El obsceno pájaro de la noche, de José Donoso

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Ed. Seix Barral, año 1985. Tamaño 18 x 13 cm. Estado: Usado excelente. Cantidad de páginas: 544

Por Jorge Etcheverry

El Obsceno Pájaro de la Noche (1970) es una novela extraña, sorprendente, confusa a primera vista, difícil para muchos lectores, en los que a veces se despierta un arbitrario antagonismo contra este libro, lo que suele ser una marca de la obra cultural verdaderamente innovadora, que al mostrar un nuevo territorio o una nueva perspectiva también asusta. Este libro tiene la apariencia de una novela normal, por así decir, y repite la saga de la familia aristocrática chilena, como una especie de caja de resonancia que representa y encarna la historia del país.

En el aspecto formal, esta novela esconde una problematización de la perspectiva narrativa y de la forma de la novela en lo que tiene de más definitorio, su narrador, sus personajes y sus acontecimientos. Pero también se problematiza la identidad misma, no solo del “ser chileno” o latinoamericano, sino, pensamos del “hombre” en general, si es en que estos tiempos de disolución de los así considerados hombre y cultura universales y su reemplazo por identidades y culturas diversas, delimitadas y concretamente definibles, se puede hablar todavía de “hombre” en general.

Esta novela nos muestra el desgarro escindido, la identidad problemática, y por lo mismo las posibilidades de totalización, de integración, que tiene la cultura latinoamericana, la mayor cultura mestiza. El mestizaje significa distancia respecto al polo que es la metrópoli occidental desarrollada, pero también respecto al de la arcadia indígena, una sociedad que se puede considerar como una utopía originaria. El incierto y fluido ser del individuo enmarcado en un orden social pétreo, aparece manifiesto en la temática y estructura narrativa de El obsceno, que a veces pareciera haber sido un enigma incluso para su mismo autor, en cuya obra posterior siempre creemos percibir un elemento de reflexión y reevaluación de ese monstruo parido en una especie de duermevela creativa

En el universo donosiano, como en general en las instancias representativas artísticas en que están presentes, la identidad y la diferencia forman una pareja de términos que funcionan juntos, apareados, y que en general tienen una relación antagónica. Lo diferente a la identidad es lo que carece de identidad, pero que desde su misma diferencia da el telón de fondo para que se destaque la identidad, que aparece como demarcada, esencial y permanente, y que se proyecta frente a la amorfa y obscura masa de lo diferente que tiende a la indeferenciación. Lo indiferenciado busca la identidad, la individuación. Existe la tendencia, el movimiento, desde lo indiferenciado y amorfo hacia la identidad. Es un polo que atrae y moldea. Esta pareja de conceptos tan ligados y de alguna manera opuestos y complementarios parecen constituir una categoría del pensamiento y sus alternativas aparecen en las diversas culturas. Pero por su parte, la identidad misma, que en su expresión más acabada tiende hacia la plenitud axiológica —es decir de valores—, ontológica es decir del ser —y social, se ve amenazada por el caos de lo informe e indiferenciado que la rodea, como en este texto del Obsceno:

“una jaula de alambres, adentro se agazapan animales; gordos, chatos, largos, blandos, cuadrados, sin forma…los animales que reposan bajo las formas momentáneamente mansas de atadillos de trapo…se movilizarían para atacarnos”

En El obsceno pájaro de la noche, el personaje central, Humberto Peñaloza, es de una identidad maleable, carente de solidez, sin perfil definido. Se trata de un personaje oscuro, de fisonomía vaga y de origen familiar y papel social vagos e indeterminados. Su evolución en esta novela no es la de una persona en germen que desarrolla sus posibilidades de ser, lo que haría de El obsceno pájaro una novela de formación. Humberto carece de los elementos nucleares de identidad básicos que hubieran posibilitado una evolución o madurez y no los adquiere en ese proceso por el que atraviesa, en que se inicia como mudito y finaliza como imbunche incinerado (mito chilote, niño pequeño que raptan brujos, que lo torturan, deformándolo).

En el espacio de esta novela, el héroe (Peñaloza) vive en un mundo regido por una jerarquía social inmutable, que sólo permite la promoción social y ontológica mediante el engaño, la asunción de máscaras, o el reconocimiento y/o aceptación de los sectores sociales que otorgan la identidad. Estos sectores, que existen en forma tautológica, es decir por sí y ante sí, de hecho, eran desde los comienzos y serán hasta el fin. Están dotados de “marcas” físicas permanentes e intransferibles, como la belleza, aparte de la riqueza y del prestigio social. Entonces las aspiraciones sociales y ontólogicas de Humberto Peñaloza están condenadas al fracaso desde el comienzo, ya que lo ontológico, es decir el ser, incluyendo al ser físico, lo otorga el lugar que se ocupa en la jerarquía social, Así, Humberto Peñalosa reflexiona, en diversos momentos de la novela:

“No podemos ser Azcoitía. Ni siquiera tocarlos. Somos Peñaloza, un apellido feo, vulgar”

“Ser alguien. Mi madre supo desde el primer instante que yo jamás iba a ser alguien…”

“…yo jamás iba a poder llegar a ser un caballero de veras”

Todo desplazamiento “vertical” es inútil. El aspecto físico se arraiga en la clase social, que define además del lugar en la jerarquía de la sociedad, el nivel de ser, ontológico, que uno tiene. Estas citas se refieren a los Azcoitía, familia poderosa y aristocrática de origen terrateniente, cuya máxima manifestación es Jerónimo de Azcoitía, apuesto y bello, inalcanzable para Humberto Peñalosa, feo, borroso y marginal.

Hay una continuidad desde el inicio de esta temática, en la novela Coronación (1957) hasta el Obsceno pájaro de la noche (1970), pero esta última es una especie de “salto cualitativo” tanto respecto a la obra anterior como posterior del autor. El planteamiento radical sobre la identidad (individual, social) presente en El Obsceno se centra principalmente en el imbunche como la representación de una cierta situación límite social e identitaria nacional chilenas, el carácter mínimo y fluido, cercano al caos de su identidad.