El espejo de Heródoto, de Francois Hartog

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Ed. Fondo de Cultura Económica, año 2003. Tamaño 23 x 15,5 cm. Traducción de Daniel Zadunaisky. Estado: Usado excelente. Cantidad de páginas: 362

Durante veinticinco siglos Heródoto ha ejercido una constante fascinación. Aún hoy se discute si es el padre de la historia o el padre de la mentira. En su “Historia”, consagrada a preservar el recuerdo de los hechos notables de los hombres, aparece por primera vez el historiador en tanto sujeto que escribe. Su obra es el espejo en el cual el historiador se interroga sobre su propia identidad. ¿Qué es un historiador? ¿Es Heródoto un historiador o un etnólogo?

La metáfora del espejo también guarda otro sentido. En los relatos referidos a los no griegos, Heródoto dedica mucha atención a los escitas y los presenta como un espejo en negativo de sus destinatarios griegos. Los escitas no son una gran civilización, no tienen casas, no labran campos ni comen pan. Adoran a sus dioses pero no tienen estatuas, templos ni altares. Son nómades; llevan un tipo de vida que los griegos consideran aberrante y que sólo pueden definir por sus carencias. Sin embargo, como ellos, fueron capaces de poner en fuga al poderoso ejército persa. ¿Cómo se representaban los griegos, hombres de ciudad, a aquellos otros que se desplazaban incesantemente? ¿Cómo Heródoto vuelve inteligibles a los escitas, los otros por antonomasia?

Este estudio analiza las reglas operatorias de la fabricación del otro: descubre la retórica de la alteridad, los vínculos entre el narrador y el destinatario, entre los enunciados del texto y el saber compartido. Se plantea un interrogante tan viejo como actual: el las relaciones entre la historia y la ficción.

Dice el autor: “El punto de partida de este libro está indicado en el subtítulo ‘Ensayo sobre la representación del otro’. En efecto, se trata de ver cómo los griegos de la época clásica se figuran a los otros, los no griegos; mostrar de qué manera o maneras hacían etnología; en síntesis, de esbozar una historia de la alteridad con su ritmo, sus acentos y pausas, si era posible determinarlos”.

El “otro” mencionado en el subtítulo es el pueblo escita. Hartog elige a los escitas porque, después de los egipcios, son el pueblo al que Heródoto dedica mayor espacio a pesar de que para el historiador de Halicarnaso, ese país carece de curiosidades dignas de relatarse. Al mismo tiempo, reflexionar sobre el modo en que el antiguo historiador presenta a ese pueblo no griego le permite al autor mostrar una experiencia de lectura de uno de los textos cardinales de la cultura occidental. Por ello pasa revista a los grandes hitos de la lectura de Heródoto, desde la Antigüedad (Heródoto padre de la Historia, pero poco confiable como historiador) hasta nuestros días, en que continúan apareciendo estudios sobre Heródoto.

Se pregunta de qué modo abordar esa lectura, y propone no simplemente cotejar el texto con las pruebas aportadas por la arqueología, pues el propósito no es descubrir a los escitas reales, sino a los que Heródoto describe. Por esa razón descarta también el cotejo con otros textos ajenos a la Historia, y propone confrontar el lógos escita con otros relatos dentro de esa misma obra, donde ese lógos ocupa un lugar determinado en un momento del relato.

Para exponer su investigación acerca de los escitas de Heródoto, Hartog ha organizado la obra en dos grandes apartados. El primero, “Los escitas imaginarios: espacio, poder y nomadismo”, analiza la ubicación de Escitia, las nociones de frontera y alteridad, ritos y creencias de ese pueblo buscando el imaginario compartido por Heródoto y sus lectores griegos. Concluye que Heródoto establece un paralelo entre la estrategia que los escitas emplean contra Darío y la que los griegos han empleado siguiendo a Pericles, cuando resuelven abandonar el territorio, defender sólo la ciudad (tradicionalmente se subordinaba la defensa de la ciudad a la del territorio) y confiar en la flota. Esta estrategia recurre a la metáfora de la insularidad, Atenas debe volverse una isla y los atenienses insulares. (Tucídides, I, 143, 5). Hartog afirma que la “estrategia de la aporía es la única invención que Heródoto admira”. Reconoce que esta admiración no es compartida por autores posteriores para quienes el nomadismo sólo se define por una acumulación de negaciones: los nómades no comen pan, no aran, no siembran, etc. Para Heródoto, el nomadismo es una estrategia que impone un género de vida. El segundo apartado, “Heródoto, rapsoda y agrimensor”, pretende considerar la retórica de la alteridad, “cómo el texto ‘traduce’ al otro y cómo hace creer al destinatario en el otro construido”, es decir, que propone analizar el efecto del texto. Vuelve aquí a plantearse el juicio que la Historia ha recibido a lo largo de los siglos y reconoce que este nuevo enfoque o retorno a Heródoto es posible gracias a un desplazamiento del campo histórico producido por el “retroceso de la historia episódica y política (o de una cierta historia política), por el auge de la antropología histórica o de la etnohistoria (de la cual podría convertirse en padre) y por las indagaciones recientes en el imaginario de las sociedades”.

La obra del Profesor Hartog invita a continuar la relectura de Heródoto desde esta perspectiva que recurre a las nuevas corrientes en el análisis del discurso. “Este viaje por Heródoto, a semejanza de su objeto primario, el nómada, no está cerrado en sí mismo ni acabado; por el contrario, invita a ampliar la investigación, ya que plantea de nuevo el problema del efecto del texto histórico, es decir, el del género histórico mismo, y vuelve sobre el lugar y la función del historiador en su sociedad”.

INDICE
El viejo Heródoto: de la epopeya a la historia
El nombre de Heródoto
PRIMERA PARTE: Los escitas imaginarios: espacio, poder y nomadismo
Los escitas de Heródoto: el espejo del escita 33
1- ¿Dónde queda Escitia?
2- El cazador cazado: póros y aporía
3- Frontera y alteridad
4- El cuerpo del rey: espacio y poder
5- El espacio de los dioses: la “autococción” del buey y las “bebidas” de Ares
Conclusión. La cuestión del nomadismo
SEGUNDA PARTE: Heródoto, rapsoda y agrimensor
Generalizar
1- Una retórica de la alteridad
2- El ojo y el oído
3- La Historia como representación
Conclusión. Historia de una partición
Bibliografía complementaria
Indice temático