Entre dos fuegos. Vida y asesinato del Padre Mugica, de Martín De Biase

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Ed. De la Flor, año 1998. Tamaño 20 x 14 cm. Incluye 20 fotografías en blanco y negro. Estado: Usado excelente. Cantidad de páginas: 478

Entre dos fuegosPor Martín De Biase

A 24 años de su muerte, su figura continúa generando opiniones encontradas y polémicas. Para algunos, es un santo sin altar; para otros, fue un “subversivo” que contribuyó a alimentar la ola de violencia que se desató en nuestro país. La causa de estos juicios tan divergentes quizás pueda encontrarse en que el padre Carlos Mugica no conoció los términos medios. Su temperamento impulsivo y su urgencia por cumplir sin dilaciones las enseñanzas evangé1icas lo condujeron a actuar de cara a los hechos aceptando el riesgo del error, sin conformarse con “hacer lo correcto” ni pretender conformar a sus semejantes.

Poco tiempo atrás, al enterarse de la inminente publicación de esta biografía, una mujer que, evidentemente, no se contaba entre los admiradores del sacerdote, me preguntó maliciosamente “qué podía tener de positivo” recordar la vida de Mugica. Con paciencia, le expliqué que, más allá de las posturas personales con respecto a la actuación del presbítero, son tantos y tan interesantes los matices atractivos en su personalidad, y tan ricos en cantidad y calidad los sucesos que le tocó protagonizar, que su historia merecía ser contada. En efecto, minutos después, analizando la situación más fríamente, me sorprendí de que un trabajo de este tipo no hubiera sido encarado antes. Entonces, comencé a repasar algunos datos que no hacían más que revelar al “cura rubio” como alguien totalmente fuera de lo común:

– Pese a ser hijo de un importante político conservador y haber vivido durante toda su infancia y juventud en plena Recoleta porteña, renunció a los privilegios de su clase para ejercer su ministerio entre los habitantes de la castigada villa de Retiro. Allí construyó su capilla “Cristo Obrero” y organizó un dispensario.

– Su estilo sacerdotal poco ortodoxo para aquella época, su facilidad para desenvolverse en público, su constante sentido del
humor y, por qué no decirlo, también su atractivo físico, lo transformaron en una figura muy requerida por los medios de
comunicación. Desde allí se transformó en el vocero más representativo del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo
(MSTM), y cosechó el resentimiento de los poderosos y la admiración de la mayoría.

– Su profunda religiosidad, unida a su gran inteligencia y simpatía, lo transformaron en un sacerdote inmensamente popular entre los más humildes, pero también solicitado por artistas y personalidades de distintos ámbitos. Para todos aquellos “famosos” que en algún momento tuvieron inquietudes religiosas, el padre Carlos Mugica fue una consulta obligada. Y Mugica atendía absolutamente a todos, ricos y pobres, desarrollando diariamente una actividad casi febril.

– El convencimiento de que el cristiano debía participar en política para transformar la sociedad lo condujo a una militancia activa dentro del peronismo, por lo que recibió críticas y advertencias de parte de sus superiores. Conoció al general Perón
en Puerta de Hierro, no dejó pasar oportunidad de exaltarlo en pleno gobierno militar y, en noviembre de 1972, participó del
viaje de retorno del líder al país luego de 17 años de exilio. Pocos días después de haber llegado a Buenos Aires, Perón se acercó
a la villa de Retiro para saludarlo personalmente, en un gesto significativo por lo inusual.

– Sin embargo, pese a que no le faltaron oportunidades, se negó a ocupar altos cargos políticos. Antes de las elecciones de marzo
de 1973, el Congreso Justicialista de la Capital Federal lo nominó candidato a diputado nacional por el FREJULI, en el segundo lugar de la lista. Mugica rechazó la postulación afirmando: “Dadas las exigencias concretas de mi acción sacerdotal junto a mis
hermanos villeros, pienso que puedo servir mejor a mi pueblo y a los altos fines del Movimiento Peronista no aceptando una candidatura que agradezco que se me jaya ofrecido”.

– Posteriormente, con la intención de ayudar a los sectores sociales más desprotegidos, aceptó un cargo de asesor ad honorem en el Ministerio de Bienestar Social, pero renunció al poco tiempo debido a profundas disidencias con el titular del organismo, el tristemente recordado José López Rega, el “Brujo”.

– Siendo asesor de la Acción Católica en el Colegio Nacional de Buenos Aires, conoció a tres jóvenes estudiantes que luego serían fundadores de Montoneros: Mario Firmenich, Carlos Ramus y Fernando Abel Medina. Su relación con ellos le valió el ser tildado en
ambientes reaccionarios como “el cura guerrillero”, más aun cuando fue preso por predicar un responso en la misa de cuerpo presente de Ramus y Abal Medina, abatidos por la policía meses después del asesinato del general Aramburu. No obstante ello, su negative a empuñar las armas (“estoy dispuesto a morir, pero no a matar”) y su posterior y firme condena a la violencia insurreccional una vez asumidas las autoridades elegidas democráticamente, provocaron la ruptura definitiva.

– Su asesinato, cuando salía de celebrar misa en la parroquia San Francisco Solano, en el barrio de Mataderos, conmovió a toda la sociedad aun en días en que hechos de esa naturaleza ocurrían con gran frecuencia. Más de 5000 personas, entre las que se contaban un centenar de sacerdotes, habitantes de villas de emergencia, y familiares y conocidos pertenecientes a su clase de origen, cargaron su féretro desde Retiro haste el cementerio de la Recoleta. Durante mucho tiempo existieron dudas acerca de los posibles autores del crimen, ya que éste nunca fue esclarecido oficialmente: las versiones que se manejaban involucraban tanto a integrantes de la ultraderechista “Triple A” (que lo consideraban “subversivo”) como a grupos de la denominada “Tendencia Revolucionaria” (que consideraban su condena a la violencia como una traición).

– Luego de su muerte su figura se agigantó, incluso entre muchos de quienes lo habían denostado en vida. Su fidelidad a Jesucristo y a su pueblo, que lo llevó hasta el holocausto, lo transformó en un mito popular, no solo en la Argentina sino en casi toda América Latina. Numerosas vocaciones religiosas surgieron en base a su testimonio, a pesar de que, por razones obvias, la sola mención de su nombre haya estado prácticamente prohibida durante los años del “Proceso de Reorganización Nacional”.

Todos estos puntos que referimos como breve síntesis no alcanzan, sin embargo, a esbozar siquiera someramente la realidad de una vida que, pese a sus escasos 43 años de duración, fue vivida con una intensidad fuera de lo común. Con muchos errores, contradicciones y marchas atrás, es cierto, pero con una enorme generosidad y una gran alegría.

Por todo ello, este libro desarrolla los aspectos recién mencionados de la vida del sacerdote e incursiona también en muchos otros acontecimientos que no han trascendido a la opinión pública. Desde los primeros años de “niño bien” del padre Mugica haste la investigación sobre su asesinato, pasando por su época de seminarista, su primera misión (y descubrimiento de la pobreza) en el chaco santafesino y su “conversión” a los pobres y al peronismo. También recorreremos sus viajes a Bolivia, donde concurrió para reclamar por los restos del Che Guevara, a París (donde participó del “Mayo Francés”), y a Cuba. Recordaremos su mensaje evangé1ico de hondo contenido social, sus opiniones polémicas, algunas anécdotas de interés y otras más bien risueñas, y el nacimiento, desarrollo y fin del MSTM (que convocó, movilizó y cuestionó a los regímenes militares como nadie en aquella época).

Sin embargo, tan importante como todo esto es conocer -para algunos- o analizar -para otros- una etapa crucial de la historia argentina. Una etapa de significación profunda en lo político y en lo eclesial. Una etapa de cambios, de ideales profundos que
hoy parecen lejanos. Y en este período controvertido, Mugica fue, ante todo, un referente, un símbolo: alguien que -se lo apoyara
o se lo cuestionara- suscitaba sentimientos diversos, pero nunca el de la indiferencia.

INDICE
Prólogo, por Magdalena Ruiz Guiñazú
Introducción
1- El “niño bien”
2- Cerca de Dios, ¿lejos del mundo?
3- El primer impacto
4- El cura que no descansa
5- El nuevo Mugica enj la nueva Iglesia
6- Tocar la revolución con las manos
7- Remar contra la corriente
8- En el centro de la escena
9- Un país en crisis
10- Primeros anuncios del fin
11- Perón vuelve
12- El año del caos
13- “Más que nunca junto al pueblo”
14- Los frutos dulces, los frutos amargos
Anexo
Fuentes consultadas