El Hombre Americano, de Alcides D’Orbigny

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Ed. Futuro, año 1944. Tamaño 23,5 x 15 cm. Estado: Usado muy bueno. Cantidad de páginas: 410

Entre los grandes eruditos franceses del siglo XIX, Alcide Dessalines d’Orbigny es uno de los más sobresalientes. Fue naturalista, geólogo, paleontólogo, botánico, zoólogo y etnógrafo; sus aportes científicos permanecen, sin embargo, extrañamente poco conocidos por el público en general.

A principios del siglo XIX, cuando se ampliaban las guerras de independencia, América estimulaba tanto los mercados europeos como los intereses de los estudiosos. Siguiendo las expediciones dirigidas por científicos, y en particular las del famoso alemán Alexander von Humboldt, los eruditos fueron atraídos por un continente que componía un inmenso laboratorio gracias a la diversidad de paisajes, fauna, flora, pueblos y civilizaciones y que abría entonces vastas perspectivas para la investigación. Alcide Dessalines d’Orbigny (Couëron, Francia, 1802-1857) fue uno de aquellos hombres, y de su trabajo aún queda una fuente inagotable de conocimiento y comprensión de América del Sur.

Su padre, médico y gran pedagogo, lo estimuló para observar y estudiar la naturaleza. El joven d’Orbigny, muy temprano, quedó fascinado por las ciencias naturales. Estudió, dibujó, clasificó incansablemente conchas minúsculas que pululaban en su región natal. A los veinte años, publicó un libro sobre estos animales microscópicos que designó con el término “foraminíferos”, vocablo que se mantuvo desde aquel entonces.

Las autoridades del Museo Nacional de Historia Natural en París y, notablemente, Jean-Baptiste Lamarck y Georges Cuvier, lo distinguieron gracias a sus novedosos trabajos. Pronto se le encargó una misión para explorar América del Sur y se le otorgó el título de “viajero y naturalista del gobierno francés”. En 1826, aconsejado por Humboldt, navegó hacia lo desconocido. Su viaje duró siete años y siete meses. Después de una escala en las Islas Canarias, llegó a Brasil. Su viaje a Sudamérica prosiguió luego hacia Uruguay, Paraguay, Argentina, Chile, Perú y Bolivia. A menudo peligrosa, aquella expedición dio lugar a una impresionante cosecha de 10.000 especies de animales y plantas.

Dibujó mapas y planos, excavó incansablemente la tierra, describió en detalle a los indígenas que había encontrado con frecuencia en las zonas más inhóspitas y más remotas del Amazonas, de Patagonia y más allá.

Compete a Alcide Dessalines d’Orbigny el mérito de haber difundido en los círculos científicos la existencia de las ruinas precolombinas de Samaipata. Anotició al respecto el esclarecido viajero francés en su voluminosa obra consagrada al relato de sus andanzas por Suramérica, empresa de envergadura que implicó nada menos que ocho años a contar de mediados de 1826. Emprendió una genuina proeza, exhibiendo en todo instante tenaz firmeza y valentía a cualquier prueba, recorriendo 3.100 kilómetros de norte a sur y 3.600 de este a oeste. Disponía para el efecto de recursos pecuniarios limitados, 6.000 francos de emolumento anual, que fueron reforzados por una suma adicional de otros 3.000 otorgados par lapso parcial y procedentes de fuente privada para sustentar sus vagarosas jornadas. Culminó con pleno éxito el cometido, gracias a su salud de acero y a su disciplina ejemplar. Atravesó parajes peligrosos, insalubres y malsanos, con entera confianza. “Me creía invulnerable”, confesó con extrema sencillez.

En abril de 1830 penetró a territorio boliviano y desde entonces deambuló con infatigable constancia por todos los rincones del mismo. Así, el 5 de noviembre de ese año se introdujo en la localidad de Samaipata y gozó de la hospitalidad de sus moradores hasta el 9, en que se marchó en búsqueda de la capital cruceña. Con anterioridad había seguido la ruta que atravesaba por Mizque y los villorrios de Pocona, Totora, Chilón y Pampa Grande.

A la salida de Samaipata vislumbró a distancia la silueta imponente del cerro en cuyo vértice se hallan enclavados los vestigios prehispánicos que promovían su curiosidad, y al anochecer, cuando terminaba la jornada, paseó junto a un cerco de piedras que los arrieros nombraban con el topónimo de Casa del Inka, que lo conceptuó como el campamento más lejano erigido durante el avance operado por el hombre andino en el período también Inka. Asimismo, se detuvo por allá para identificar matas de coca, que coligió salvaje o silvestre, pero que acaso eran remanente de la que antaño cultivaron ex profeso los nativos en vigencia del Inkanato y que por ciertas circunstancias no se extinguieron y se reprodujeron sin ayuda humana.

Regresó a Francia en 1834 y una importante beca le permitió publicar nueve enormes volúmenes narrando su Viaje por la América meridional, a los cuales se añadieron dos volúmenes de grabados. Esta obra, verdadera enciclopedia del Cono Sur, fue completada en 1847 y elogiada por Charles Darwin, que la calificó como “uno de los hitos de la ciencia del siglo XIX”.

Alcide d’Orbigny murió agotado en 1857, rodeado de gloria y finalmente reconocido por sus pares, que le habían otorgado cuatro años antes la primera cátedra de paleontología fundada en Francia.

Por su rigor, minuciosidad y método, su obra sigue siendo hoy en día una referencia para la geografía, la etnología, la arqueología, la geología, la zoología, la paleontología, y la botánica.

Le debemos muchos descubrimientos a d’Orbigny en todas estas áreas y sus estudios estratigráficos, ayudaron al establecimiento de la primera escala del tiempo geológico. Su obra tuvo aún extensiones inesperadas en la exploración petrolera o en amplias obras como la construcción del túnel bajo el Canal de la Mancha.

El hombre americano, su obra maestra, fue dedicada a Alexander von Humboldt, quien era para el erudito francés el ejemplo y el modelo del viajero-filósofo.

“Pisamos el continente americano en Río de Janeiro. La guerra con la República Argentina había obligado a movbilizar gran número de soldados, circunstancia que nos brindó la posibilidad de ver reunida una gran cantidad de Guaraníes, primitivos habitantes de la capital del Brasil, y poderlos así cotejar con algunos Botocudos, que habían sido conducidos en cautiverio desde regiones más septentrionales. Pero el Brasil ya había sido explorado por sabios de todos los países. Lo abandonamos, pues, para trasladarnos a Montevideo, y de allí a Buenos Aires, donde pudimos ver a los primeros Araucanos de las pampas, que habían sido derrotados en un encuentro con los Argentinos.

No era en el seno de las capitales donde debíamos observar al hombre del Nuevo Mundo. Remontamos, en consecuencia, el río Paraná hasta los límites del Paraguay. En Corrientes, donde establecimos nuestro centro de observación, no se habla, lo mismo que en el Paraguay y en las Misiones, más que el guaraní, en casi todas partes (…) Estudiamos minuciosamente a la nación Guaraní, y sus cruzas con la raza blanca y la raza africana; visitamos a los Tobas y a los Lenguas del Gran Chaco, cuyos rasgos, color y costumbres son tan distintos de aquellos de los Guaraníes; y luego, mientras regresábamos a Buenos Aires, pudimos observar los restos de la gran nación de los Abipones, lo mismo que a los Mbocobis, guerreros de las llanuras occidentales del río Paraná, cerca de Santa Fe. Llegamos a comprobar la existencia de grandes diferencias entre esas naciones, a pesar de lo cual quisimos proseguir con nuestras observaciones, a fin de fundamentar mejor la opinión que nos habíamos formado. Con tal propósito, decidimos, a pesar de los obstáculos de todo género que se nos presentaron, ir a establecernos en la Patagonia, a orillas del Río Negro, donde sabríamos que podríamos hallar a todas las naciones australes…”.

INDICE
Introducción
PRIMERA PARTE
Capítulo I – Generalidades
Consideraciones geográficas y estadísticas
Clasificación
Superficie ocupada; distribución geográfica
Migraciones
Población
Movimiento de la población y estadística de la raza americana
Capítulo II
Consideraciones fisiológicas. Color de la piel
Contextura de la piel
Olor de la piel
Talla
Formas generales
Formas de la cabeza
Facciones: fisonomía
Complexión: longevidad
Mezclas de razas
Capítulo III
Consideraciones morales. Idiomas
Facultades intelectuales
Carácter
Hábitos
Usos y costumbres
Industria, Artes
Vestidos
Centros de civilización; gobierno
Religión
SEGUNDA PARTE
RAZAS AMERICANAS – Características
PRIMERA RAZA – Ando Peruana
Características generales
PRIMERA RAMA – Peruana
Nación Quichua o Inca
Nación Aymará
Nación Atacama
Nación Chango
SEGUNDA RAMA – Antisiana
Nación Yuracarés
Nación Mocetenes
Nación Tacana
Nación Maropa
Nación Apolista
TERCERA RAMA – Araucana
Nación Auca o Araucana
Nación Fueguina
SEGUNDA RAZA – Pampeana
PRIMERA RAMA – Pampeana
Nación Patagona o Tehuelche
Nación Puelche
Nación Charrúa
Nación Mbocobi o Toba
Nación Mataguaya
Nación Abipona
Nación Lengua
Naciones no observadas de la Rama Pampeana
SEGUNDA RAMA – Chiquiteana
Nación Samucu
Nación Chiquito
Nación Saraveca
Nación Otukés
Nación Curuminaca
Nación Covareca
Nación Curaves
Nación Tapis
Nación Curucaneca
Nación Corabeca
Nación Paiconeca
Observaciones
TERCERA RAMA – Moxena
Nación Chapacura
Nación Moxo
Nación Itonama
Nación Canichana
Nación Movima
Nación Cayuvava
Nación Ité o Itenes
Nación Pacaguara
TERCERA RAZA – Brasilio guaraní
RAMA UNICA – Nación Guaraní
Nación Guaraní
Tribu de los Guarayos
Tribu de los Chiriguanos
Tribu de los Sirionos
Tribu de los Tupis
Tribu de Guayanas
Nación Bocotudo o Aymore
Nación Nuara
Nación Nalicueca
Nación Guasarapo
Nación Guato
Naciones Cabasa y Bororo