El Estado Absolutista, de Perry Anderson

Precio y stock a confirmar
Ed. Siglo XXI, año 1985. Tamaño 21 x 13,5 cm. Traducción de Santos Juliá. Estado: Usado excelente. Cantidad de páginas: 592

Por Perry Anderson

El objeto de esta obra es intentar un análisis comparado en la naturaleza y desarrollo del Estado absolutista en Europa. El verdadero alcance del estudio que sigue se manifiesta en tres anomalías o discrepancias respecto a los tratamientos ortodoxos del tema. Las primera de ellas es que aquí se concede mucha más antigüedad al absolutismo. En segundo lugar, y dentro de los límites del continente explorado en estas páginas -Europa-, se ha realizado un sistemático esfuerzo para dar un trato equivalente y complementario a sus zonas occidentales y orientales. Con todo, lo urgente no es tanto una mera paridad en la cobertura de ambas regiones cuanto una explicación comparada de su divisiòn, un análisis de sus diferencias y una estimaciòn de la dinámica de sus interconexiones. La historia de Europa oriental no es una mera y más pobre copia de la de Europa occidental, que podría yuxtaponerse al lado de ésta sin afectar a su estudio; el desarrollo de las regiones más “atrasadas” del continente arroja una insólita luz sobre las regiones más “avanzadas”, y con frecuencia saca a la luz nuevos problemas que permanecían ocultos dentro de ella por las limitaciones de una introspección puramente occidental.

Así pues, y al contrario de la práctica normal, la división vertical del continente entre Occidente y Oriente se toma a lo largo de todo el libro como un principio central que organiza los materiales de la discusión. Dentro de cada zona han existido siempre, por supuesto, grandes diferencias sociales y políticas que aquí se contrastan e investigan en su específica entidad. La finalidad de este procedimiento es sugerir una tipología regional que pueda ayudar a clarificar las divergentes trayectorias de los más importantes estados absolutistas de Europa oriental y occidental. Tal tipología podría servir precisamente para indicar, aunque sea sólo en forma de esbozo, ese tipo plano conceptual intermedio que se pierde tantas veces, y no sólo en los estudios sobre el absolutismo, sino también en otros muchos temas, entre las genéricas construcciones teóricas y los particulares casos históricos.

En tercer lugar, y por último, la selección del objeto de este estudio -el Estado absolutista- ha determinado una articulación temporal diferente a la de lo géneros ortodoxos de historiografía. Lo marcos tradicionales de la producción histórica son países singulares o períodos cerrados. La gran mayoría de la investigación cualificada se lleva a cabo dentro de los confines nacionales; y cuando un trabajo los sobrepasa para alcanzar una perspectiva internacional, normalmente toma como frontera una época delimitada. En ambos casos, el tiempo histórico no parece presentar normalmente ningún problema: tanto en los “anticuados” estudios narrativos como en los “modernos” estudios sociológicos, los hechos y las instituciones aparecen bañados en una temporalidad más o menos continua y homogénea. Aunque todos los historiadores son naturalmente conscientes de que el ritmo de cambio es distinto según los diversos niveles o sectores de la sociedad, la conveniencia y la costumbre dictan frecuentemente que la forma de un trabajo implica o conlleva un monismo cronológico. Es decir, sus materiales se tratan como si compartieran un común punto de partida y una conclusión común enlazados por un simple tramo de tiempo.

En este estudio no hay tal medio temporal uniforme, precisamente porque los tiempos de los principales absolutismos de Europa -oriental y occidental- fueron enormemente diversos, y esa misma diversidad es constitutiva de sus respectivas naturalezas como sistemas de estado. El absolutismo español sufrió su primera gran derrota a finales del siglo XVI en los Países Bajos; el absolutismo fue derribado a mediados del siglo XVII; el absolutismo francés duró hasta el final del siglo XVIII; el absolutismo prusiano sobrevivió hasta finales del siglo XIX; el absolutismo sólo fue derrocado en el siglo XX. Las amplias diferencias en la cronología de estas grandes estructuras correspondieron inevitablemente a una profunda diversidad en su composición y evolución. Y como el objeto específico de este estudio es todo el espectro del absolutismo europeo, ninguna temporalidad singular puede cubrirlo. La historia del absolutismo tiene muchos y yuxtapuestos comienzos, y finales escalonados y dispares. Su unidad fundamental es real y profunda, pero no es la de un continuo lineal. La duración compleja del absolutismo europeo, con sus múltiples rupturas y desplazamientos de una región a otra, condiciona la presentación del material histórico de este estudio.

Por tanto, aquí se omite el ciclo de los procesos y sucesos que aseguraron el triunfo del modo de producción capitalista en Europa tras los comienzos de la época moderna. Cronológicamente, las primeras revoluciones burguesas acaecieron mucho antes de las últimas metamorfosis del absolutismo; sin embargo, para los propósitos de este libro, con categóricamente posteriores, y se considerarán en un estudio subsiguiente.

Así pues, aquí no se discuten ni exploran fenómenos fundamentales como la acumulación originaria de capital, el comienzo de la reforma religiosa, la formación de las naciones, la expansión del imperialismo ultramarino o el advenimiento de la industrialización, aunque todos ellos se incluyen en el ámbito formal de los “períodos” aquí considerados, como contemporáneos de las diversas fases del absolutismo en Europa. Sus fechas son las mismas; sus tiempos están separados. La desconocida y desconcertante historia de las sucesivas revoluciones burguesas no nos atañe ahora; el presente ensayo se limita a la naturaleza y desarrollo de los estados absolutistas que fueron sus antecedentes y sus adversarios políticos.

Tal vez sea precisa una última palabra sobre la elección del Estado como tema central de reflexión. En la actualidad, cuando la “historia desde abajo” se ha convertido en una consigna tanto en lo círculos marxistas como en los no marxistas, y ha producido considerables avances en nuestra comprensión del pasado, es necesario recordar, sin embargo, uno de los axiomas básicos del materialismo histórico: la lucha secular entre las clases se resuelve en último término en el nivel político de la sociedad, y no en el económico o cultural. En otras palabras, mientras las clases subsistan, la construcción y destrucción de los estdos es lo que cierra los cambios básicos en las relaciones de producción

Una “historia desde arriba” -una historia de la intrincada maquinaria de la dominación de clase- es, por tanto, no menos esencial que una “historia desde abajo”. En efecto, sin aquélla ésta se acabaría teniendo una sola cara, aunque fuera la cara mejor. Marx escribió en su madurez: “La libertad consiste en convertir al Estado de órgano que está por encima de la sociedad en un órgano completamente subordinado a ella, y las formas de Estado siguen siendo hoy más o menos libres en la medida en que limitan la “libertad” del Estado”. Cien años después, la abolición del Estado continúa siendo uno de los objetivos del socialismo revolucionario. pero el supremo significado que se concede a su desaparición final testimonia todo el peso de su previa presencia en la historia.

El absolutismo, primer sistema estatal internacional en el mundo moderno, todavía no ha agotado en modo alguno sus secretos a sus lecciones para nosotros. El objeto de este trabajo es contribuir a una discusión de algunos de ellos.

INDICE
Prólogo
PRIMERA PARTE, EUROPA OCCIDENTAL
1- El Estado absolutista en Occidente
2- Clase y Estado: problemas de periodización
3- España
4- Francia
5- Inglaterra
6- Italia
7- Suecia
SEGUNDA PARTE, EUROPA ORIENTAL
1- El absolutismo en el Este
2- Nobleza y monarquía: la variante oriental
3- Prusia
4- Polonia
5- Austria
6- Rusia
7- La Casa del Islam
CONCLUSIONES
DOS NOTAS
A- El feudalismo japonés
B- El “modo de producción asiático”

adversarios políticos.