las medidas más drásticas, porque donde la curación no ayuda, es preciso actuar a hierro y fuego; la carne podrida debe ser arrancada”.

Y la arrancó, en efecto. Cuarenta mil cruzados se pusieron en marcha para abalanzarse sobre las stedinger rebeldes y los aniquilaron a casi todos. Más de 6.000 campesinos perecieron bajo sus espadas…

INDICE
I- La Inquisición frente al Tribunal de la Historia
La disputa continúa
Desde Adán y Eva…
Cómo se revelaron sus crímenes
II- La Inquisición antes de la Inquisición
Orígenes
Barruntos de una nueva tempestad
Esa “vileza indestructible”…
III- Sistema
Jueces
Acusación
Instrucción de causa
Interrogatorio
Torturas
Fallo
Auto de fe y hoguera
IV- Herejes auténticos, herejes imaginarios
Represión de los devotos mendicantes
La prolongada caza de “brujas”
El abominable caso de los Templarios
Juan Hus y Jerónimo de Praga, víctimas de la Inquisición conciliar
Juana de Arco: heroína, hechicera, santa
V- La sangrienta epopeya de la Suprema Española
La “nueva” Inquisición pone manos a la obra
Obra de Tomás Torquemada
Persecución de los disidentes
Ocaso de la Suprema
VI- Hogueras en la América colonial
La conquista y la Inquisición
La mano de la Suprema en las Indias Occidentales
Los Tribunales inquisitoriales en acción
Enemigos de la independencia
VII- Crímenes de la Inquisición portuguesa
La corona establece el “santo” tribunal
Regateo con la Santa Sede
Sistema, ingresos, represión del pensamiento libre
Quiénes fueron sus víctimas
Fin infausto
VIII- Los Papas en el papel de inquisidores
La Inquisición romana y universal
El crimen y el castigo de Giordano Bruno
“Arrepentimiento” de Galileo
Indice de libros prohibidos
Bajo el signo del “Syballus”
La Inquisición en el siglo XX
¿Fachada nueva, procedimientos viejos?
Indice de nombres