Karcino. Tratado de palindromía, de Juan Filloy

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Ed. Cuenco de Plata, año 2005. Tamaño 14,5 x 14,5 cm. Estado: Usado excelente. Cantidad de páginas: 216

Por Juan Filloy

Sinonimia: En la nómina siguiente el lector de cualquier nivel podrá encontrar una serie de denominaciones absolutamente equivalentes, comenzando por las que arraigaron primero en el tiempo: Frases palíndromas, Karcinogramas, Versos sotádicos, Versos karcínicos, Frases hysteroproteron, Frases retrofonidem, Frases Sí bis in idem…, Frases anacíclicas, Frases bifrontes, Frases capicúa, Frases de ida y vuelta, Frases de vaivén, Frases filloyanas, Frases jánicas, Frases reversibles, Frases retroversales, Frases simétricas.

En los textos palindrómicos -que deben ser impresos preferentemente en letras mayúsculas o versalitas- no se computan grafías de signos, acentos y puntuación. Esta misma se emplea parcamente, o no se emplea. como en las viejas escrituras o como en cierta poesía moderna, en la cual el lector percibe hiatos y nexos tácitos que impone la captación del sentido. Obviamente, lo mismo que las licencias poéticas, la palindromía recaba alguna tolerancia a durezas sintácticas y lógicas; y hasta cierta indulgencia cuando la locución adosa perfiles insólitos, tosquedades o quebrantamientos del orden gramatical.

Divertimento, grato entre todos, es el de la palindromía. Las palabras pareciera que esperasen a quienes, en una mayéutica formal, las alumbrara, para conducirlas por sendas metodológicas hacia revelaciones inéditas.

En esta disciplina, que tiene mucho de grave por la pasión que recaba y de zahorí por la claridad que revela, el premio es un goce encantador. Porque su lógica es imbatible en expresividad. ya que vierte en la más ceñida proximidad sintáctica algo que significa misterio, algo que, como las voces que repite el eco, implica un auténtico rapto de sorpresa y lirismo.

La palindromía encarna además un coeficiente natural de la escritura; pues lo que se escribe ya está escrito, o mejor: inscripto de modo exacto viniéndose desde las incógnitas del tiempo y del espacio. Se trata de un espejo retrovisor invisible que maravilla al descubrirse; puerto que repute cabalmente to ya escrito, con idénticas grafías y con iguales resonancias.

En el bloque del léxico están inmersas, infusas, todas las formas del pensamiento lógico o del pensamiento mágico. Y una vez descubiertas, sacadas a luz, solo interesa extraer de ellas la escoria de conceptos retóricos y bruñir lo poético de la palabra para que brille en ella la emoción.

La palindromía es aventura y epopeya intelectual, según la intensidad de la vocación. La equiparo a la morosa delectatio de labrar sonetos. Si aquí se elabora y modula la substancia poética en finos patrones de ritmo y rima, allí la pesquisa exitosa de los enigmas que oculta la locución y la palabra duplican el encanto de virtualizarlos.

Niego que la frase palíndroma tenga equivalencia entre las maravillas del lenguaje. Es única. Basta que la locución conserve límpidos sus perfiles ortográficos, para que la fluidez responda con vocablos distintos la propia escritura del pensamiento original. Porque, congeniando el sentido conceptual con el gramatical, la palindromía es un espejo que repite de vuelta su imagen.

El entretenimiento que provee la palindromía origina sorpresas inopinadas, satisfacciones inéditas. Supera al juego y al deporte. Si allí cálculo y destreza, aquí aguda perspicacia para lograr el impacto visual de esa misteriosa combinación de letras y significado. La distracción asume así el carácter del otium cum dignitate que preconiza el “Regimen Medicus Salernitanum”. Es decir, entretener al tiempo en gloriosas naderías, antes que el tiempo se ocupe de perderlo a uno para siempre…

El idioma castellano ofrece al ejercicio de la palindromía infinitas posibilidades. Por lo pronto, su morfología propende a ello. De tal modo no reclama esfuerzos a ultranza. Bastan la llave o la ganzúa del ingenio y la paciencia para disfrutar la dicha del cerrajero -descubriendo las combinaciones de una caja fuerte obstruida… O la del ladrón infiltrándose al tesoro que ansía… Porque es así: únicamente con habilidad de cerrajero o ladrón es posible violar locuciones cerradas al ojo cómodo del lector común, y abrirse paso hacia el enigma que la duplicidad oculta.

Recalco la primacía del español coma idioma palindrómico. De por sí, es un beneficio computable aquilatarlo también en esto. Un beneficio que emerge de búsquedas intensas escrutando la materia del vocablo. Un beneficio de asombro que no se concreta yendo en la lectura sino volviendo; con lo cual al fin se ha descubierto que todos los regresos de la palindromía son superiores al ir de la lectura.

En puridad, ¿qué es la palindromía sino la resurrección de la misma frase de su tumba de letras?

Cosa insólita, las letras se obstinan en servir dos veces en la palindromía. Tienen dos patrones: uno a la izquierda y otro a la derecha. Consuetudinariamente, las letras muestran una sola cara; una cara que se ruboriza o protesta, que sonríe o llora, etc. En esta modalidad las letras son jánicas: presentan dos caras, una a la izquierda y otra a la derecha, manteniendo gestos, rictus y matices diferentes. Vale decir: una cara visible, orgullosa de expresar lo que ostenta; y otra cara secreta, exclusiva para iniciados en el culto esotérico de la palindromía.

En el escenario del idioma, un duende apuntador impulsa a las palabras a expedirse en un arden y sentido determinados. Así aparecen ante los ojos del lector; mas, desde bambalinas, un duende más duende repite lo dictado. El rol es doble. Si en verdad se escucha la voz del actor, es porque la voz del segundo es opaca. Esa duplicidad lúdica es la esencia de la palindromía.

En el verso más finamente cincelado siempre es dable topar con ripios. En la palindromía no hay paja, 1égamo ni escoria. Todo sirve, porque las letras cumplen en ella el más estricto pragmatismo ortográfico y sintáctico.

Dos ritmos (un ritmo redoble y otro resonancia) campean en cada locución palindrómica bien lograda. Lo arduo es dar con ellos y acostumbrarse a su pulsación. Cuando eso acontece, el compás señala el arpegio y la cadencia.

No deja de ser gracioso que los vocablos se vistan con sus propias letras, yendo hacia la derecha; y que se desvistan, mostrando la identidad de las mismas letras, viniendo hacia la izquierda.

La palindromía es diurna y nocturna, simultáneamente. Un sol extraño -un sol semiótico- ilumina su claridad expresiva y su sombra gemela. La lectura natural visible se sume en la sombra de caracteres gráficos iguales. Mas la paradoja se esclarece leyendo retrospectivamente. Así, lo que fue nítido al principio se torna diferente sin haber dejado de ser idéntico. Este es el portento singular de la palindromía: convertir la locución o la frase en un riguroso y vigente juego de metaplasmos.

Por eso nuestro idioma -suprema propiedad del etnos hispanoamericano- otorga el premio secreto de la palindromía a quienes intiman con sus palabras. Los ojos voraces, que no ven más que lo que leen hambrientamente, ignoran esta carnación ideal, este sosías que la sagacidad descubre y el idioma premia.

En ninguna parte que yo sepa se conjugan tan bien la existencia y la coexistencia. Tómese cualquier frase palíndroma. Literal, conceptualmente, posee una entidad lógica indiscutible. Mas, en esa posesión coexiste otra entidad idéntica oculta, que parece que no existe. Tal el milagro privativo de la palindromía. ¡Unico de absoluta unicidad! En la falacia del espejo “parece” convivir lo que existe y no existe. Parece: porque el reflejo no es más que imagen, elemento exterior, no vida: solo en la taumaturgia de la palindromía es posible discernir, en la misma identidad literal, la singularidad ortográfica y conceptual.

En estas frases anacíclicas hay eco y resonancia. Lo leído repercute. Suenan las letras en la armonía de cada palabra y en la aliteración de cada frase. La locución asume una virtud ecoica y se produce el milagro, porque los sonidos devuelven su texto en la lectura al revés que se efectúa.

En concreto, la palindromía revela el misterio de la doble personalidad inserta en una. Personalidad geminada. Un gemelo ostensible y otro subrepticio. Prodigiosamente, cuando aquél se aleja, éste aparece de vuelta para alcanzarlo en la gracia de la sorpresa o del despejo. Es el gemelo oculto quien virtualiza su presencia.

Gala de muchos yermos de hastío, la palindromía perfuma sus horas muertas. Hace nacer en cada frase una flor que antes no existía. El placer de recogerlas corresponde a quienes afrontan el aburrimiento como una travesía ineludible. Los que conocen superficialmente el tedio de vivir jamás computarán la hazaña. Seguirán aburriéndose sin alcanzar la meta sublime que jerarquiza metafísicamente nuestro fastidio fundamental.

Se explica así que, favorecidos por la estructura de un léxico propicio, fueran los griegos sus inventores. Pueblo apolíneo, alerta y jovial, allí comenzó el deslumbramiento de que lo posterior –hysteron– ilumina tanto coma la anterior -em>proteron. Y estas frases unitivas que “corren de nuevo” –palin dromos– originariamente se llamaron hysteroproteron.

Inventar o componer frases palíndromas de cuatro, cinco o seis palabras, tiene el encanto de una comprobación directa y rápida. El goce y el deslumbramiento entonces tienen la persuasión instantánea de lo obvio. La dificultad acrece y se multiplica en las frases extensas. Vencer la lógica y la sintaxis asume caracteres ímprobos y la recompensa del hallazgo se torna aleatoria. Para llegar al asombro final es preciso un ingenio pertinaz. Recién entonces cunde y se hace visible el placer estético, al quedar virtualizada la unicidad del prodigio palindrómico.

Por su conexión profunda con la peculiar simetría de los palíndromos, acojo estas admirables verdades ajenas: “La simetría está en la parábola perfecta de la piedra que arrojamos al aire; en la espiral logarítmica de la flor del girasol; en la hélice cónica dibujada en el perfil de los caracoles de mar; en los prismas hexagonales de los alvéolos con que las abejas hacen sus panales; en la curva logarítmica del perfil de las palmeras; en las múltiples formas de los cristales de muchos minerales; en la estrella de mar con cinco puntas iguales; en las particulas que forman los copos de nieve; en la mú1tiple y extraordinaria pentagonal de la
flor del mburucuyá (la flor conocida aquí coma pasionaria)”. Es absolutamente axial la simetría palindrómica.

Cada palabra es un envase. Pero hay envases y envases. Algunos son toscos, formados con letras ásperas, díscolas, con diptongos y triptongos abusivos y texturas de adecuación imposible y huraña. Otros son suaves, de amables aliteraciones, que sintonizan la euritmia y la eufonía en su propia literalidad. Es el caso de NEUQUEN, ANILINA, RECONOCER. En estas palabras ejemplares, un azogue mágico devuelve el encanto de su unicidad.

Para el andar palindrómico, nuestro léxico opone un repositorio casi teratológico. Predominan en él los vocablos cojos, rengos, con flebitis, várices y artrosis; las palabras malformadas tuertas y mancas, con cifosis y lordosis, que se resisten a la marcha al revés oponiendo su mala complexión, sus dificultades y sus odios.

Obviamente, para no desestimular la pasión palindrómica, conviene repetir que en nuestro léxico abundan también las palabras negativas y renuentes. La morfología de las mismas revela a simple vista su indocilidad o rebeldía. Letras compuestas como ch o qu; simples como x, k, w; o combinaciones tales como mb, rt, xc, nt, etcétera, determinan a priori vallas insalvables que deben ser eludidas.

La primitiva escritura de los pueblos semíticos carecía de vocales. Se debe a la brillante intuición de la Hélade la idea de representar las vocales a, e, i, o, u. Ello impuso cromatismo al idioma y coloratura a su lenguaje, adoptando sin ambages
ciertos caracteres y fonemas fenicios. Merced a esa aptitud helénica, su alfabeto acunó automáticamente la palindromía. Sótades fue su pionero, en jonio.

Las palabras son entes vivos. Como tales, en el curso de los siglos, han padecido y padecen las vicisitudes de la diacronía lingüística. Si en rápida síntesis apuntamos que han sido y son pasibles de aféresis, prótesis, anáforas, paranomasias, síncopas,
anástrofes, paragoges, epanadipiosis, apócopes y epéntesis, es fácil deducir que la palindromía es un consuelo entre tanto registro patológico.

La palindromía, por lo mismo que es jánica, es bífida, bifronte. Partida en dos, la frase se comide en ser UNA, sin embargo; porque, si una parte orienta. no es que la otra desoriente. Su condición bifronte asume entonces la de su logos unitivo; pues, al
orientar con idéntico sentido lógico desde atrás, no implica que lo que orientó al principio se desoriente, ya que se cierra así la lectura doble de la misma locución.

Resulta comprensible por ello, que el poeta de “Cristolomancia” -Julio A. Requena- y un experto en cristolografía -Manuel Antonio Figueroa- discurran y se preocupen de la afición palindromónica. Porque la misteriosa simetría del cristal en ninguna zona llena y alcanza, traslaticiamente, como en la palindromía las dos formas conjugadas, geométricamente iguales, de la hemiedría.

Louis Pasteur, obrando more geometricum en arduas vigilias de investigador, demostró en 1870 que hay “cuerpos derechos” y “cuerpos izquierdos”. Posteriormente, Louis de Broglie afirmó que la simetría desempeña un papel considerable en la naturaleza. Por eso, leyendo el libro La Simetría, de Jacques Nicolle, me alucinó tanto la maravilla poliédrica de los cristales como las sutiles equivalencias que existen entre el pensamiento y el orden profundo de las cosas. En efecto, cada frase palíndroma es como un ángulo diedro. A derecha e izquierda de su eje se desplaza igual caudal de letras, vale decir de moléculas, metafóricamente hablando. Mas, cada cara del diedro es distinta, y solamente cuando se opera la lectura de retroceso se percibe en las dos caras hemiédricas la simetría que conjuga el pensamiento y la forma.

Tal vez pueda argüirse que esta afición o disciplina carece de todo índice de utilidad práctica. Importa poco. Cuando se encapsulan cavilosamente creaciones de esta índole, un bien palmario se cumple por lo menos al incentivar la curiosidad y provocar el asombro. Cualquier esfuerzo hacia lo desconacido y lo inédito reditúa la alegría de ver atrapado, si no lo nuevo, la novedad de lo inusual.

A lo largo de este volumen se presenta un extraordinario acopio informativo en torno de esta rareza lexicográfica. Frases compiladas en diversos idiomas romances, aportaciones de lingüistas y referencias concretas acerca de este quehacer lúdico orientarán a cuantos se interesen en él. Y, en particular -siguiendo el consejo de Drummond de Andrade-, a quienes se acerquen y contemplen las palabras; pues cada una tiene mil fases secretas sobre su neutra faz; y cada una, sin interés por la respuesta pobre o terrible que le des, solo preguntará: ¿trajiste la llave?… Y bien, esa llave no figura en ningún llavero académico o preceptivo. Es de factura personal, casi una ganzúa. Tal como la inspiración poética y el talento que la expresa únicamente pide el obstinado rigor de la consagración.

Sí, este noble entretenimiento es sublime por su irrefragable inutilidad. En un mundo cada vez más venal, donde todo se cotiza, donde no se concibe ningún ahínco desinteresado, el culto de la palindromía constituye una flagrante aberración. Mas, ¿qué ganan también los que se dedican a desentrañar hieroglifos, charadas, metátesis, crucigramas, logogrifos, metaplasmas, anagramas, etc.? Nada, por cierto. A no ser el halago de superar al enigma esclareciéndolo y la complacencia de saber que la agudeza y la constancia propias son atributos que categorizan la costumbre de vivir.

Cualidad inédita. La palindromía, en mérito de este tratado, aparece como una cualidad inédita de nuestro idioma. Una cualidad que está en su carne y -mejor- en su sangre, o sea la expresión fluyente. No se trata de nada foráneo a su estructura íntima, coma la charada, el acróstico, el caligrama o los clembours. Meros, curiosos pasatiempos ajenos al campo semántico, las aliteraciones, las jitanjáforas, los trabalenguas, los retruécanos escapan fonéticamente a otros ámbitos. En ellos se sitúan los jeux de mots tan caro a James Joyce, a Alfonso Reyes y a nuestro Ortega Ankermann.

En esa cualidad gratuita pero gratificante reside su generoso abundamiento. De hombres sórdidos en afanes mercenarios o de seres mancos en esbeltas hidalguías no se espere adhesión ni estímulo. Esta manera suprema de pender el tiempo es un blasón que ejemplifica a la caballería inmortal que se demora aun en cosas poéticas y hazañas porque sí…

Este saludable quehacer benedictino, coma tal bendice las horas que de otra manera habrían ingresado vacías al vacuo enorme del tiempo perdido. Entre encresparse en diatribas contestatarias y sumirse en el ensimismamiento de una locución, más que la astucia la sabiduría se apacigua en ésta. Así, siempre es preferible la invención de una frase palíndroma bien hecha a una protesta
ardientemente proferida. Trabajar en silencio es una manera de orar. ¿Para qué exasperarse por el grito afligiendo la voz, si la voz que enmudece en la grafía suele expandir el acendrado encanto de lo inaudito?

Como yo soy el testigo más apto que tengo a mano, con desparpajo unamunesco certifico la firmeza de mi voluntad en este menester. Nadie en verdad ha tenido hasta hoy la insólita inoperancia de invertir más de medio siglo en esta nadería. No me arrepiento. Si el cateo de días, meses y años ha revelado que la búsqueda no fue infructuosa, solo anhelo que la mina hallada imante la codicia de los demás. El ser humano necesita trascender en algo eviterno. Y como nadie da lo que no tiene, necesitaba urgirme; pues las cosas y la noche están a disposición de uno, y los intersticios de la vigilia también. ¿Por qué no utilizarlos entonces? Quede entonces patente aquí todo el fervor que hizo posible extravasarse la mina en los lingotes de este libro.

INDICE
1- Tratado de Palindromía
2- Precisiones Preliminares
I
II
3- EJEMPLARIO
Filogramas de 2 palabras
Filogramas de 3 palabras
Filogramas de 4 palabras
Filogramas de 5 palabras
Filogramas de 6 palabras
Filogramas de 7 palabras
Filogramas de 8 palabras
Filogramas de 9 palabras
Filogramas de 10 palabras
Filogramas de 11 palabras
Filogramas de 12 palabras
Filogramas de 13 palabras
Filogramas de 14 palabras
Filogramas de 15 palabras
Filogramas de 16 palabras
Filogramas de 17 palabras
4- Arteletra
5- Sugerencia