Antología del aire, de Gonzalo Rojas

Ed. Fondo de Cultura Económica, año 1994. Tamaño 21 x 14 cm. Estado: Usado excelente. Cantidad de páginas: 304

Antología del aire, Gonzalo Rojas 001Si se tratara de hacer justicia, Gonzalo Rojas (Lebu, Chile, 1917) debería ser situado al lado de poetas de la talla de un Octavio Paz o de un Lezama Lima. Debería ser situado entre los maestros here­deros de la vanguardia ya que, en efecto, Rojas recibe como bagaje poético teórico toda la información proveniente de la liberación pro­metida por Darío y que luego pasó por Vicente Huidobro y César Vallejo. Lo que recibe son los trazos fundamentales de un mestizaje, condición sine qua non para que se pueda hablar de poesía lati­noamericana y, dentro de ella, fundamentalmente la de este siglo.

Cuando me refiero a una poesía del mestizaje no estoy haciendo una homologación con el mestizaje de la sangre, característico de Amé­rica Latina. Hablo de un mestizaje de la forma. La poesía de Rojas es característica en este sentido. Desde un ángulo fenoménico, vista como un paisaje, la poesía de Gonzalo Rojas es un híbrido, un híbrido de hablas. Esto último tiene, por lo menos, dos aspectos. El primero es el aspecto del híbrido especial entre la mimesis del habla cotidiana y el lenguaje de la poesía de invención. No se trata, sin embargo, de una poesía esencialmente conversacional: no hay aquí un trabajo con figuras o metáforas incrustadas naturalmente en la lengua. Rojas sa­botea constantemente la conversación con el recurso a la imagen o a la metáfora inventiva, esto es, de creación. Entre esta oposición, por un lado casi clásica, y la creación de la imagen casi exnihilo, casi de la nada, radica la especificidad física de esta poesía: un lenguaje de cuerpo abierto desde donde escapa un alma a la velocidad de la luz.

El otro aspecto de la hibridez de la poesía de Rojas se manifiesta en relación con la tradición. Rojas está lejos de una visión nostálgica del pasado. Su relación con la tradición literaria está muy cerca del make it new poundiano, de un gesto que, por presentificante, inventa el pasado, en la medida en que su empresa se propone como un acto de revitalización. De ahí que la poesía de Rojas que entronca con el pasado sea una correspondencia dialógica, más que un homenaje. Esto, aparte de parecer obvio, supone una diferencia capital. Vivimos en una época en que nuestra actitud frente al pasado es de tal modo reverencial, que el recurso ad-hoc que encontramos para enfrentarlo es repetirlo tal cual fue o como creemos que fue, lo cual es lo mismo. Si se quiere un signo más marcante de la imbecilidad de este momen­to, creo que ese es uno. Por el contrario, una actitud inventiva res­pecto del pasado, una actitud creativa implica claramente una volun­tad de transgresión, un flujo agresivo de descanonización. San Juan de la Cruz o el Arcipreste de Hita viven en los poemas de Rojas. Viven: están hablando. Esta actitud vital es, según creo, un indicador claro de uno de los grandes temas de la poesía de Rojas, del que se ha hablado poco: se trata de una poesía moral, de una ética de la poesía. A través de esta actitud de la voz puede aparecer Rimbaud:

ÇNo tenemos talento, es que
no tenemos talento, lo que nos pasa
es que no tenemos talento, a lo sumo
oímos voces, eso es lo que oímos: un
centelleo, un parpadeo, y ahí mismo
voces. Teresa
oyó voces, el loco
que vi ayer en el Metro oyó voces
(…)
Pero somos precoces, eso sí que somos,
muy
precoces, más
que Rimbaud a nuestra edad; ¿más?
¿todavía más que ese hijo de madre que
lo perdió todo en la apuesta? Viniera y
nos viera así todos sucios, estallados
en nuestro átomo mísero, viejos
de inmundicia y gloria. Un
puntapié nos diera en el hocico.
(Rimbaud )

En correspondencia con el tema moral aparece inmediatamente el otro, el del amor, ya subrayado suficientemente por la crítica. Para agregar algo, habría que decir que el amor se plantea también, más allá de las imágenes desbordadas de un aparente libertino que repre­senta el hablante de Rojas, como un problema moral: es el amor como ciencia, la ciencia del amor y no la refriega sensualoide del Don Juan. Las mujeres que el hablante Rojas ama en sus poemas van en procesión, van en caravana rumbo a la UNO. Ese UNO es Dios, del mismo modo que Dios es todos.
En cuanto a la materialidad del lenguaje, la poesía de Rojas no desdeña ninguna de sus funciones: ahí están, en convivencia pacífica, la función expresiva, la apelativa, la poética y la metalingüística. Esa correspondencia es feliz por su especial relación con el objeto poé­tico: en el terreno de estos poemas todas las cosas están en pie de igualdad. Rojas es un anarquista de las cosas. No hay privilegio, incluso cuando anafóricamente el hablante repite una frase hasta que cala en los huesos o en la piel —si hay un adentro y un afuera— del lector.

Respecto de esto último, el manejo que Rojas hace de la entidad lector, de ese otro virtual que nunca es ideal, es escalofriante. El recorte sintáctico que produce en sus poemas siempre toman al lector desprevenido. No importa demasiado que el título de un poema avise por anticipado que allí se tocará tal o cual tema. La frase pautada por la respiración, a veces entrecortada, a veces una respiración larga, sitúa en cada nuevo corte al lector en un espacio desconocido. ¿Y ahora qué viene? En realidad con Gonzalo Rojas nunca se sabe; por eso siempre se aprende. Para llegar a un núcleo temático hay que atravesar por una serie de avatares intermedios, ordalías por las cuales el lector debe pasar para ser aceptado en la tribu como un iniciado más. Esto me hace sospechar que la poesía de Rojas, en realidad, no tiene tema o sólo lo tiene ocasionalmente: el tema es el lenguaje, sus devenires y derivas posibles. Es un árbol que no tiene ni copas ni raíces. Hay ramas. Hay que detenerse en las ramas. Y luego, por las ramas, devenir gato, devenir Rimbaud, devenir odalisca o fenicia: una deriva interminable por las fallas —las aberturas—, del lenguaje.

Deberle algo a Gonzalo Rojas hoy en día y en la poesía latinoame­ricana (no sólo en la chilena) es deberle no tanto a uno de nuestros grandes poetas sino a una sintaxis: a una sintaxis liberada. De los herederos de la vanguardia Rojas ha sido el que puso a bailar todas las funciones del lenguaje en el poema. Aun la expresiva, la más estridente, la descartada por los cultores del poema objetual. “Se puede”, dijo Rojas, y el resultado fue una de las poéticas más vivaces que interactúan por nuestra planicie lírica.

Eduardo Milán

INDICE
“Recado desde México. La voz de un gran poeta”, por Eduardo Milán
1- La miseria del hombre
2- Contra la muerte
3- Oscuro
4- Transtierro
5- Del relámpago
6- 50 poemas
7- Del relámpago
8- El alumbrado
9- Materia de testamento
10- Desocupado lector
Asombro y vida cotidiana
“Recado desde España. Encantamiento con desollamiento”, por Jorge Rodríguez Padrón
Nómina de poemas
Indice de poemas