Díganme Ringo, de Ezequiel Fernández Moores

Precio y stock a confirmar
Ed. Periodistas Viajeros, año 2015. Tamaño 23 x 15 cm. Incluye 35 fotografías en blanco y negro. Estado: Nuevo. Cantidad de páginas: 292

Díganme Ringo300“¡Ringo! ¡Ringo!”, le gritaron divertidas unas fans de los Beatles a Oscar Natalio Bonavena cuando en 1964 caminaba por Nueva York con su flequillito a lo Ringo Starr. Marvin Goldberg, dueño de su contrato, encontró el apodo que estaba buscando: “Ringo, serás Ringo Bonavena”. Pasan treinta años y estamos en Buenos Aires. Paul McCartney habla con el científico argentino Hugo Zuccarelli, que le cuenta de su invención de la holofonía, una técnica de especialización sonora. McCartney cree que la cabeza de telgopor de la que cuelga la cabeza y las dos “orejas” que permiten escuchar el sonido holofónico se llama Ringo por Ringo Starr. “¡Qué Ringo Starr! -lo ataja Zuccarelli, que había crecido en Parque Patricios- ¡Ringo Bonavena!”.

Escribí Díganme Ringo en 1989 y en 2012, cuando planeo una reedición, Ringo, claro, sigue siendo Ringo Bonavena. Ricardo Iorio, líder de la banda de heavy metal Almafuerte canta que es “metalero por propia elección” y sigue: “a ver muchachos una vez más/ cantemos todos así escuchan bien/ los trajeaditos que venden perdón/ los tropicales y los cyberstones”. De la nada, sale el estribillo: “aguante Bonavenaaaaa/ aguante Bonavenaaaaa”. Los rockeros de Massacre presentan su octavo álbum, un homenaje a Buenos Aires al que llaman Ringo, por Bonavena, “un icono porteño”, según dice Walas, líder de la banda, al diario Página 12. En La Virgen del Knock out, uno de los once temas del álbum, Walas canta: “De mi ring no se sale/ soy temido en el norte y en el sur/ no me quedan rivales ya y este negro no me dura ni un round”. El “negro”, claro, es Muhammad Alí. “Lastima que le duró quince rounds”, ironiza a Walas Dora Raffa, la viuda de Ringo, feliz por el homenaje.

El suplemento Sí!, de Clarín, entrevista a nuevas bandas. Bonavena se llama la de tres pibes de Lugano. “Quería un trío bien poderoso, como una trompada -dice Monchi- y eso lo relacioné siempre con Bonavena, ya su apellido suena a piña, imagínate cómo pegaba”. En la TV, Canal 13 ofrece en horario central la telenovela Sos mi hombre. El protagonista central, encarnado por el actor Luciano Castro, es Ringo, un boxeador. A la semana siguiente, en una de sus tantas pelis, la TV de cable trasmite Love Ranch. Helen Mirren, que venía de protagonizar a la Reina Isabel, y Joe Pesci, son un matrimonio de mañosos. Grace y Charlie Bontempo, dueños de un prostíbulo en Reno. El tercero en discordia es el actor español Sergio Peris-Mencheta, que hace de Armando Bruza, un boxeador mexicano. Los nombres están cambiados por cuestiones de derechos. En realidad, Love Ranch es el Mustang Ranch. Grace y Charlie Bontempo son Sally y Joe Conforte, los dueños del burdel en cuyas puertas asesinaron a Bonavena. Y Armando Bruza, por supuesto, es Ringo.

Me había enterado de Love Ranch en 2009, cuando Peris-Mencheta vino a Buenos Aires para hacer un curso acelerado de Ringo. Su primer objetivo fue ir a la tumba de Ringo, en Chacarita. A pedir permiso. Cantó y se movió como Bonavena cuando cenamos en un restaurante en Belgrano. Tenía Díganme Ringo. Le dije que tenía que ir a Parque Patricios a ver a Huracán. En la cancha, cantó “yo soy quemerooo…no me importa nadaaaaa” al ritmo de Los Rodríguez. No se entonó el himno histórico: “somos del barrio, del barrio de la quema, somos del barrio de Ringo Bonavena”. Los hinchas le regalaron una camiseta. Acaso celosos porque San Lorenzo tenía a Viggo Mortensen, lo despidieron con una advertencia: “mirá que si algún día ganás el Osssscar y no subís a recibirla con esssta camiseta del Globo te buscamos por dónde esssstéssss”. Sergio me lo contó feliz, estirando las s para imitar el
porteño de los hinchas. “Pasé uno de los domingos más felices de mi vida”, me dijo esa noche.

Por esos años también Sebastián Ortega proyectaba en Buenos Aires una peli, dirigida por Carlos Sorín y con Rodrigo de la Serna como Ringo. El proyecto no se concretó. Lo mismo sucedió con otra película que imaginaba desde Estados Unidos el cineasta y publicista argentino Marcelo Pugliese, hijo del Nono Pugliese y de Claudia Sánchez. El proyecto, aún vigente, parecía trasformarse en 2015 en miniserie para la TV. Love Ranch tampoco llegó a ser peli de salas porteñas. La dirigió Taylor Hackford, marido de Helen Mirren y director de Cuando éramos reyes, un fabuloso documental premiado con un Oscar sobre la pelea Alí-Foreman en el Zaire. La peli es irregular, pero Sergio hace un buen Ringo. “Soy argentino. No soy sólo un boxeador. También soy poeta”, le dice en un momento del filme, canchero, a Helen Mirren (Sally Conforte). La Reina de la Mafia, sexagenaria, luce emocionada por el poema que le escribe Ringo. Al mafioso, se sabe, no le gusta ese juego. En la peli, Pesci (Joe Conforte) mata a Ringo de un balazo en las puertas del prostíbulo. Fin del sueño americano. La bala entra por el globito de la camiseta de Huracán que Sergio había comprado tres años antes en San Telmo.

La Negra Vernaci vio la peli en el cable. Me llamó al día siguiente desde su programa de la Rock and Pop para hablar de Ringo. No fue la única. Todos los años recibo pedidos de entrevistas para hablar de Bonavena. De programas consagrados en la radio argentina o de estudiantes de periodismo. La curiosidad sigue año tras año. Llamativo, porque Ringo no fue campeón mundial como Carlos Monzón, Horacio Accavallo o Nicolino Locche. Tampoco fue un virtuoso de los rings. Su potencia, su “aguante Bonavena” eran las virtudes centrales del blanco bravo que pujaba entre reyes negros. Además, en la que fue su pelea histórica, en 1970, Ringo terminó derrotado por Alí en el Madison Square Garden. La TV argentina registró esa noche casi 80 puntos de rating. Sucede que

Ringo, está claro, fue mucho más que un boxeador. Fue un showman. Un porteño que se inventó a sí mismo, cuando por supuesto no existía Internet ni el cable y teníamos apenas un puñado de canales en la TV de aire. “Mediático antes de que existiera esa palabra”, lo definió Martín Becerra. ¿Cómo sería hoy en tiempo de redes sociales? Bonavena, como se llama una página en Facebook, se actualiza cada tanto con viejas fotos del boxeador. “Ringo Bonavena -dice la reproducción de una portada de la revista Estampas Deportivas, apenas días después del asesinato- los ídolos nunca mueren”.

Díganme Ringo nació como parte de una frustrada colección sobre personajes populares ya fallecidos. En 1989 termina siendo un libro más amplio y con vida propia. Editorial Planeta me ofreció en su momento una lista de personajes deportivos. Elegí a Ringo porque me permitía acercarme al boxeo desde el lugar del deportista, de la persona y del personaje. Y no desde el lugar de un deporte cuya violencia yo cuestionaba mucho en aquellos años. Críticos como Miguel Briante, entre otros, lo votaron como uno de los mejores libros de aquel año.

En 1990, el diario Crónica, que los domingos vendía 700.000 ejemplares, publica Díganme Ringo en fascículos durante cuatro fines de semana. En los años siguientes, recibí propuestas para reeditarlo. Por hache o por be nunca lo hice. Llegué a prestarlo para que circulara en fotocopias entre estudiantes que lo precisaban en escuelas de periodismo. Como mucho, se podía conseguir muy cada tanto una copia en Mercado Libre. Hasta que en 2012 me llama Jorge Castellani, de Ediciones Lictio. La propuesta económica era malísima. Pero me gustó su respuesta cuando le pregunté por qué le interesaba reeditar Díganme Ringo. “Recorro bibliotecas populares, veo que lo piden todos los años y que ya lleva mucho tiempo sin reeditarse”. Le dije que sí y hasta pensé añadirle historias. “No toques nada, dejalo como está”, me aconsejaron colegas amigos. Otra vez sopa. Castellani sufrió algunos problemas de salud y la reedición quedó en la nada. En el medio, Omar López Mato, oftalmólogo, escritor e investigador de historia y arte, me pide escribir el prólogo de Ringo y Joe, su libro sobre las vidas de Bonavena y Conforte. El mafioso, nos cuenta López Mato en su libro, llegó a tener un paso clandestino por Argentina antes de su exilio VIP en Río de Janeiro, escapándole al FBI. En Mendoza, un chofer reconoció a Conforte y, según cuenta López Mato, le dijo que hizo bien en matar a Bonavena, porque Ringo, decía ese chofer mendocino, era un porteño fanfarrón.

Parque Patricios es barrio de tango. Pero al Ringo más querible lo siguen recordando los rockeros. “Ringo regresa a su barrio, lo esperamos en La Quema”, canta Pity Fernández en El barrio en sus puños, el último trabajo de Las Pastillas del Abuelo, que narra cronológicamente la vida de Bonavena. El hijo de Ringo, Natalio Oscar, también apodado Ringo, fue a ver tres veces el espectáculo en teatro ciego en La Trastienda. Cuando Pity canta sobre los ravioles de Doña Dominga se siente olor a tuco. A jazmines si canta llores. Y salpican gotas si Pity canta que Ringo traspira. Frente a la sede de Huracán está la estatua de Ringo. La rodeaban cientos de hinchas a fines de 2014. Celebraban la conquista de la Copa Argentina, primer título del Globito después de 41 años. Un nene de cinco años le pregunta al padre quién es el de la estatua. Posa como Ringo boxeador y pide foto. Otra de las tantas señales es el mural del club Juventud y Armonía, en la calle Tabaré. Herminio Masantonio, ex crack del Globo, está con pantalón de boxeador. A su lado, aparece Ringo con pantalón de fútbol. Debajo, la leyenda: “está permitido caerse, levantarse es obligatorio”.

En 2015, Ringo fue homenajeado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires con una baldosa con su nombre en la Costanera Sur, junto con otros ídolos populares del deporte argentino. Y en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI) se presenta Soy Ringo, un buen documental de tintes policiales de José Luis Nacci. Ringo hijo ve la peli en el Gaumont. “Me gustó pero sigo sin saber qué pasó con papá”, le dice a Nacci. Acaso sólo Ringo podría haber explicado por qué fue derecho a la muerte en mayo del ’76, de visitante en la casa del mafioso. Podemos intuir por qué lo asesinaron. Pero, más que la muerte, la memoria popular recuerda aún hoy al Ringo vivo, al personaje, show y drama incluidos.

Por eso, ahora ya por cuenta propia, con la decisión clave de Carola Fernández Moores, sobrina y ahijada, y de su pareja, Marcelo Borrego, ambos periodistas, me decido a reeditar Díganme Ringo. El pasado, es cierto, se revisa, se mueve y hasta puede volverse impredecible, como ironizó alguna vez un historiador. Pero sigue siendo el pasado. Esta reedición es la vuelta a ese pasado. Con los años me enteré de varias anécdotas más, reales e inventadas. Difícil separar verdad y mitología si aún en pleno 2015, hay quienes siguen contando por TV anécdotas imposibles de creer, sin advertir que no cierran fechas ni personajes y que hoy, Internet y Youtube mediante, las imágenes ya están a la vista de todos. El bosque, en rigor, sigue siendo el mismo. Por eso, más allá de alguna inevitable actualización de fecha y acontecimiento, este es casi el Díganme Ringo original. Incluyo en esta última lista al gran Osvaldo Príncipi, por su generosa frase sobre el libro. Y a Sebastián Domenech, ilustrador extraordinario. Me acompaña todas las semanas en contratapas que escribo desde hace años en el diario La Nación. Suya es la portada de esta reedición. Un lujo. El 22 de mayo próximo se cumplirán 40 años del asesinato de Bonavena. Seguramente, como ya sucedió en mayo de 2014, por los altavoces de la cancha de Huracán, el locutor pedirá a la multitud que lo homenajee con el grito de siempre. Y comenzarán desde la tribuna llamada “Oscar Ringo Bonavena”: “Somos del barrio del barrio de la quema, somos del barrio de Ringo Bonavena”.

INDICE
El día final
Mataron a Rigo
El barrio de la quema
Un mordiscón y a Estados Unidos
Nace una estrella
El “bocón” debuta en el Luna
La consagración
Pío pío
La calle Corrientes
El boxeo o la noche
Escándalos y polémicas
En busca de la corona
Boxeo, mafia y negocios
Made in USA
¿Made in Luna Park?
Rabanaque nocaut
Una bomba en el avión
Señores, el pavo está muerto
Regreso con gloria
Gorila como el “macho” Lanusse
¿Cómo era Ringo Bonavena?
El Globo sale campeón
Ringo Sheriff
La familia unita
Los hombres de Reno
La bella y la bestia
¿Por qué mataron a Ringo Bonavena?
El llanto popular
Epílogo: Ringo hoy
Fuentes
Oscar “Ringo” Bonavena: récord profesional