Cuentos camperos y algo más…recuerdos de un productor rural, de Fernando Lucio Fourcade

Precio y stock a confirmar
Ed. Dunken, año 2007. Tamaño 23 x 16 cm. Incluye 21 fotografías a color sobre papel ilustración y más de 30 fotografías en blanco y negro. Estado: Usado muy bueno. Cantidad de páginas: 456

Por Fernando Lucio Fourcade

¡Plantar un árbol,
tener un hijo
y escribir un libro!

He dejado correr los últimos años de mi vida meditando estas nunca perimidas máximas, y durante todos ellos, nunca he dejado de preguntarme:

…¿Podré algún día animarme a cumplir con la tercera estampando buena parte de mis vivencias, saturadas como están de memorias y de olvidos?

…Porque, ¿a quién puedo ocultar ahora que aquellas dos primeras, con los miles de retoños plantados y los hijos engendrados, no están ya cumplidas?

Con coraje entonces, doblaré mi apuesta.

…¿Serán únicamente aquellas memorias las que pretenda recuperar repentinamente ahora, o tendré que recurrir asimismo a un grueso cúmulo de olvidos, que aunque rezagados no han logrado todavía evadirse por completo de mi mente, y continúan abrevando furtivos en mi memoria?

Porque me doy cuenta de que también los necesito, para que todos juntos retrotraigan a la actualidad gran parte de todos los buenos momentos vividos, consciente de haber jugado en ellos un papel tan importante como el de haberme sentido involucrado, tanto coma escucha cuanto como protagonista.

He notado, a todo esto, que últimamente no son raras las noches en que cada vez con mayor asiduidad convergen hasta mi mente, como tropel inacabable, claras secuencias que me conducen agradablemente entre sueños a aquellas memorias y a aquellos temporarios olvidos, que emergiendo lejanos exhiben, a pesar de ello, nítidas imágenes de mi feliz infancia.

Sin ir más lejos, noches pasadas he vuelto a soñar con “La Matilda”, y nuestras primeras vacaciones campestres, transcurridas en aquella vieja e imponente casona de altos techos y crujientes pisos de madera.

También he vuelto a soñar con “La Escondida” y su elongada galería, impregnada del característico aroma dulzón que emanaba con fuerza de sus perfumadas glicinas, pletóricas de flores azules, y que todo lo invadía por las noches, colándose hasta el interior de nuestras habitaciones contiguas.

Contemplándolas, me pasaba a veces largo rato con los brazos bajo mi cabeza y sobre la almohada, haciendo un titánico esfuerzo para no dormirme, mientras péndulas se mecían ante el menor empuje de la brisa nocturna, imaginándome al observarlas semejantes a extrañas figuras devenidas desde sus sombras, proyectándose sobre el nítido contraluz que solía brindarles, como telón de fondo, una luna llena y refulgente.

Pero debo confesar que ahora más que nunca, en forma más que reiterada, he vuelto a soñar con “Los Indios”, su multifacética fisonomía su gente, y todo lo que en definitiva significó su original nombre, desde el día mismo
en que puse mis pies sobre su tierra bendita durante los años de la primera década de vida.

Concretamente, pienso que todos estos edulcorados sueños, que pujantes transitan por mi cabeza ahora, son los que decididamente me impulsarán a rebobinar aquellos episodios vividos, y transmitírselos a ustedes, mis queridos
lectores, en la armónica conjunción de cientos de memorias y otro tanto de olvidos, atrapados todos ellos como enésimas hebras en el complejo telar de la verdadera trama que urdió mi vida.

INDICE
Dedicatoria
Prólogo, por Mamerto Menapace
PRIMERA PARTE
Introducci6n. De memorias y de olvidos
Sueños. Un mensaje de amor
I- Don Guillermo
Un trajinado día y un forastero
Doña Ermelinda: un diez en todo
La Gran Depresión y sus consecuencias
Una helada de aquellas
¡No le hago asco al trabajo!
¡Terminó siendo un pingazo!
Más que una prueba, una demostración
Un telefonazo muy oportuno
De leñador a tantero
Curando “agusanados”
¡Y si armamos un tambito!
II- La Escondida
Subir al tren
Un parque y una estancia
Cargando la lana y una sorpresa
Bichos, alimañas y algunos porrazos
Crotos y linyeras
El pintoresco “Coronel Villegas”
Un salvaje gato montés y una sorpresa
La torada del fondo y un destino impensado
¡Tantas vueltas da la vida!
III- El Pibe Cabeza
IV- El pecado de Carmelo
Haciendo memoria
A pueblo chico, infierno grande
Carmelo y sus amigos
Una viuda piadosa
Hundido en la soledad de sus penas
V- Testarudos y porfiados
De vascos a irlandeses
Un terraplén entre campos maulones
Don Iragüén y Don Patricio
Un remate en Villegas
Segundo Ludueña, ¡un puestero bien puesto!
¡Qué tormentón! Tierra, granizo y agua
Tratando de “llegar a las casas”
¡Maldito terraplén!
Mate, tortas fritas y…¡limpiando!
¡Qué jaleo aquél!
Otra vez, el bueno de Ludueña
Un arreglo misterioso
VI- Mister Tirapeidos
La soledad de Eudoro
Recreando un personaje pintoresco
Fanfarroneando
Galopando y enebrando recuerdos
Don Cleto y Doña Consuelo
En los corrales de la estancia
Retobado y pendenciero
Travesuras
En la feria y un desenlace imprevisto
Y esto también sucedió
VII- Don Alvarado
VIII- El regreso de Don Alvarado
“Los Indios”
¡Están llegando los arreos!
Cuentos de fogón
Galopando pa’las casas
Despedida
IX- El paraíso de los presos
Organizando un establecimiento
Una visita inesperada
Un pechazo previsible
X- Fútbol en Curarú
XI- El vaqui-pollo
El desafío de la inseminación artificial
Santiago Mauri y el laboratorio
Pícaros y picardías
¿Y en dónde estaban las plumas?
XII- El Papa Frita
Introducción
Ubicando al personaje
En lo de Manolo Sánchez
¡La bota e’potro, no es pa’cualquiera patrón!
La bomba de los tamberos
Abandonando el ostracismo
Luciérnagas en la noche
Ordeñando en los corrales
Leche y chismes se reciben
El rapto de las Sabinas
Un cambio de muda “a la minuta”
Epílogo y una fogata
XIII- Teléfonos condicional
Algo de historia
Mucho de odisea
Un enfermo no contagioso
XIV- ¡Yo también!
XV- La esquila de Los Grosso
¡Esquilas eran las de antes!
“El petitero” en acción
Segundo día de esquila
XVI- El dedo del Clemente
Un lugar de encuentros
Nuestra carnicería
¿Y mi dedo?
XVII- ¡Te cambiaron los chanchos!
XVIII- La Pampa húmeda, una amarga ironía
Bibliografía